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del.ici.ous

16/03/08

TUTI FRUTI. Guía arbitraria de recomendaciones

Para leer, mirar, comer, elegir, escuchar y pensar nuevas categorías.

 

LIBROS QUE SÍ
La novela luminosa, de Mario Levrero. Inmersión total en el mundo interior del escritor uruguayo. Me resultó adictiva. (Laura Kopouchian)

Los dos volúmenes de los Relatos de Cheever. Vale la pena leerlos de un tirón, es un placer non-stop. Los que se conocían se disfrutan el doble y dan ganas de leer todo Cheever otra vez. (Esther Cross)

La señorita Smila y su especial percepción de la nieve, de Peter Hoeg. Maravillosa novela policial casi sin policías, con protagonista groenlandesa especialista en hielo. (Marcela Basch)

Muerta de hambre, de Fernanda García Lao. Con un lenguaje sorprendente y una voz narrativa que atrapa y fascina, cada capítulo podría ser leído como un poema en prosa. Está tan bien escrito que da ganas de devorar el libro entero, o saborearlo lentamente, cada página como un caramelo duro. (Annakarin Thorburn)

Madre Noche, Kurt Vonnegut. Un espía americano sobrevive en la Alemania nazi como propagandista del régimen y se lo toma con demasiado buen humor. Hay que leer todo Vonnegut, pero éste, un par de veces. (Eugenia Zicavo)

Retórica especulativa, Pascal Quignard. El lenguaje desnudando toda su potencia estética al servicio de una visión del hombre a lo largo de la historia que te enfrenta a lo más sublime y lo más desgarrador de la condición humana. Una experiencia reveladora en el terreno de las ideas y todo el espanto de la belleza y del horror recorriéndote el cuerpo sin que puedas explicarte como. (Daniel Flichetrei)

Gestualidad Japonesa, de Michitaro Tada. La discreción y la sutileza de la gestualidad japonesa recorrida por este antropólogo que es más escritor que investigador. (Amalia Sanz)

Entre los muchos me inclino y reverencio de forma total y fervorosaa Versos para despejar la mente, que reúne los tres primeros volúmenes poéticos de Francisco Gandolfo. También Tiempo de regalos y Entre los bosques y el agua, de Patrick Leigh Fermor. (Christian Kupchik)

Como ser buenos de Hornby Nick. El autor nunca trata de quedar bien con el lector. No le hace falta. Extrema la trama hasta que consigue una paradoja. Nunca se sabe con cuál de los personajes es preferible identificarse. Además es divertido. (Ricardo Coler)

Este domingo, de José Donoso (Punto de Lectura). La leí hace veinte años (en la edición de Club Bruguera) y ahora la estoy releyendo con el mismo placer que sentí entonces. Esta novela del gran Donoso es un libro querible, profundo, entretenido, angustiante y sólido por todos sus lados. (Sergio O. Olguín)

LIBROS QUE NO
Travesuras de una niña mala, de Mario Vargas Llosa. Una vergüenza. Una historia armada en base a casualidades: los protagonistas se conocen en Perú, se ven en Paris, se ubican en Japón, se cruzan en Estados Unidos y siempre de casualidad, porque sí, porque soy Vargas Llosa. (R.C.)

Adulterios, de Woody Allen. ¿Es que Allen no tiene un equipo de asesores, publicistas, agentes de prensa, managers, amigos, gente que lo quiera, alguien que le prohíba publicar diálogos tan obvios y poco ingeniosos como éstos? (A.S.)

Sex Horóscopo 2007, de Mariángeles (Martínez Roca). ¿Dónde están las asociaciones feministas cuando se las necesita? ¿Cómo permiten que el libro más idiota del último año esté escrito en femenino? ¿Por qué no me dejan ni siquiera la esperanza de que lo que dice de Acuario también me vaya a pasar a mí, eh? (S.S.O.)

Hasta que te encuentre, de John Irving. Semi-autobiografía a la que parece faltarle edición, y no porque tenga mil páginas. La prosa carece de belleza, los personajes –uno de los cuales es el pene del alter ego de Irving- no son atractivos, y la trama no va a ninguna parte. (L.K.)

Soy Charlotte Simmons, de Tom Wolfe. A menos que lo lean en inglés, o que estén estudiando en los problemas de la traducción, o cierta vertiente particular de las jergas españolas jóvenes del año pasado. Demasiados "guay" para 897 páginas. (M.B.)

