
Introducción
Entendiendo que no podían dejar de pensarse algunas zonas límites de los actos y pensamientos del hombre, simplemente porque excedían la capacidad crítica del humanismo tradicional -la biotecnología, la cultura de la imagen tecnológica, los nuevos desplazamientos de las multitudes, el paradigma límite de la política fascista, la domesticación del animal-hombre, la guerra medioambiental y el atmoterrorismo, etc...- se proponen nuevos caminos que tienen en la mediación de la técnica su formulación discursiva y sus orígenes en las disidencias que, desde la propia tradición filosófica, reducían la estancia del hombre en el mundo a su expresión leída y escrita.
I
La polémica que Jürgen Habermas y Peter Sloterdijk suscitaron en Alemania, en torno al humanismo como modelo de "civilización" del género humano, ha vuelto a poner de actualidad un tema crucial para la estancia del hombre en el mundo.
En el mismo sentido, el arte moderno lleva grabado su proyecto "antihumanista" como la leyenda principal de su emblema. La polémica del arte moderno, sin embargo, no se dirige contra el hombre sino que arremete contra su hechura ideológica. En palabras de Giorgio Agamben, "no es antihumana, sino antihumanista". Los intentos, además, de formular la cultura humanística en torno al eje escritura/lectura frente a un antihumanismo que se expresaría por lo audiovisual y lo tecnológico, han hecho levantarse voces que reclaman el papel de lo oral para un entendimiento primero del mundo. El hablante, el discurso, la lección, la asamblea, la retórica, lo performativo; modos de poner la ponencia oral, el acto hablado, el diálogo abierto, el debate vivido en el centro mismo del quehacer filosófico.
Desde el área de Ética y Política de UNIA arteypensamiento (1), se puso en marcha una estancia continuada de reflexión en torno a estos asuntos, que llega ahora a su fin con la presencia de Peter Sloterdijk.
Tras cuatro ciclos de conferencias en los que han intervenido Víctor Gómez Pin, Fernando Savater, Javier Echevarría, Félix Duque, Ángel González García, Massimo Cacciari, Alberto Cordero, Gerhard Vollmer, Francisco J. Ayala, Manuel Barrios, Nicolás Sánchez Durá y Joan Pipó Comorera, el proyecto La deshumanización del mundo (incluido en las dos primeras ediciones de UNIA arteypensamiento) se clausuró el pasado viernes 9 de mayo con la presencia del filósofo alemán Peter Sloterdijk. Creador de una obra polémica y rebelde que ha quebrado las rígidas normas de la filosofía académica actual, Sloterdijk presentó en julio de 1999 un texto titulado Normas para el parque humano que generó (y sigue generando) un acalorado y controvertido debate público (sobre todo por la reacción de Jürgen Habermas y sus seguidores) en torno a la crisis del humanismo como modelo de civilización. Durante su intervención en el Aula del Rectorado de la sede La Cartuja (Sevilla) de la Universidad Internacional de Andalucía, el autor de Crítica de la razón cínica (el libro de filosofía en lengua alemana más vendido desde la II Guerra Mundial) exploró las fuentes teológicas y las mediaciones técnicas sobre las que se configura su polémico proyecto post-humanista.
Con más de 2.500 años de historia, gran parte de la filosofía occidental se ha desarrollado a partir de lo que Sloterdijk considera "una relación perversa entre la arquitectura y el lenguaje que ha empujado el pensamiento hasta el suelo impidiendo su libertad de movimiento". De este modo se han constituido una serie de fundamentalismos filosóficos ("cristianismo, marxismo, existencialismo..., meras variantes del humanismo") en los que la necesidad de mantener unas definiciones sólidas e incontrovertibles ha impedido que se dude de los conceptos que presuponen. Según Sloterdijk la metafísica ha seguido una estrategia igualmente perversa: generar la sensación de un vacío y al mismo tiempo imponer la necesidad de cubrirlo con la emergencia del sujeto.
Frente a esta tendencia al enclaustramiento sobre sí mismo que caracteriza el pensamiento filosófico occidental, Sloterdijk cree que hay que adoptar una nueva perspectiva analítica que incorpore la sabiduría de la vida cotidiana (donde los hombres deben enfrentarse continuamente a la indefinición y a la incertidumbre) para intentar comprender la complejidad y polivalencia del mundo. "No creo, señaló Peter Sloterdijk, en los fundamentos sólidos, porque los discursos flotan en el aire y es allí donde hay que salir a buscarlos". Desde este provocador y poético punto de partida, Sloterdijk insiste en la necesidad de luchar contra los esencialismos y de convocar los sentidos y sensaciones del espacio como experiencia primaria de la vida humana.
