20/12/07

Psikeba Nº 6 - 3er. Cuatrimestre de 2007



Psikeba. Revista de Psicoanálisis y estudios culturales

Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales - Número 6
 
 

 

 

Número 6 - Diciembre de 2007

Año 2. Tercer Cuatrimestre   ISSN 1850-339X

Poesía Analítico-Erótica y un canto posmoderno
Christopher Gibran Larrauri Olguín
   
Directora: Rosa Aksenchuk - Editor asociado: Adolfo Vásquez Rocca | Psikeba © 2006 - 2007
 

 

10/09/07

Revista Psikeba. Edición 5 - 2do. Cuatrimestre 2007

Número 5

Agosto de 2007


Año 2. Primer Cuatrimestre 

ISSN 1850-339X

El derecho en la obra de Kafka
Susanne Marie Weber
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SONAR AGENDA ARTISTICO-CULTURAL

 

Directora: Rosa Aksenchuk - Editor asociado: Adolfo Vásquez Rocca
Psikeba © 2006 - 2007
 
 
 

16/11/06

Grietas en el pan

 
Llamo retórica especulativa a la tradición letrada antifilosófica que recorre toda la historia occidental desde la invención de la filosofía. Fecho su advenimiento retórico en Roma, en el año 139. Su teórico fue Frontón (Marcus Cornelius Fronto).
 
Frontón es uno de los pensadores más originales y más profundos que haya conocido la antigua Roma. Multiplica las imágenes, construye rápidos mitos que no se pueden encontrar en ninguna otra parte del mundo antiguo. “¿Qué es el sueño? Una gota de muerte tan pequeña como puede serlo una lágrima que se disimula vertida en el cráneo de los hombres, tal es la causa del sueño.”

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El emperador Marco Aurelio escribió que las grietas que se forman en el pan y que no han sido queridas por el panadero atraen sin razón la mirada y estimulan más el apetito que el resto del pan. Las resquebrajaduras del pan son, según dice, “como las fauces abiertas de las fieras”.

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El lenguaje es en sí mismo investigación. En la tradición filosófica, el lenguaje no es más que un vestigio del que uno puede desprenderse o que se puede corregir, como el soma-sema, como el cuerpo animal convertido en tumba y signo, como las técnicas, como las artes. El lenguaje es la única sociedad del hombre (cháchara, cotilleo, familia, genealogía, ciudad, leyes, charla, cantos, aprendizaje, economía, teología, historia, amor, novela) y no se conoce ningún hombre que se haya librado de él. Así el logos fue desatendido por la philosophia en su despliegue, de la misma manera que el aire es ignorado por las alas de los pájaros, como el agua del río es ignorada por los peces excepto al morir por encima de la superficie del agua en donde se asfixian, una vez transportados por el anzuelo hacia la suavidad y la transparencia atmosféricas donde dejan de moverse y se iluminan.

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Frontón decía que había que trabajar la lengua para ser capaz de enfrentar audazmente los peligros de los pensamientos más difíciles de aceptar, las afasias que provocan las experiencias más dolorosas o que son las más inmanejables. Hay que seguir el propio rumbo con los remos y las velas pequeñas, pero cuando sobreviene la necesidad imprevista, hay que ser capaz de desplegar la vela mayor del lenguaje y dejar bruscamente atrás los botes, los barcos de pescadores, la filosofía, la historia, las leyes, los proverbios, los decretos, la charlatanería, las costumbres.

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El pasaje de los primates al hombre no constituye un límite. No existió un origen del hombre. Con él la naturaleza se derramó como lo hace la lava en la cima de un volcán. Una lenta metamorfosis simultánea de varias especies a lo largo del tiempo ha procedido con sus propias mutaciones –una de las cuales, al buscar su presa a semejanza de muchas otras, descubrió una orientación prodigiosa en la imitación de la predación de los grandes carnívoros a los que espiaba porque les temía–.

La especie humana no sufrió mutaciones; fue la conversión en predadora de una especie que figuraba en el rango de las presas y cuya captura así como la ferocidad la fascinaban.

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Los machos a quienes su situación periférica exponía a la predación fueron hacia los animales de presa que los amenazaban y se convirtieron en sus acompañantes. Una presa codicia una presa y se la disputa con otros. Esa es la fuente de la humanidad: predación imitada. Un ojo puesto en la carne muerta, junto a otro mamífero que olfatea los rastros de los predadores, al que por encima sobrevuela la vista de otro carroñero. Eso se vuelve un hombre, un lobo, un águila.

Serge Moscovici ha mostrado que de ninguna manera se podía hablar de una “hominización” de los primates, sino de una “cinegetización” de algunos de ellos. La praedatio destruyó la colecta (en griego, el logos). La caza que devastó la recolección transformó a un herbívoro en mamífero necrófago de los restos de los grandes carnívoros a los que acechaba, junto a las aves rapaces y a los lobos. Luego esos antiguos herbívoros convertidos en necrófagos se transformaron también en carnívoros. Tales transportes son las primeras metaphora. Los hombres se transportaron hacia los que imitaban y los que devoraban: oso, ciervo, buitre, lobo, toro, mamut, carnero, bisonte. O en el mundo precolombino, puma, jaguar, cóndor. Destrozar la carne de un carnívoro y distribuirla se llama sacrificar. Al seguir a sus presas hasta donde vivían, se instalaron a su vez en las cuevas, las cavidades, los nidales, los pozos donde los animales que rastrean habían hecho su madriguera. La caza se volvió un modo de vida excluyente: el animal es el modelo, la imagen, el competidor, el alimento, el dios, el vestido, el calendario, el objeto del grito, el tema de los sueños, el hogar de los hijos, el desplazamiento como destino, el mundo como trayecto. En las paredes de las cuevas magdalenianas, la cara humana es bestializada en forma de cabeza de oso, de lobo, de buitre o de ciervo. La agresividad, la ferocidad, la guerra no se desarrollaron en nosotros genéticamente. Nos vinieron de la caza: fue un largo aprendizaje de la muerte, primero de los restos y luego dando muerte. El canibalismo fue la etapa siguiente: es la culminación de la caza y el despertar de la guerra. Lo que llamamos el devenir-hombre de algunos primates fue ese lento devenir-animal de los protocazadores.