El camino del norte, de Horacio Vázquez Rial, por pretenciosa y oportunista. Asimismo, toda esa ola de niñas locas "yo te voy a contar todo lo que siempre quisiste saber sobre el alcohol, lesbianismo, anorexia, locura, etc." (C.K.)

La vida descalzo, de Alan Pauls. Esas frases interminables, ese rictus prolijito y pulido no tiene nada que ver con el espíritu de andar con arena en los pies. Alan, al menos, te hubieras sacado las medias.(E.Z.)

Travesuras de la niña mala, Mario de Vargas Llosa. Fiel a su estilo, demuestra, una vez más, que alguien puede tener habilidad y escribir libros complacientes y malos. (E.C.)

PELICULAS QUE SÍ
Hierro 3, de Kim Ki-duk. Bellísima historia de amor entre un marginal que estudia para espectro y una esposa aburrida de serlo. El personaje central no habla y esta película coreana tiene como centro un tema de Natacha Atlas. "A lo que más se parece la vida humana es al hierro. Si la empleas, se desgasta. Si no lo haces, la consume el óxido." (Marco Porcio Catón, 234-149 a. de C.). (C.K.)

La mosca y su secuela El regreso de la mosca, ambas con Vincent Price. Efectos especiales que hoy provocan ternura. El final de la primera película es extraordinario. En la secuela, la escena de la fallida teletransportación entre uno de los personajes y un conejillo de Indias es hilarante. (L.K)

Little Miss Sunshine. Una película chiquitita, género Sundance–Familias disfuncionales, que cumple con todo lo que promete: emoción y risas bien mezcladas. (M.B.)

La canción más triste del mundo es una de las películas más lindas del planeta. A algunos no les gustó este brillante delirio de Guy Maddin. Es raro, pero hay gente así­. (A.S.)

Noi el albino. Un descanso absoluto del calor, los ruidos y el smog. En un pequeño pueblo islandés el adolescente Noi vive con su abuela y pasa los días evitando la escuela. Se mueve en el frío extremo, en la nieve y el silencio que cubre todo, entre la única librería y la única cafetería del lugar. Tragicómica y espléndida. (A.T.)

Volver, de Pedro Almodóvar: el universo visto con ojos de mujer. Hombres como rudimentarios primates y toda la potencia del género femenino en un estrecho mundo hecho de tumbas, viento, incesto, sangre, pasión y las inefables caderas de Penélope Cruz. ¿Qué más se podría pedir? (D.F.)

Buenas noches, buena suerte. Para resumir: excelente. (E.C.)

Kids (Larry Clark), Thirteen (Catherine Hardwicke), Réquiem para un sueño (Darren Aronofsky). Me dio por las historias de adolescentes, chiquitos que se drogan mucho y terminan mal. O no tanto. (E.Z.)

Miss Little Sunshine es buenísima. Americanos haciendo Almodóvar. Lo más impactante es que les sale bien. Se van un poco de madre en un par de escenas pero el resto es fantástico. (R.C.)

PELICULAS QUE NO
¿Cuánto me amas? Nada, ni un poco te amo. Monica Bellucci y Gerard Depardieu hacen el ridículo. A los pocos minutos me di cuenta de que no era una comedia. Nunca me reí tanto. (R.C.)

La vida es un milagro (Emir Kusturica), Millones (Danny Boyle): Dos ejemplos de cómo el exceso de realismo mágico puede destruir a algunos grandes directores. Al final Subiela, hizo escuela. (E.Z.)

Miami Vice. Larguísima y aburrida. Colin Farrell es un muñeco de cera y Gong Li parece preguntarse qué hace allí, al igual que el espectador. La única parte divertida es cuando los protagonistas dicen: "¡Vamos a La Habana!" y aparecen en Atlántida, Uruguay. (L.K.)

Secreto en la montaña. Para resumir: demasiado larga. (E.C.)

Los filmes "objetivos" del conflicto árabe-israelí, el 90% de las comedias yanquis, las verdades políticamente correctas francesas, el pretendido estilo cool de buena parte del cacareado "nuevo cine argentino" (exceptúo a Lisandro Alonso, Lucrecia Martel y Mariano Llinás). (C.K.)

Estoy harta de los celebradísimos hermanos Dardenne (Rosetta, El hijo, El niño). Ellos juntan palmas y trofeítos mientras siguen mostrando, con una cámara en mano intolerable, la degradación entre los humillados, ochenta años después que Arlt y Astier. (A.S.)

MÚSICA QUE SÍ
Cualquier CD del exquisito cantante, compositor y director de cine siciliano Franco Battiato. Un genio absoluto. (L.K.)

Paula West, todos sus discos. (E.C.)

