Deseo y muerte
La homosexualidad ha sido tradicionalmente ligada a la muerte. El término faggot (literalmente, “leña”), aplicado peyorativamente contra los homosexuales norteamericanos, provendría, se dice, de los maderos con que se encendían las hogueras donde se carbonizaban los sodomitas y también los herejes. Tal asociación se transparenta también en las novelas de Jean Genet: en Querelle de Brest, homosexualidad y asesinato se enmarañan inextricablemente. Escenas por el estilo se concentran en los frecuentes robos, extorsiones, palizas y crímenes de que son objeto los homosexuales (más de cincuenta asesinados en el Brasil a lo largo de dos años, según cómputos del Grupo Gay de Bahía): ceremonia de terror que, a veces, forma parte del juego.
El SIDA introduce una forma directamente clínica de esa relación tenebrosa. Por una suerte de fabulosa confabulación, lo moral se junta con lo patológico. Sin desconocer el peligro real representado por la enfermedad, la utilización de su letalidad para mortificar y reglamentar a los perversos debería ser evitada. Considerar que el SIDA es un mal “evitable” fruto de excesos prescindibles, implica negar para manejarla mejor, la fuerza del deseo que lleva a alguien a practicar relaciones socialmente “indeseables”. Por detrás de la argumentación de que la sodomía es “evitable” ¿no estaría la vieja ilusión conservadora de que la homosexualidad también lo sea?
O tal vez todo este dispositivo contenga en sí una intención de ablandar la lujuria provocativa de las maricas locas, encorsetando sus merodeos y toda experiencia sexual “disidente” en los parámetros de una normalidad ampliada y más o menos conyugal, que excluye a los marginales, los promiscuos, los travestis (y eventualmente a las mujeres liberadas, los maridos libertinos, etc.)
Así, para salvarse de las diatribas que los acusan de “agentes infecciosos”, algunos gays intentarían “limpiar su imagen” al punto de constituirse en parodias de baluartes de una pacata y mimética normalidad. Política “reformista”, de “dignidad” e “identidad homosexual”, a través de la cual la homosexualidad, paradójicamente, se des-se-xualiza y se abstiene de las delicias de la sodomía celebrada por Sade. En ese sentido, buena parte del movimiento gay americano ha diluido su carácter contestatario para rearticularse como un agrupamiento paramédico de salud pública.
Sería preciso, tal vez, concebir una política sexual diferente, que no desconociese la multiplicidad de los deseos eróticos ni intentase disciplinar pedagógicamente a los perversos y sus placeres. Se trata de ofrecer la mejor información posible, pero afirmando simultáneamente el derecho a disponer del propio cuerpo y de la propia vida, ya demandado por Engels.
Por último, el dispositivo del SIDA encaja en un generalizado giro a la derecha de Occidente. La derecha americana procuraría contener, en parte, la “disolución moral” que supo comercializar y que tantas preocupaciones le causara al Papado. Esa articulación de fuerzas reaccionarias le hace decir al filósofo libertario Félix Guattari que si el SIDA no existiese, habría que inventarlo: “Existe en torno a la enfermedad una especie de fiesta mortífera, un carnaval de conservadurismo y reacción que se apropia de ella, desarrollando una política obsesiva de represión al homosexual”. Sobre el pánico del SIDA se volcaría, de paso, la amenaza de muerte que pende sobre la humanidad: hambre, guerra, contaminación, etc., más “evitables” que la sodomía.
Hay, para las poblaciones amenazadas, un riesgo real –que no debe ser, con todo, sobrestimado -. Se trata, tal vez, de un inestable compromiso entre el riesgo y el gozo, sujeto a los vaivenes del deseo. Esa afirmación del deseo no debería ser vivida (como quiere la histeria higienista) con culpa y mala conciencia, sino con alegría. Seria paradójico que el miedo a la muerte nos hiciese perder el gusto por la vida.
Néstor Perlongher
Texto inédito en la web. Cortesía de la Lic. Rosa Aksenchuk
Links:
http://www.elortiba.org/perlongher.html
http://www.icarodigital.com.ar/numero6/eldamero/perlonghe...
http://www.literatura.org/Perlongher/Perlongher.html
http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=crit.php&w...
La desaparición de la homosexualidad, 1991, publicada en la revista El Porteño
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