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La invención del hombre fue la imitación de la predación de los grandes carnívoros. Esa invención no se llama la risa, el lenguaje, la mano prensil, la postura erguida, la muerte. Se llama la caza. Tensar un arco quiere decir doblar la vara hasta que se curva y hacer fuerza en ella para estirar al máximo la cuerda que sus extremos retienen y cuya tensión (tonos) servirá de propulsor a la flecha. Los cazadores paleolíticos, al inventar el arco, en el origen del arco, inventaron el origen del sonido de muerte en la cuerda única (la música), es decir, el lenguaje apropiado para la presa.

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Cuando una sociedad está a la espera del acontecimiento que puede extinguirla, cuando el miedo, el desamparo, la pobreza, la desherencia y la envidia de todos contra todos han llegado a un estado de madurez, comparable al de los frutos bajo el calor, una expresión secreta y ávida aparece en la mayoría de los rasgos de los vivos que se encuentran por las calles de las ciudades que son las nuevas selvas. Los rostros que nos rodean cargan con esa tristeza y manifiestan ese silencio que se extiende. Ese silencio, a pesar de la Historia, es decir, a causa del mito de la Historia, sigue siendo ignorante de su ferocidad. Las sociedades occidentales están de nuevo en ese estado de terrible madurez. Están en el límite de la carnicería.

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Ocurrirá con la Historia venidera como con la psiquiatría de comienzos del siglo XX, un saber ya extinto que diferenciaba con precisión la guerra que lo incineraría. A medida que lo real haya dado paso al delirio y sus inútiles razones, cada vez más el futuro, de manera cruel, melancólica, tomará la apariencia del pasado. El pasado retrocederá hasta pasar revista a sus más viejas fundaciones y soñará con explorar el lenguaje disimulado, masculino y secreto que suponía que lo ornamentaba. Michelstaedter decía que las palabras, como las obras, eran ornamentos de la oscuridad. Se mató.

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El pasaje sobre las fieras y las grietas del pan propone un enigma que es todavía más difícil de interpretar de lo que he indicado. El icono no es un arma fácil en la boca de los hombres. “El pan, al cocerse por partes, se abre y esas fisuras se producen en contra del arte del panadero. Los higos muy maduros que se entreabren se asemejan al estallido de la aceituna podrida. La frente de los leones, la cabeza de los viejos, la espuma que sale del hocico de los jabalíes, están lejos de ser hermosas y sin embargo tienen un atractivo (psychagogei).” Este texto es muy extraño. Como si recordara al cazador necrófago que rastrea a los animales, siguiendo el rastro de las huellas y los vestigios, espiando el bulto de las presas muertas. La cercanía de la muerte crea la sensación de apetito y de belleza. Hay una contemplación que atraviesa el lenguaje y que la misma naturaleza suministra con su silencio en su punto extremo de maduración, de putrefacción, es decir, de carroña. La belleza, dice Marcus, separa lo intempestivo de lo oportuno. En la cabeza del viejo, así como en la fisura del higo muy maduro, como en la grieta del pan, como en las fauces bien abiertas de las fieras, los jabalíes, los leones, la muerte es oportuna, tentadora.

* Fragmentos del libro Retórica especulativa, de reciente aparición (ed. El Cuenco de Plata).
 
 

24/10/06

Propiedades del triste

Santiago Kovadloff es escritor, filósofo, poeta y traductor de literatura en lengua portuguesa. Ha sido distinguido con importantes premios como el Premio Nacional de Literatura (1992); y el Premio Ciudad de Buenos Aires (2000).

De su obra ensayística quisiera destacar El silencio primordial un excelente libro donde analiza la gravitación del silencio en diversos ámbitos como la literatura, la pintura, la música, el psicoanálisis. Es autor, además de: Lo irremediable, (1996), Silencio y riesgo de la vida cotidiana (1998), La nueva ignorancia, (2001), Ensayos de intimidad (2002), La vida es siempre más o menos (Cuentos, 1994) y Hombre en la tarde (Poesía, 1997).

En el elogio filosófico que presento a continuación, Kovadloff argumenta que, a diferencia de la melancolía, la tristeza muchas veces fortalece y adecenta. Atributo de eminente lucidez, ese estado de ánimo tiene como actividad preeminente la contemplación y como una de sus características el estoicismo. Los dejo con el texto.

 

Anónima.
 
 
Hay por lo menos dos acepciones del triste. Una que lo da como abatido, hace de él un derrotado a manos de su pesar. La otra, en cambio, no lo reduce al motivo de su desdicha. Sin dejar de consignarlo como un alma en la que el dolor ha impreso su huella, esta segunda acepción decreta que el triste, a diferencia del melancólico, no ha sido aniquilado por su pena. Digamos, pues, que si bien se trata de un náufrago, no se trata de un ahogado.