En la banda de sonido de mi vida (especialmente cuando viajo en colectivo) resuena con cierta insistencia A fraction of you, el primer disco de Fredrika Stahl. Esta cantante y pianista sueca de 21 años canta en francés y en inglés temas jazzeros compuestos por ella y por su banda. Apunta a convertirse en la nueva Diana Krall. (S.S.O.)

Yann Tiersen, Stephan Micus, el Quinteto Nobuko Yasuda (tango), La Folia, de Jordi Savall. (C.K.)

Madar, Jan Garbarek & Anouar Brahem: el saxo austero y refractario a toda concesión edulcorante del noruego Jan Garbarek se abraza con el oud (laud árabe) de Anouar Brahem y la tabla de Ustad Shaukat Hussain. Una trama conmovedora tejida con sonoridades y silencios que te traslada a una atmósfera despojada de estruendos y te confirma la soledad brutal con que habitamos el universo. (D.F.)

Machine gum, de Jerónimo Saer (el mismísimo hijo de Juan José). Es bello como esperanza, deseo y alegría pura. Influencias mezcladas con gran precisión: la producción tiene elementos electrónicos, de hip hop, de música del mundo, voces de París y Buenos Aires. La música es tranquila y movida, acaricia y pincha, te relaja y te despierta. (A.T.)

Julie Delpy. De pronto, el mundo se llenó de francesitas que, además de ser lindas, cantan divinamente. Julie –que también actúa, dirige, escribe guiones y compone sus propios temas– es una de las que ocupa la cima. El disco que lleva su nombre es para escuchar una y otra vez. (A.S.)

Me sigue gustando el pop delicado y cantabile de Sebastián Rubín. Su último disco se llama Esperando el fin del mundo. (M.B.)

Marvin the Album y Shape, Frente: Escucho a estos australianos hace diez años. Y sobreviven.(E.Z.)

MÚSICA QUE NO
The eraser, Thom Yorke: No era necesario grabar todo lo desechado por Radiohead. (E.Z.)

Pobrecito Migue García. Tan parecido al padre que impresiona: misma cara, mismo cuerpo, mismos movimientos, hasta la misma voz. Es casi un clon, pero un clon vacío de alma, como un zombie. Basta escuchar sus canciones. (M.B.)

Los covers. Más allá de los pastiches del tipo tango&bossa, zamba&bossa, tap&bossa, que inundaron el mercado el último año, el nicho de los covers parece no tener límites. ¿Es que tan pocos tienen buenas ideas para nuevas canciones? (A.S.)

¿Alguien me puede explicar qué tiene el tal Vicentico? Desafina más que Fito Páez - pero no compone como él. Encima, lo pasan todo el tiempo en el supermercado. (L.K.)

Brad Mehldau Trío. Day is Done. (E.C.)

Bossa / Reggae / Carnavalito / Polka Stone: era mejor el cable musical de las grandes tiendas. El homenaje a Calamaro. Calamaro. Agüero o Tévez… ¿cantando? (C.K.)

LUGARES QUE SÍ
La feria de Tristán Narvaja, en Montevideo. Libros inhallables, antigüedades, animales, discos viejos, plantas, ropa y hasta dentaduras postizas usadas, en una atmósfera muy especial. (L.K.)

Los desiertos: cualquiera. "El desierto es consistencia, el desierto es coincidencia, es el lugar de retención de toda pretensión" (Théodore Monod, Méharées). (C.K.)

Bar "El Cairo", Rosario: un espacio enorme pero que preserva la intimidad de una mesa de café. Libros, diseño respetuoso de la historia del lugar, un éxtasis de sambayón en la mítica tortilla El Cairo y el fantasma tierno del negro Fontanarrosa recibiendo a los visitantes. (D.F.)

Georgia del Sur, la isla favorita de los navegantes solitarios. Lejos de todo, en el meridiano de Groenlandia. Montañas, glaciares, pingüinos y renos, estaciones balleneras abandonadas. (M.B.)

Galería Sara García Uriburu: Después de un largo pasillo, uno de los más lindos patios escondidos en mitad de la Recoleta. Uruguay 1223.(E.Z.)

Patrice I (Hipólito Yrigoyen y Matheu): una de las fondas destacadas en la Gira de Bodegones 2006 del grupo El Entorno (del que formo parte). Comida rica a buen precio y muy buena atención. Los puntos culminantes: la picada gratuita que te dan al llegar y el budín de pan casero con pasas de uva y nueces. (S.S.O.)

Bar Saint Moritz ( Esmeralda esquina Paraguay ). El tiempo está detenido en esa combinación precisa –y preciosa– de maderas oscuras, mantelería roja y amarilla y sillas de cuero colorado. (A.S.)

Microcentro a la noche. (E.C.)

LUGARES QUE NO
Microcentro de día. (E.C.)

Cualquier cine, cualquier sábado a la noche: Parece que la gente desconoce que las salas abren todos los días, desde temprano. (E.Z.)

San Telmo. Siempre fue gris y con las veredas angostas. Ahora además está lleno de turistas, y encima hay robos internacionales. (M.B.)

El Estadio Monumental: se ve todo más lejos que en un televisor de 14 pulgadas. El frío que hace en sus tribunas es sólo comparable a la heladera pectoral de los habituales ocupas de la popular local. (S.S.O.)

Nordelta, o de cómo el hombre se las ingenia para degradar cualquier huella del Paraíso. (C.K.)

Cabo Polonio, Uruguay. Bueno, puedes ir si te encantan los hippies, si las focas muertas te parecen divinas y si encuentras pintoresco el olor a excremento de caballo. Si no, no. (A.T.)

La costa de Vicente López cuando el intendente cumpla sus ambiciones faraónicas y de las otras: edificios "con vista al río"; eufemismo por "que tapan la vista al río y contaminan la zona". (L.K.)

Countries. Si sos mujer de vida ligera, te matan. Si sos mujer preocupada por los niños perdidos, te matan. Además, claro, está lo de vivir en una burbuja y todo eso. (A.S.)

ANIMALES QUE SÍ
La anfisbena de Brunetto Latini citada por Borges: "Es serpiente con dos cabezas, la una en su lugar y la otra en la cola; y con las dos puede morder, y corre con ligereza, y sus ojos brillan como candelas". (L.K.)

Perro. (E.C.)

El lagarto overo: admiro su inmemorial capacidad onírica. El lagarto Juancho. Las suricatas, pero sólo porque viven en Madagascar –no en la película–. (C.K.)

El oso polar, el hipopótamo, el pingüino, los elefantes marinos: en tierra, nadie daría dos pesos por la destreza de todos ellos, pero en el agua son sutiles, livianos, bellos. (A.S.)

Conejos. Muy populares en Madrid entre adultos sin hijos. ¿Sustituto de qué? Da igual, son suaves, calentitos, fieles y tontos. Además hacen ruidos agradables dándose la vuelta o mordisqueando zanahorias y uno nunca se siente solo. (A.T.)

Pingüinos. Ninguna connotación política. Se supone que son aves pero no vuelan: nadan. Unos bichos muy simpáticos, con sus panzas lustrosas y su pasito vacilante. (M.B.)

Caballos: Sobre todo, al galope. (E.Z.)

Antes el mejor amigo del hombre era el perro, ahora el animal que más lo beneficia parece ser el lactobacilo que viene en el Actimel. (R.C.)

El perro raza perro, el perro sin pedigree. Ése que te hace sentir que estar acompañado es posible. El perro que aúlla mal cuando te morís y lo dejás solo. (S.S.O.)

ANIMALES QUE NO
Oso Panda. Un vago: es un gran trepador pero siempre está en el suelo; podría comer carne, pero le da fiaca y prefiere pasarse 18 horas al día mascando bambú –claro, no hay que cazarlo–. Para peor dicen que no es un oso. (A.S.)

El gato castrado macho en posesión de mujer single (soltera, divorciada o viuda). Me dan impresión. El resto de los gatos me dan desconfianza. (S.S.O.)

Desaconsejo los peces de pecera porque son de vida corta. Cuando se mueren es un drama y si no hay drama, peor todavía. Es la especie animal que nos enseña que morirse no tiene la menor importancia. (R.C.)

Caracoles: vivos no me gustan para nada. En salsa, es otra cosa.(E.Z.)

Focas. Si alguna vez una foca los mira fijo y se acerca amenazadoramente, no corran, porque la foca corre más rápido, y su mordida llega hasta el hueso. Hay que mantener la calma y hacer ruido para asustarlas. (M.B.)

Los caracoles de jardín que se meten en mi buzón del correo y se morfan todos los papeles. Me da cosa matarlos porque crujen y largan juguito. (L.K.)

Palomas. (E.C.)

Las ratas, sobre todo aquellas que roen en los ambientes laborales. El conejo Buggs Bunny, demasiado flaco y demasiado listo. (C.K.)

COMIDAS QUE SÍ
El lehmeyún, mal llamado empanada árabe. Simple y delicioso. Mejor si es de la panadería Medio Oriente o del restaurant de la Asociación Cultural Armenia. (L.K.)