La del triste, en el sentido en que me importa, no es una vida ofrendada al bien perdido. No sería un triste, sin embargo, si no perdurara en él la estela de esa luz que se apagó. Más aún: si ella no infundiera a su voz, a su gesto, a su mirada, un matiz determinante. El triste es triste porque aquello que le falta -ya sea porque nunca lo tuvo o bien porque lo perdió- también lo constituye.

Aventuro un paso más: a diferencia de la melancolía que arrasa, creo que la tristeza muchas veces fortalece y adecenta. Quien se muestra trabajado por ella ha resuelto darse a ver en su claroscuro. Eso no significa que ande sediento de confidencia y consuelo ni empeñado en opacar las alegrías a las que, de tanto en tanto, accede. En todo caso, al triste no lo urge la confesión sino la afinidad. Sus almas gemelas son almas tocadas por penas similares a la suya, penas a las que han sabido rehacer, transfigurándolas en obra o emprendimiento y sobre las que, literalmente, ya no necesitan volver. Es la huella decantada de un llanto lo que el triste cabal ofrece, no ese llanto como tal. Y acaso por eso acierta el hondo Fernando Ulloa al llamar "meditada y húmeda" a la tristeza.

II

El triste a cuyo lado mejor me siento es sobrio en sus modales y lento en el decir, como si, vacilando, se sincerara. El suyo suele ser un medio tono, el que tiende más bien a ser bajo. Como si buscara, en la cautela de lo que es poco menos que un susurro, algún amparo que lo resguarde de la tentación de pasar por uno que está indemne en su saber.
El hombre que ha podido volver de la ceniza trae en su voz la aspereza del silencio que casi lo consumió. Y si me agrada el efecto de esa íntima tristeza sobre la modulación de las palabras es porque promueve una cercanía que casi no demanda sustento conceptual. Al igual que los caballeros de la fe, a los que Sören Kierkegaard alude, los tristes cabales más que oírse, se olfatean, más que buscarse se encuentran, y al escucharse confirman lo que ya al verse supieron.

Somos también lo que resta de la certeza de contar con una identidad que alguna vez pareció estar, si no en nuestras manos, al menos a nuestro alcance y sin embargo no pudimos atrapar. Ese residuo tenaz, que en su forma más discernible se impone como insolvencia para saber con plenitud de nosotros mismos, es la fuente sustancial de la tristeza que palpita en toda vida lograda. Pues sólo en una vida lograda ese residuo intransigente resulta realmente diáfano como enigma irreductible de toda identidad. Es decir que cuando mejor se lo discierne es cuando menos mentida y trunca está esa vida. Sólo una vida de veras lograda conoce la radicalidad de los grandes fracasos, ésos que no resultan de lo que nos pasa sino de lo que irremediablemente somos.

La tristeza es mansa, suave, se insinúa. No irrumpe jamás con violencia ni florece en la desesperación. No clama ni estalla. Se filtra, gotea, es levedad. La tristeza es ese dejo de profunda y serena incomprensión o insuficiencia que corona todo saber, todo hacer, todo creer. En este sentido, la tristeza es la metáfora extrema con la que se triunfa sobre una literalidad extenuante. ¿Cómo no reconocerla en esa formidable caracterización que el maestro Alberto Caeiro le brinda a Alvaro de Campos? Este le ha preguntado si está contento consigo mismo y Caeiro le responde: "No, estoy contento".

Es que la tristeza cabal corona la faena de autodiscernimiento cumplida sobre la propia existencia. Si concibo la tristeza como atributo eminente de la lucidez es porque complementa la penetración que distingue a las ideas inspiradas con la conciencia radical de que toda interpretación, siendo indispensable, es a la vez totalmente provisional, fruto de coyunturas que sin cesar se suceden o modifican. La búsqueda incansable del matiz en el arte de la reflexión no responde sino a ese desesperado afán de retrasar al máximo el encuentro con la insuficiencia insuperable. Y al influjo de ese matiz sólo se abre el alma herida por el tajo de una gran pérdida a la que, no obstante, ha sido capaz de sobrevivir y que no es, necesariamente, la de alguien o la de algo sino la de no poder ser inequívoco.

La tristeza es ese levísimo barniz de humor que nos acompaña aun en la expresión de lo que con mayor seriedad decimos.

La tristeza es el indicio candente de un fracaso insoslayable que opera como advertencia y freno al borde de la pendiente de los excesos y la fascinación por lo rotundo. Nada nos cura mejor del amor propio y la jactancia que el reencuentro periódico con las raíces nunca marchitas de esa tristeza que con tanta nitidez deja su impronta en nuestra voz y en nuestros ojos, en los gestos y hasta en el paso. Y que se anuncia en casi todo lo que somos, cuando de veras hemos aprendido a reconocer la imponderabilidad final que encierra el hecho de ser uno por una única vez.

Hay, claro que sí, algo de estoico en el triste. Sobre todo si al estoico se lo entiende como aquel que ha aprendido a ser ecuánime con el dolor, a tratar con él sin dejarse consumir por el padecimiento.

Leopardi, Modigliani, Dvôrák en sus quintetos 1 y 97, Satie, Caproni y Pessoa figuran, junto a Emile Cioran, entre mis tristes dilectos. Veo en ellos a grandes baquianos del mutismo que sumerge al corazón cuando se vive una gran congoja. Creo advertir tristeza en casi todos los pronunciamientos filosóficos y políticos de Camus. Es decir que reconozco en ellos una fortaleza ética no reñida con el sentimiento de lo trágico, tenaz y desesperanzada a la vez. Algo similar se advierte en Claudio Magris y en la prosa de Víctor Massuh. "El hombre es una voluntad de forma", señala éste dando a entender que el caos es la inagotable materia prima de su incesante configuración.

La vitalidad de mi tristeza aflora con frecuencia frente a mi ventana, mientras contemplo extasiado los fugaces atardeceres de junio; en las primeras mañanas del invierno, dejándome ir temprano por las calles semidesiertas, embriagado por esa mínima promesa de luz con que despierta el día o al presentir la secreta raíz del impulso que me dicta, al escribir, ciertas palabras y no otras.

A ser un triste se llega obrando sobre un hondo desconsuelo. Poco importa cuál. Transfigurado por el triste cabal, ese desconsuelo pasará a ser un modo ganado de andar por el mundo. Nadie, no obstante, que de veras aspire a hablar puede darse por expresado. Y no por falta de palabras sino de materia expresable. Sólo podemos sugerir, esbozar, insinuar a medias una identidad que no termina de ser tal y por eso no ingresa de lleno en la enunciación. No nos falta saber del objeto sino objeto a secas sobre el cual llegar a saber. Y el triste es triste también porque lo sabe. Como sabe que nadie, al callar, puede darse por liberado del pesar que genera lo indecible. Es que en el triste perdura, como bien me ha dicho Isidoro Vegh, "una sensibilidad del primer destierro".

III

Entre todos los seres vivos que podemos reconocer, sólo el hombre, hasta donde lo sé, es capaz de contemplar. Contemplar es, a mi entender, la actividad preeminente del triste. El triste, que tantas veces parece ausente, en verdad no lo está. Está, eso sí, abstraído, modelado por una ausencia. Quien contempla se entrega a la errancia de un ver descentrado y sin meta cuya única intención es ese dejarse vagar por la abundancia de lo que se le ofrece reconfigurándose, sustrayéndose una y otra vez al inventario de lo clasificable.
Justamente, al no empeñarnos en imponer un significado preciso a aquello que, de tanto en tanto, se nos brinda a condición de no pretender atraparlo en un sentido -el mar, los cielos, el desierto, la noche estrellada, el dorso resplandeciente de una hoja otoñal, nuestro propio rostro en el espejo-, al sostenernos en esa imposibilidad de discernimiento conceptual pleno que acompaña lo que no obstante aprehendemos, contemplamos, nos templamos al calor de lo que sólo se deja frecuentar si no cedemos al afán clasificatorio. "Lo abierto" ha llamado Rilke a cuanto incidiendo sobre el hombre excede la significación que éste pueda imponerle. Mira quien observa pero quien contempla responde con la suya a la presencia de lo anónimo que insiste en hacerse patente allí donde somos capaces de entregarnos al trato con lo inconcebible, a la errancia semántica que ese trato implica. Es que quien contempla se deja ir.

La emoción que entonces embarga al contemplativo, la conmoción que entonces tiene lugar dan sustento a los posibles menesteres del triste. Algo hará el triste a su turno con aquello que antes pudo con él acallándolo. Y tanto en lo hecho como en su modo de hacer, se advertirá la traza del vacilante, el roce con lo indecible del que proviene, y que vulneró tanto su sentimiento habitual de identidad como el significado que convencionalmente atribuyó a las cosas. Esas cosas que de pronto se liberan, se dislocan y asombrándonos por la fuerza con que se insubordinan al trato familiar, nos interpelan con una intensidad desconocida.

Triste es aquel que no olvida ni quiere olvidar la certidumbre de que nada le habla más íntimamente de su propia imponderabilidad que esa exposición a la luz radical de lo anónimo, que esa presencia indesignable que atraviesa la suya y a la que con frecuencia el hombre intenta inscribir de algún modo en un nombre que acote y revele a la vez su desmesura: aurora, dolor, tierra, océano, horizonte; semblante del que acaba de morir, ocaso, rostro del recién nacido, voz amada o los nombres de Dios.

Todas éstas pueden llegar a ser, entre tantas y tantas otras, expresiones de lo que Karl Jaspers designa como "lo incondicionado", temblorosas configuraciones de lo inviable en términos de medida y de contorno, presencias que con su intensidad remiten a lo que desborda el lenguaje.

De esta desmesura sólo soportable en el hechizo de la contemplación, de la cual la poesía siempre es fuente y fruto simultáneo, pareciera provenir un indicio de la verdad de nuestro propio ser que, no sé por qué, nos entristece, es decir, nos afecta mediante la exhibición de nuestra irremediable impotencia para sobrellevar nuestra finitud sin padecerla.

¿Qué discernimos al no comprender esa imponderabilidad con la que no pueden los ojos ni el entendimiento y a la que sin embargo nuestra sensibilidad accede? Triste es, en ese caso, quien, tras haberse visto sumergido en semejante conmoción, logra tomar la palabra dejando ver, en cuanto dice, la huella de la desmesura que ha soportado.

IV

El del triste es, pues, un estatuto posterior al del perdedor. Posterior y superador. Al infundir a su pena rango sublimatorio, el triste puede perfilarse como un sujeto que sufre y no verse reducido al dolor que lo consume. Pero si bien no consiste en su abismo, tampoco, sin ese abismo, puede consistir. Carga con sus muertos, no los abandona, y ello prueba que ha sobrevivido. El melancólico, en cambio, perdedor por excelencia, sólo se deja ver como expresión de los muertos que lo abruman y con los que, por eso mismo, no logra cargar. Mientras el melancólico brilla por su ausencia como persona, en el triste la ausencia resplandece bajo la forma innovadora de una recreación. Y ésta es, curiosamente, su alegría. La alegría de superar la inmovilidad que busca imponerle su pena. El destino ulterior que a ella sabe infundirle constituye la materia de su módico entusiasmo, la expresión de su contento. De su singular contento de alquimista.