Pamplona uruguaya (sin papel). Las parrilladas de La Villa, en las afueras de Miramar. La comida polaca del Club Polaco. Las tortillas de El Cortijo, fonda que me enseñó Olguin (Stgo. Del Estero y Rivadavia). (C.K.)

Satay chicken. En el barrio chino venden unos sobres mágicos: el A contiene el polvito para macerar los pedazos de pollo, y el B, lo necesario para hacer la salsa de maní picante. Después se asa como brochette. (M.B.)

Tallarines: Aunque me encantan las ostras, el sushi, el pulpo (y todo lo caro que viene del mar) si tuviera que elegir un plato para comer por toda la eternidad, unos tallarines, estarían bien.(E.Z.)

El dulce de batata. Compite cuerpo a cuerpo con el dulce de leche pero supera con creces a la crema, al sambayon y al chocolate. Desconfíen de quienes opinan lo contrario. Si usted opina lo contrario, lo más probable es que su ex marido o su ex esposa tengan razón en todo lo que dicen. (R.C.)

El pastel de papas: sin pasas de uva, doradito de queso arriba, con huevo en el interior. Nuez moscada en el puré, infaltable. Y la carne picada levemente picantita. (S.S.O.)

La combinación papa + carne es insuperable: hamburguesas con papas fritas, milanesas con puré, lomo a la pimienta con papas a la crema, costillas con papas rosti, pastel de papas… podría alimentarme de esos dos elementos siempre. (A.S.)

COMIDAS QUE NO
La ensalada de remolacha y berro: dos asquerosidades unidas para formar una asquerosidad mayor. Falta que le pongan radicheta y ahí sí, un asco total. (S.S.O.)

Mayonesa: Mmm... ese amarillo...(E.Z.)

No a los falsos restoranes mexicanos que cobran dieciséis mangos por un (falso) burrito (harina, jamón y queso). (M.B.)

Los platos de Divina Patagonia: porciones ínfimas, en relación inversamente proporcional a los precios. La culpa es mía por ir a un lugar con un nombre tan tilingo. (L.K.)

Riñones. Huelen a pis de gato, parecen orejas de muerto, a ver... No. (A.T.)

Sesos. (C.K.)

COSAS QUE SÍ
Los globos terráqueos antiguos. (L.K.)

El papel film (aunque no entiendo porqué se llama "papel"). Es adictivo; por momentos dan ganas de envolverlo todo con él. (A.S.)

Aunque me moleste categorizarla como "cosa", la sonrisa de mi hija Chiara al despertar; la armonía de mi hija Chiara durante el día; la dulzura de mi hija Chiara al entregarse al sueño… (C.K.)

Abanico. En el subte, en la playa o en el boliche: serás el más elegante, refrescado y obtendrás nuevos amigos. (A.T.)

Un lápiz, cualquiera, todos. Tomalo entre los dedos, cerrá los ojos y dejate penetrar desde la percepción afásica del tacto por la serena densidad de la madera y la belleza sin estridencias de las formas perfectas. (D.F.)

Las bolsas ziplock. (E.C.)

Pen drive. Pequeño gran invento. (M.B.)

Relojes de arena: Para ver el tiempo pasar a través de un nudo de cristal.(E.Z.)

La brújula. No anda ni a pila recargable ni le hace falta batería solar. Muy útil para gente desubicada. (R.C.)

Las figuritas con autoadhesivo: cuando yo era chico había que pegarlas con plasticola y vivía haciendo enchastres. Las nuevas figus son la prueba cabal de que la civilización avanza para bien. (S.S.O.)

COSAS QUE NO
Desaconsejo el pen drive. Lo más probable es que lo pierdas antes de que lo uses. (R.C.)

El llavero: es incómodo de trasladar, siempre se pierde, no hay diseños lindos. Un auténtico despropósito. (S.S.O.)

Tacos aguja: Con algo de envidia a las que pueden con ellos. (E.Z.)

Mails en cadena. (E.C.)

Los ringtones. Ya bastante insoportable era la eterna profusión de celulares. Viva el modo vibrador. (M.B.)

Zapatos de plástico: Tendrás tu pileta propia, pero peligro, resbalas y o te rompes la pierna o se ríen de ti. Sí, la moda incomoda. (A.T.)

La frase –puesta en loop, irritante como pocas otras cosas– "Todos nuestros operadores se encuentran ocupados; gracias por esperar". Uff… (A.S.)

El celular. Aún suponiendo su pretendida utilidad, para mi gusto tiene demasiados efectos secundarios. (L.K.)

La contaminación sonora de Buenos Aires. La eternidad de Julio Grondona. Los diseñadores que no devuelven los libros… (C.K.).

 

Vía: LMV 

03/01/06

"La dictadura de lo real" - Apunte crítico sobre el nuevo cine argentino

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¿Te gusta el cine argentino de estos años? ¿Vos también pensás que la crítica exagera cuando habla de las bondades de los jóvenes directores? Entonces leé esta nota y encontrá más de una razón para mirar con espíritu crítico lo que nos ofrecen nuestros novísimos cineastas.

1

Frente a la clasificación de Nuevo Cine Argentino, nos vemos casi en la obligación de hablar de etapas y cronologías. Ese nombre (por demás discutible) se le da a una generación que creció viendo las películas de Fernando Solanas, Eliseo Subiela y Adolfo Aristarain, entre otros, y estableció un nivel de cuestionamiento, o tal vez más precisamente de rechazo, hacia el cine de los dos primeros. Es más, el cine de Solanas y de Subiela fue catalogado de malo o de cursi por gran parte de la crítica, los intelectuales y los estudiantes de cine que temieron parecerse a alguno de ellos. Este temor fue el que eclipsó toda lectura crítica profunda de estas filmografías y fijó su rechazo en una rebeldía adolescente, propia del que quiere hacerse un espacio. Pero el miedo a caer en las búsquedas arriesgadas de estos dos autores llevó a crear un cine altamente condicionado a nivel creativo. A partir de Pizza, birra y faso de Adrián Caetano y Bruno Stagnaro, el cine tuvo la obligación de ser parco, extremadamente realista, llano. Se dieron por sentados determinados recursos estéticos por encima de otros y el cine argentino abandonó la investigación y la búsqueda por realizar una obra de arte compleja. Es decir, el entrecruzamiento de distintos niveles narrativos que conviertan el acto mismo de ver un film en un momento donde el disfrute y el pensamiento instalen una articulación desconocida sobre aquello que creíamos conocer.

2

Los jóvenes realizadores surgidos en los noventa se acercan a la realidad alejados de toda lectura política (entendida ésta como la posibilidad de pensar la realidad más allá de la objetividad de los hechos y la coyuntura), de toda mirada crítica, de toda elaboración personal. La mirada sobre lo real es fotográfica, mimética.

 

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Este interés por lo real es compartido por la anterior generación de cineastas. Podríamos nombrar, sólo por poner un ejemplo, a Pino Solanas quien, tanto en su producción documental como de ficción se interesa por determinados sucesos históricos. La diferencia que marca la nueva generación de realizadores con Solanas es que los primeros ven la realidad como punto de legitimación de su estética. En Solanas, el universo estético complejo que proponía tenía como base una sólida formación artística y una mirada política militante. Es verdad que la propuesta estética de Solanas es más interesante en su idea, en su concepto que en su concreción. Solanas no alcanza a hacer materialmente ese cine que se intuye como idea, y aquí estaría su debilidad, especialmente en films como El Viaje o La Nube . Los nuevos cineastas, entonces, huyen de todo armado estético que no tenga a lo real (sus modos de hablar, sus comportamientos, sus imágenes) como un modo de validación. A Solanas y a Subiela se le criticaba el no ser convincentes; los jóvenes realizadores le contestan mostrando a un marginal, a un desocupado, con un realismo que no puede discutirse.

Los últimos films de Solanas, Memoria del saqueo y La dignidad de los Nadies , lo muestran capturado por este empobrecimiento general. Solanas asume un tono pedagógico sumamente complaciente con una clase media que parece no entender en qué país vive. En esta elección Solanas se despolitiza quedándose en el tono de la denuncia periodística.

Podríamos decir que el Nuevo Cine Argentino le tiene miedo a la opinión porque la considera maniquea e ideologizante. Es verdad que existen directores que convierten su mirada en el único parámetro posible para leer un film pero esto no descalifica a la opinión como recurso narrativo. Otros directores como Gus Van Sant en Elefante o Lars Von Trier en Dogville , convierten su mirada en un elemento estético que, lejos de cerrar las posibles lecturas de un film, se muestra como una opinión más que puede ser discutida y que genera tensiones con el espectador. Esa mirada despolitizada que se convirtió en un lugar común del Nuevo Cine Argentino, nos acerca a una experiencia que parecía imposible: algunos films, como La Libertad y Los Muertos de Lisandro Alonso, parecen eliminar la presencia de la cámara. No existe un sujeto que cuenta, la cámara es un objeto que registra. En la similitud extrema con lo real se funda la autoridad de muchos de estos films. ¿Cómo discutir una película como Bolivia de Adrián Caetano si un boliviano en la Argentina vive exactamente como se muestra en el film? Quienes afirman esto con tanta seguridad ¿a cuántos bolivianos conocen? El arte, entendido de esta manera, puede ser prescindible. Si ver a un boliviano o a un preso en una película es igual a verlo en la realidad, ¿para qué filmar?