Por Santiago Kovadloff
Para LA NACION-BUENOS AIRES, 2006
 

12/10/06

ESTÉTICA Y LOS COMPROMISOS DE LA FILOSOFÍA CON EL PRESENTE

 

Fundación Hombre y Mundo
 
La "Fundación Hombre y Mundo" * de México, junto con la Universidad Veracruzana, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Autónoma de Tlaxcala han organizado los siguientes Congresos y Ciclos de Conferencias en tono a la Estética y el compromiso de la Filosofía con el presente.

Conferencias

Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca.  

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso – Universidad Complutense de Madrid

http://www.psikeba.com.ar/obras/AVR/autor.htm  
http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1053859 
 

Las fechas y lugares para los eventos son las siguientes:

18: Conferencia magistral "En el mismo barco: Ensayo sobre hiperpolítica, postmodernidad y globalización en Peter Sloterdijk" como parte del Congreso "Los compromisos de la Filosofía con el presente" en el Auditorio "Jesús Hernández Morales" de Facultad de Filosofía de la Universidad Veracruzana en la conmemoración de su 50 aniversario.

19 al 20 de octubre del 2006: Congreso "Axiología y Globalización" organizado en la Universidad Autónoma de Tlaxcala

20: Conferencia Sloterdijk; La música de las Esferas y el olvido del ser desde todos los altavoces. en la Universidad Autónoma de Tlaxcala

21 - 22: Reuniones y entrevistas en torno a la gestión cultural y el estado de la enseñanza de la Filosofía.

23 - 24: Curso 'La crisis de la noción de sujeto y las psicopatologías del yo'. Dirigido a alumnos de la Maestría y la Licenciatura en Filosofía. Universidad de Xalapa.

25: Conferencia magistral en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). México, D. F. Tema: "El giro Estético de la epistemología; retóricas y redespcripciones de la postmodernidad"


* La Fundación Hombre y Mundo es una asociación civil creada para el apoyo social y el fomento cultural. Fortaleciendo la identidad y el desarrollo cultural mediante   Conferencias y Simposios filosófico-culturales, así como Proyectos Académicos y editoriales elaborados y desarrollados en alianza estratégica con las más importantes universidades mexicanas y españolas. La Fundación se financia tanto a través de donaciones por parte de empresas privadas, personas naturales, así como mediante  los ingentes esfuerzos de los miembros de su directorio por convocar a  intelectuales y figuras de la cultura a participar con generosidad en los eventos académicos con los que se busca discutir y afianzar la propia identidad.
 
La Fundación Hombre y Mundo se encuentra asociada a la CONEFI - Coordinadora Nacional de Estudiantes y Pasantes de Filosofía - http://conefi.com.mx/ - http://www.conefi.blogspot.com/ con la cual ha venido organizando congresos, seminarios y coloquios al menos dos veces al año, abrazando el espíritu de la distribución social del conocimiento, así como de la producción plural del mismo,  en aras de la construcción de un México –inserto con identidad propia en el concierto  internacional–  capaz de reflexionar acerca del devenir de sus instituciones, de sus problemas y de la gesta o recuperación de un ethos propio como nación.

La Fundación Hombre y Mundo desarrolla sus actividades de difusión cultural y filosófica en coordinación con el Centro Cultural Español, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad de Veracruz, la Universidad Autónoma de Tlaxcala y la Universidad Autónoma de México (UNAM), entre otras instituciones.
 
Entre sus actividades más destacadas se encuentra la organización del Congreso Internacional Hombre y Mundo "El futuro de la religión", celebrado en México D. F. en abril de 2005, en conjunto con la Embajada Española en México, la Universidad de Sevilla y la Universidad Internacional de Andalucía.

29/06/06

PETER SLOTERDIJK. El Posthumanismo: sus fuentes teológicas y sus medios técnicos


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Introducción

 

Entendiendo que no podían dejar de pensarse algunas zonas límites de los actos y pensamientos del hombre, simplemente porque excedían la capacidad crítica del humanismo tradicional -la biotecnología, la cultura de la imagen tecnológica, los nuevos desplazamientos de las multitudes, el paradigma límite de la política fascista, la domesticación del animal-hombre, la guerra medioambiental y el atmoterrorismo, etc...- se proponen nuevos caminos que tienen en la mediación de la técnica su formulación discursiva y sus orígenes en las disidencias que, desde la propia tradición filosófica, reducían la estancia del hombre en el mundo a su expresión leída y escrita.

I

 

La polémica que Jürgen Habermas y Peter Sloterdijk suscitaron en Alemania, en torno al humanismo como modelo de "civilización" del género humano, ha vuelto a poner de actualidad un tema crucial para la estancia del hombre en el mundo.

 

En el mismo sentido, el arte moderno lleva grabado su proyecto "antihumanista" como la leyenda principal de su emblema. La polémica del arte moderno, sin embargo, no se dirige contra el hombre sino que arremete contra su hechura ideológica. En palabras de Giorgio Agamben, "no es antihumana, sino antihumanista". Los intentos, además, de formular la cultura humanística en torno al eje escritura/lectura frente a un antihumanismo que se expresaría por lo audiovisual y lo tecnológico, han hecho levantarse voces que reclaman el papel de lo oral para un entendimiento primero del mundo. El hablante, el discurso, la lección, la asamblea, la retórica, lo performativo; modos de poner la ponencia oral, el acto hablado, el diálogo abierto, el debate vivido en el centro mismo del quehacer filosófico.

 

Desde el área de Ética y Política de UNIA arteypensamiento (1), se puso en marcha una estancia continuada de reflexión en torno a estos asuntos, que llega ahora a su fin con la presencia de Peter Sloterdijk.

 

Tras cuatro ciclos de conferencias en los que han intervenido Víctor Gómez Pin, Fernando Savater, Javier Echevarría, Félix Duque, Ángel González García, Massimo Cacciari, Alberto Cordero, Gerhard Vollmer, Francisco J. Ayala, Manuel Barrios, Nicolás Sánchez Durá y Joan Pipó Comorera, el proyecto La deshumanización del mundo (incluido en las dos primeras ediciones de UNIA arteypensamiento) se clausuró el pasado viernes 9 de mayo con la presencia del filósofo alemán Peter Sloterdijk. Creador de una obra polémica y rebelde que ha quebrado las rígidas normas de la filosofía académica actual, Sloterdijk presentó en julio de 1999 un texto titulado Normas para el parque humano que generó (y sigue generando) un acalorado y controvertido debate público (sobre todo por la reacción de Jürgen Habermas y sus seguidores) en torno a la crisis del humanismo como modelo de civilización. Durante su intervención en el Aula del Rectorado de la sede La Cartuja (Sevilla) de la Universidad Internacional de Andalucía, el autor de Crítica de la razón cínica (el libro de filosofía en lengua alemana más vendido desde la II Guerra Mundial) exploró las fuentes teológicas y las mediaciones técnicas sobre las que se configura su polémico proyecto post-humanista.

 

Con más de 2.500 años de historia, gran parte de la filosofía occidental se ha desarrollado a partir de lo que Sloterdijk considera "una relación perversa entre la arquitectura y el lenguaje que ha empujado el pensamiento hasta el suelo impidiendo su libertad de movimiento". De este modo se han constituido una serie de fundamentalismos filosóficos ("cristianismo, marxismo, existencialismo..., meras variantes del humanismo") en los que la necesidad de mantener unas definiciones sólidas e incontrovertibles ha impedido que se dude de los conceptos que presuponen. Según Sloterdijk la metafísica ha seguido una estrategia igualmente perversa: generar la sensación de un vacío y al mismo tiempo imponer la necesidad de cubrirlo con la emergencia del sujeto.

 

Frente a esta tendencia al enclaustramiento sobre sí mismo que caracteriza el pensamiento filosófico occidental, Sloterdijk cree que hay que adoptar una nueva perspectiva analítica que incorpore la sabiduría de la vida cotidiana (donde los hombres deben enfrentarse continuamente a la indefinición y a la incertidumbre) para intentar comprender la complejidad y polivalencia del mundo. "No creo, señaló Peter Sloterdijk, en los fundamentos sólidos, porque los discursos flotan en el aire y es allí donde hay que salir a buscarlos". Desde este provocador y poético punto de partida, Sloterdijk insiste en la necesidad de luchar contra los esencialismos y de convocar los sentidos y sensaciones del espacio como experiencia primaria de la vida humana.

 

Para el autor de Esferas I, Burbujas es necesario revisar los planteamientos que la historia de la filosofía ha dado por supuestos, especialmente los aspectos más destematizados (es decir, aquellos de los que (ya) no se habla porque se consideran intocables o superados). En este sentido, Sloterdijk subrayó la paradoja de que en sus más de dos milenios de historia, la filosofía apenas haya tratado a fondo temas como la vida ("no hay más de 20 frases razonables dedicadas a ella", precisó) o la definición última del hombre. "Como el aire, el agua, respirar o la leche materna, explicó Sloterdijk, hemos concebido la vida como algo fijo y definido, como un crédito original que nos otorgaba Dios o la naturaleza para que nosotros nos limitásemos a no malgastarlo". Otro de esos créditos originales que sólo ha comenzado a repensarse en los tres últimos siglos es el "ser". Para Sloterdijk el filósofo se definiría como aquella persona que parte de un nivel cero de comprensión y prescinde de todos los créditos originales, de todas las ideas pre-establecidas. O como dice Paul Valéry en su introducción al Discurso del método de Descartes: para ser filósofo no hay que comprender. "Porque la filosofía, subrayó Peter Sloterdijk, es una inteligencia en el exilio cuyo punto de partida es no comprender y presuponer nada".

 

Peter Sloterdijk concibe que la misión de la filosofía es poner en marcha un ejercicio de destrivialización que convierta lo dado en repetido. Por la repetición, el conocer adelanta al ser, hasta el punto de que transformamos una fecha original (una improbabilidad) en un suceso histórico (un hecho). Lo dado, entonces, se convierte en lo hecho. O como dicen los pragmáticos estadounidenses, "lo encontrado se transforma en lo hecho". Desde esta perspectiva, el objetivo de la filosofía consiste en demostrar que todo lo encontrado (o dado), lo pre-establecido, lo que creemos que es natural y no fruto de una mediación, es ante todo una construcción que damos por válida porque se ha repetido como verdad. "Cuando Cristóbal Colón, ejemplificó Peter Sloterdijk, llegó a la isla de Guanahaní (actual Watling en las Bahamas) y vio a sus pobladores originales, dijo (y realmente creyó en lo que dijo) que se había encontrado con indios; pero en realidad había construido a esas personas como indios". Tampoco Heidegger en su celo por presentar ontológicamente puro el punto de partida del hombre como ser-ahí y ser-en-el-mundo, logra comprenderlo desde la conciencia de que es un producto, un efecto de programaciones y adiestramientos.