No defendemos aquí una postura fascista que reniega de la crudeza de las imágenes. Decimos que la mirada sobre la realidad que sostienen estos films es ingenua: creer que mostrar aquello que se ha naturalizado en la vida social es suficiente para construir una obra de arte. Un film, para que tenga cierto valor estético, debe evidenciar los mecanismos sociales que vuelven aceptable aquello que en la ficción cinematográfica se observa como cuestionable. Pero hay un dato más: Alain Badiou plantea en un texto publicado en la revista Acontecimiento que el arte ya nos ha saturado de situaciones donde vemos a seres victimizados, padeciendo los males que el sistema ha creado y se pregunta por qué no surgen experiencias estéticas donde se reflejen las capacidades y estrategias que los sujetos despliegan cuando se piensan más allá de los condicionamientos. Toda la complejidad y variedad de sucesos que se dan en nuestra realidad no aparecen reflejadas en el cine.

3

¿Por qué nadie hace un film de ficción inteligente y arriesgado sobre los piqueteros y las fábricas recuperadas? Podríamos decir: porque es más fácil refugiarse en un realismo parco que se limita a reproducir la noción periodística que cualquier sujeto tiene sobre un tema como la desocupación y la marginalidad. Creemos que surgirá un Nuevo Cine Argentino cuando alguien se arriesgue a hacer un film como Hiroshima, mon amour de Alain Resnais, por poner un ejemplo. Es decir, alguien que no le tenga miedo a la poesía y el romanticismo y que encima tenga algo nuevo que decir. Una definición política osada sobre un tema que servía la corrección política en bandeja.

En este mismo sentido observamos una institucionalización de lo independiente. Si se muestran pobres, no actores y tiempos muertos se supone que hay allí cierta profundidad.

Lo que no existe en estos films es una construcción dramática que sostenga las escenas más allá de la imagen.

 

En el film Caja Negra de Luis Ortega, se supone ingenuamente que mostrar a un hombre pobre y desvalido que pide limosna es mostrar una situación social y eso no es necesariamente así.

 

La morosidad, el minimalismo, la ausencia de situaciones a nivel anecdótico presentan muchísimas posibilidades estéticas que han sido abordadas de manera diferente en la historia del arte. El problema aquí es creer que con mostrar alcanza.

 

No basta con ver la rutina de una chica que trabaja en una tintorería, tiene un padre que pide limosna y una abuela encantadora que parece ser su único punto de sociabilidad.

 

Es necesario que detrás de esas imágenes exista una tensión, que no se dé por la carga de hechos ni situaciones sino por la presencia de un conflicto que aparece como mecanismo de presión en la escena.

 

Ya lo dijo Aristóteles en su Poética : "Que pasen cosas no significa que halla acción si ellas no constituyen unidad". Es decir, las situaciones por sí mismas, los hechos, no necesariamente cuentan algo, lo más importante es la estrategia que se esconde detrás de ellos. Desde la actuación o desde cualquier otro recurso se podría haber buscado esta elaboración. El film de Ortega es superficial y para nada experimental, como muchos lo han definido, porque se refugia en los parámetros del Nuevo Cine Argentino para justificar algo que nunca construye. Es más, cataloga de no entendidos a los que la critican cuando en realidad se trata de un film caza-tontos.

4

Por otro lado sería bueno quejarnos por el uso y abuso de los no actores. Esta idea ridícula de creer que un hombre sin trabajo hace mejor de desocupado que un actor, nos habla de la ignorancia de los nuevos directores sobre el trabajo actoral y el desaprovechamiento de la actuación como recurso narrativo.

En primer lugar un carnicero no necesariamente medita o elabora sobre lo que implica ser carnicero, se limita a serlo y frente a una cámara no haría más que sostener, con mayor o menor desenvoltura, su rol. Se supone que un actor no es sólo alguien que se muestra convincente en el armado de un personaje. Sino un profesional capaz de añadir a la carga de verdad que expresa su rol, un valor narrativo que despega a la obra de su literalidad para que un film no se lea sólo al nivel de la anécdota.

En Bolivia vemos a un no actor sufriendo el peso de la cámara y nos sentimos estafados. En Caja Negra el uso de un marginal se convierte en una visita al zoológico. Como respuesta, este tipo de excursiones deberían pagarse dándoles la posibilidad a estos pobres de hacer films sobre la clase media-alta y tolerar su opinión.

La mirada sobre lo social de la mayor parte del cine argentino es una mirada que intenta borrar toda parcialidad, especificidad, particularidad, intenta ser una mirada que está por encima de todas las miradas, una mirada indiscutible: ¿Quién es el narrador de Pizza, birra y faso, Bolivia, El bonaerense , Mundo Grúa ? A mí se me ocurre una respuesta: el INDEC, son films hechos en base a estadísticas no a una construcción estética. Esto es lo que el periodismo, el Estado, los encuestadores dicen que es un desocupado, un inmigrante ilegal, un marginal.

 

Muchos elogian este tipo de films por su fidelidad al modelo real, argumento pobrísimo para valorar una obra de arte.

 

 

Además, como decía Carlos Correas en un artículo publicado en la revista El Ojo Mocho , refiriéndose al modo de hablar de los personajes de Pizza, birra y faso : "¿La voz de la calle?, ¿qué calle? ¿A qué hora?". Hay un modo supuesto del habla de un marginal que ni siquiera se basa en la experiencia concreta sino en aquello que ciertos guionistas de televisión estandarizan como el modo convincente de referirse a esos sectores. Es una mirada que los destruye como constructores de cualquier pensamiento y los muestra sólo como víctimas.

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En La muerte de un viajante , Arthur Miller nos presenta el personaje de Willy Lodman, un viajante de comercio que compró el sueño americano, armó un manual para ser existoso y paso a paso se da cuenta que su objetivo está cada vez más lejos, hasta el día que ya no resulta útil y no dudan en despedirlo. Willy Lodman no puede ver. El cree que todo su proceder ha sido correcto, no puede pensar su drama en términos políticos y encuentra la causa de su ruina en una infidelidad pasada y en un ridículo examen de matemáticas que su hijo no rindió al terminar el secundario. Willy no puede ver pero Miller sí. La obra de teatro no es sólo la imagen de la agonía de un hombre que quiere permanecer en un sistema que lo expulsa, es una dura crítica a toda la sociedad americana. El espectador discute todo el tiempo con Willy Lodman, la compasión aparece pero no se puede dejar de reconocer en él la falta de estrategia, el modo de creer ingenuamente en las mentiras del poder. De esta manera, el espectador también puede cuestionarse a sí mismo.

En films como El perro o Historias mínimas no se puede salir de la piedad. Los personajes son un producto esperable de las condiciones en las que viven y esto se naturaliza, se da como inevitable. Los directores están al mismo nivel que los personajes, ellos tampoco pueden ver. Esto empobrece la narratividad del film ya que los directores no diferencian la historia de la estructura cinematográfica.

 

La anécdota es algo ajeno al arte, ya la encontramos en la realidad. El artista debe iluminar las posibilidades narrativas en los hechos y esto se logra gracias al descubrimiento de esa particularidad que le da un lenguaje a la opacidad que encierran.

 

Al renunciar al desafío que implica transitar por aquellas zonas no logradas del viejo cine argentino, se construye una cultura frívola. María Pía López plantea que: "Producir una cultura frívola es suspender la densidad y la complejidad de las producciones simbólicas" (revista Funámbulos ). Poco tendrá que ver la frivolidad con las temáticas elegidas (de hecho, querer hablar de lo superficial encierra una tarea sumamente compleja) sino con la elección de los discursos y narrativas que amplíen o cierren las posibles articulaciones de sentido. La pobreza intelectual de muchas de estas obras es una muestra de banalidad. La marginalidad es sólo la imagen del boliviano insultado por unos insoportables tacheros porteños. El desocupado es la imagen del obrero desesperado ante la noticia del despido. Las herramientas, los modos de referenciar situaciones se limitan a su literalidad. En los últimos años, films como La familia rodante de Trapero, Géminis de Albertina Carri y Tiempo de valientes de Damián Szifrón, parecen volver a lo peor de cierto cine de los setenta y ochenta pero sin hacerse cargo de esta repetición y sin que los críticos dejen de pensarlos en su rol renovador. El parricidio no ha sido, entonces, muy efectivo. Ahora se reproduce esa experiencia del pasado como si no hubiera existido. Una muestra clara de que no hemos aprendido nada.

Por Alejandra Varela