 

La experiencia humanista presupone la distinción entre el estado de la vigilia (verdadero y compartido por todos) y el estado del sueño (falso y privado). Pero en el mundo post-humano no está tan clara la frontera entre ambos estados y, por ejemplo, en el ciberespacio, la vigilia se puebla de androides ante los cuales ya no se puede saber a simple vista si son hombres verdaderos o replicantes (cuestionando la singularidad de lo humano). En este punto, Sloterdijk recordó la sugerente metáfora con la que Fitche (cuyo pensamiento conecta el idealismo con el existencialismo) define la vigilia: "una fuerza en la que se ha implantado un ojo". Por ello, si el siglo XX ha sido el siglo de la lengua en la filosofía, Sloterdijk espera que el XXI sea el de la vigilia y que la fenomenología del espíritu (que Hegel concibió como un proyecto de destrivialización del ser) se convierta en una historia de la atención. "Podría formarse así, dice Sloterdijk en Normas para el parque humano, una sociedad de los meditabundos (...), una sociedad de hombres que desplacen del centro al ser humano porque han sido capaces de comprender que ellos sólo existen como vecinos del ser, y no como empecinados dueños de la casa o como mandatarios principales del inmueble en virtud de un contrato irrevocable de alquiler".

 

 

Pre-humanismo y post-humananismo

 

¿Qué es lo que tiene de especial el post-humanismo? ¿Qué es lo que nos altera y nos provoca cuando hablamos de la posibilidad de una civilización post-humana? ¿Por qué se da por "hecho" que el pensamiento tiene que ser humanista? ¿En qué contexto histórico se estableció que hablar de lo humano suponía situar al hombre en el centro? ¿Qué había antes de esas improbabilidades fijadas como "hechos" que ha promovido el humanismo: por ejemplo, concebir al hombre como un animal racional, como "una animalitas aderezada de aditivos espirituales"? ¿Y qué puede haber después?

 

Peter Sloterdijk junto a Mar Villaespesa y Nicolás Sánchez DuráCon estas preguntas inició Peter Sloterdijk la segunda parte de su intervención en el ciclo de conferencias La deshumanización del mundo donde señaló que el humanismo (cuyo principal objetivo es la domesticación racional del sujeto-hombre y la expansión de su poder sobre todos los objetos) debe entenderse como un periodo del pensamiento occidental que se sitúa entre un pasado pre-humanista y un presente/fututo post-humanista. En este sentido, el autor de Crítica de la razón cínica enlaza la estructura pre-humanista del pensamiento teológico con el proyecto post-humanista ya que representan planteamientos discursivos que, a diferencia del humanismo, no parten de una rígida distinción entre sujetos y objetos ni definen exclusivamente la estancia del hombre en el mundo desde una perspectiva biológica y cultural.

 

Toda la metafísica clásica es teocéntrica (pone a Dios en el centro) y, por tanto, anti-humanista. Para el pensamiento teocéntrico, el hombre sólo es importante en tanto que recipiente de la perfección, del mismo modo que el sol necesita la luna para poder ejercer su reinado (metáfora muy utilizada durante la Edad Media). "A ningún teólogo clásico, precisó Peter Sloterdijk, se le hubiera ocurrido colocar al ser humano en el centro del mundo, porque para ellos ese espacio estaba atravesado por la obra de una inteligencia trashumana (dios o los dioses), externa, que lo veía y lo comprendía todo". El optimismo teocéntrico de la Edad Media se basaba en la certeza de que se podía hacer una extrapolación entre la inteligencia humana (capaz de manejar los asuntos de la tierra) y la divina (capaz de extenderse hacia el infinito y comprenderlo todo).

 

Sloterdijk recordó que otra de las fuentes del pensamiento post-humanista se encuentra en una interpretación afectiva del mundo que piensa que las grandes fuerzas (los dioses) se encarnan en otros seres de la naturaleza, incluso en los principales enemigos de la supervivencia de la especie. Frente al humanismo egocéntrico y racional que niega la existencia de un punto externo al hombre desde el que todo se comprende, esta interpretación del mundo es xenolátrica (adoración del otro, del extranjero) y parte de una fascinación hacia lo que nos rodea y de un despojamiento de cualquier singularidad subjetiva. En este sentido se explicaría la tesis antropológica de que el origen de muchas religiones derivaría de los rituales de culto a animales salvajes (símbolo de lo externo que amenaza a la vez que fascina) que practicaban ciertas comunidades primitivas. "Un culto, matizó Peter Sloterdijk, que también permitía el control y regulación de esos seres, incluso la conversión de algunos de ellos en animales domésticos puestos al servicio de los hombres".

 

En conexión con estas estructuras de pensamiento pre-humanistas, el post-humanismo se constituye como una respuesta filosófica a un mundo donde cada vez es más difícil distinguir entre lo natural y lo artificial (si acaso aún fuera necesario hacer dicha distinción) y en el que el eje escritura/lectura que articulaba la cultura humanista pierde protagonismo ante la emergencia de nuevos medios de expresión y comunicación. Frente al miedo a que las máquinas terminen sustituyendo a los humanos, el post-humanismo recupera la actitud xenolátrica y se plantea la necesidad de desarrollar un pensamiento ecológico (en su sentido más amplio) que tenga en cuenta no sólo el entorno natural sino también el tecnológico (e incorpore, entre otras cosas, los derechos cívicos de las máquinas).

 

En este sentido, Peter Sloterdijk advirtió que el término máquina es un concepto enfermo del vocabulario europeo, ya que se originó en un contexto ontológico "muy crudo y unilateral" que distinguía de forma categórica entre las entidades con almas (las personas) y las entidades sin almas (las cosas, entre las que se incluirían las máquinas). Con su necesidad de apoyarse en fundamentos sólidos e inamovibles, la historia de la filosofía occidental ha aceptado esta distinción sin cuestionarla y no se ha preocupado por reflexionar sobre las entidades sin alma. Pero es imposible comprender la complejidad y polivalencia de la experiencia contemporánea a partir de criterios dialécticos que enfrenten como elementos excluyentes al hombre con la máquina o a las almas con las cosas. El vertiginoso desarrollo tecnológico que se ha producido en el último siglo deja al humanismo sin respuestas adecuadas ante la aparición de máquinas (entidades sin almas) cada vez más poderosas y parecidas a los hombres (y no sólo por sus envolturas antropomórficas). "El corsario, ejemplificó Peter Sloterdijk, sabía donde acababa su cuerpo y empezaba el gancho; con las nuevas prótesis esa distinción se complica y con el desarrollo bio-tecnológico dejará de tener sentido".

 

Frente a la histeria anti-tecnológica que piensa que tenemos que desarrollarnos al margen de las máquinas, el autor de En el mismo barco, ensayo sobre hiperpolítica cree que es necesario relacionarse con ellas y asumir que es imposible vivir en un entorno construido y habitado sólo por humanos. A partir del ejemplo de Andy Warhol que, con una actitud pretendidamente burlona y provocadora, aseguró que había decidido mantener un idilio con su aparato de radio, Sloterdijk abogó en la conclusión de su conferencia por una especie de poligamia entre hombre y tecnología, afirmando que "tenemos que casarnos con las máquinas con las que compartimos nuestras vidas". El post-humanismo concibe al hombre (y no sólo al hombre contemporáneo) como un equipo técnico y y cree que las nuevas herramientas tecnológicas pueden promover un pensamiento en comunidad (no sólo humana). Según Peter Sloterdijk hay que prescindir de una interpretación (humanista) del mundo estructurada sobre la dicotomía sujeto-objeto, porque "los hombres necesitan relacionarse entre ellos pero también con las máquinas, los animales, las plantas..., y deben aprender a tener una relación polivalente con el entorno".

 

(1) arteypensamiento es un proyecto de la Universidad Internacional de Andalucía UNIA que tiene como objetivo incorporar la institución universitaria a los debates, la producción, la difusión y la consolidación de las creaciones y reflexiones contemporáneas. Debe entenderse no sólo como una forma de completar la oferta académica de la Universidad Internacional de Andalucía, sino sobre todo como una forma de relacionar la universidad con el entorno cultural y social, de manera que se aumente la incidencia que tiene en el tejido social.

 

arteypensamiento, se articula en torno al concepto de re/pensar, aplicado al campo del arte en su relación con la cultura y sociedad; y como consecuencia de ello, busca re/formular modelos, formatos, modos de presentación y difusión: talleres, laboratorios, seminarios, conferencias, encuentros, proyectos en la red, publicaciones.

 

 

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Doctor  en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología -Escuela de Psicología- PUCV, Profesor  de Antropología Filosófica en la Escuela de Medicina de la UNAB. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://observaciones.sitesled.com/. Secretario de Redacción de PHILOSOPHICA , Revista del Instituto de Filosofía de a PUCV, Editor Asociado de Psikeba, Revista de Psicoanálisis  y Estudios Culturales, Buenos Aires http://www.psikeba.com.ar/, Miembro del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.

Publicaciones recientes: http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1053859

adolfovrocca@gmail.com


 

Artículos relacionados en torno a Peter Sloterdijk.

 

Peter Sloterdijk: 'Extrañamiento del mundo'. Abstinencia, drogas y ritual / Adolfo Vásquez Rocca
En: Gazeta de antropología, Universidad de Granada – España UE.ISSN 0214-7564, Nº. 22, 2, 2006.
http://www.ugr.es/~pwlac/G22_12Adolfo_Vasquez_Rocca.html

 

En Revista Zona Moebius, Año 4 / enero, 2006.
http://www.zonamoebius.com/00002006/nudos/avr_0106_sloter...

y Cuaderno de Materiales, Nº22 Enero 2006, publicación oficial de la Universidad Complutense de Madrid, indexada en el registro internacional de publicaciones seriadas con el número de ISSN: 1138-7734
http://www.filosofia.net/materiales/num/num22/Sloterdijk....


Artículo “Peter Sloterdijk; La música de las Esferas y el olvido del ser desde todos los altavoces”, En Opinitatio, Sitio Web Especializado en Filosofía y Religión, Barcelona, http://usuarios.iponet.es/ddt/elolvido-c.htm


En A Parte Rei 45, Mayo 2006. Revista de la Sociedad de Estudios Filosóficos de Madrid http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/vasquez45.pdf


“Peter Sloterdijk; El post-humanismo: sus fuentes teológicas y sus medios técnicos”
En Observaciones Filosóficas, Nº 3, 2006
http://observaciones.sitesled.com/posthumanismo.html


Dossier En Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo, Número 12 Año III Mayo 2006.
“Peter Sloterdijk ¿dónde estamos, cuando escuchamos música?”
http://www.konvergencias.net/musicaps.htm

 

“Peter Sloterdijk; la música de las esferas y la era antropotécnica”
http://www.konvergencias.net/musicaps01.htm

 

Link: Peter Sloterdijk en: Psikeba. Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales

 
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