Para el autor de Esferas I, Burbujas es necesario revisar los planteamientos que la historia de la filosofía ha dado por supuestos, especialmente los aspectos más destematizados (es decir, aquellos de los que (ya) no se habla porque se consideran intocables o superados). En este sentido, Sloterdijk subrayó la paradoja de que en sus más de dos milenios de historia, la filosofía apenas haya tratado a fondo temas como la vida ("no hay más de 20 frases razonables dedicadas a ella", precisó) o la definición última del hombre. "Como el aire, el agua, respirar o la leche materna, explicó Sloterdijk, hemos concebido la vida como algo fijo y definido, como un crédito original que nos otorgaba Dios o la naturaleza para que nosotros nos limitásemos a no malgastarlo". Otro de esos créditos originales que sólo ha comenzado a repensarse en los tres últimos siglos es el "ser". Para Sloterdijk el filósofo se definiría como aquella persona que parte de un nivel cero de comprensión y prescinde de todos los créditos originales, de todas las ideas pre-establecidas. O como dice Paul Valéry en su introducción al Discurso del método de Descartes: para ser filósofo no hay que comprender. "Porque la filosofía, subrayó Peter Sloterdijk, es una inteligencia en el exilio cuyo punto de partida es no comprender y presuponer nada".
Peter Sloterdijk concibe que la misión de la filosofía es poner en marcha un ejercicio de destrivialización que convierta lo dado en repetido. Por la repetición, el conocer adelanta al ser, hasta el punto de que transformamos una fecha original (una improbabilidad) en un suceso histórico (un hecho). Lo dado, entonces, se convierte en lo hecho. O como dicen los pragmáticos estadounidenses, "lo encontrado se transforma en lo hecho". Desde esta perspectiva, el objetivo de la filosofía consiste en demostrar que todo lo encontrado (o dado), lo pre-establecido, lo que creemos que es natural y no fruto de una mediación, es ante todo una construcción que damos por válida porque se ha repetido como verdad. "Cuando Cristóbal Colón, ejemplificó Peter Sloterdijk, llegó a la isla de Guanahaní (actual Watling en las Bahamas) y vio a sus pobladores originales, dijo (y realmente creyó en lo que dijo) que se había encontrado con indios; pero en realidad había construido a esas personas como indios". Tampoco Heidegger en su celo por presentar ontológicamente puro el punto de partida del hombre como ser-ahí y ser-en-el-mundo, logra comprenderlo desde la conciencia de que es un producto, un efecto de programaciones y adiestramientos.
La experiencia humanista presupone la distinción entre el estado de la vigilia (verdadero y compartido por todos) y el estado del sueño (falso y privado). Pero en el mundo post-humano no está tan clara la frontera entre ambos estados y, por ejemplo, en el ciberespacio, la vigilia se puebla de androides ante los cuales ya no se puede saber a simple vista si son hombres verdaderos o replicantes (cuestionando la singularidad de lo humano). En este punto, Sloterdijk recordó la sugerente metáfora con la que Fitche (cuyo pensamiento conecta el idealismo con el existencialismo) define la vigilia: "una fuerza en la que se ha implantado un ojo". Por ello, si el siglo XX ha sido el siglo de la lengua en la filosofía, Sloterdijk espera que el XXI sea el de la vigilia y que la fenomenología del espíritu (que Hegel concibió como un proyecto de destrivialización del ser) se convierta en una historia de la atención. "Podría formarse así, dice Sloterdijk en Normas para el parque humano, una sociedad de los meditabundos (...), una sociedad de hombres que desplacen del centro al ser humano porque han sido capaces de comprender que ellos sólo existen como vecinos del ser, y no como empecinados dueños de la casa o como mandatarios principales del inmueble en virtud de un contrato irrevocable de alquiler".
Pre-humanismo y post-humananismo
¿Qué es lo que tiene de especial el post-humanismo? ¿Qué es lo que nos altera y nos provoca cuando hablamos de la posibilidad de una civilización post-humana? ¿Por qué se da por "hecho" que el pensamiento tiene que ser humanista? ¿En qué contexto histórico se estableció que hablar de lo humano suponía situar al hombre en el centro? ¿Qué había antes de esas improbabilidades fijadas como "hechos" que ha promovido el humanismo: por ejemplo, concebir al hombre como un animal racional, como "una animalitas aderezada de aditivos espirituales"? ¿Y qué puede haber después?
Peter Sloterdijk junto a Mar Villaespesa y Nicolás Sánchez DuráCon estas preguntas inició Peter Sloterdijk la segunda parte de su intervención en el ciclo de conferencias La deshumanización del mundo donde señaló que el humanismo (cuyo principal objetivo es la domesticación racional del sujeto-hombre y la expansión de su poder sobre todos los objetos) debe entenderse como un periodo del pensamiento occidental que se sitúa entre un pasado pre-humanista y un presente/fututo post-humanista. En este sentido, el autor de Crítica de la razón cínica enlaza la estructura pre-humanista del pensamiento teológico con el proyecto post-humanista ya que representan planteamientos discursivos que, a diferencia del humanismo, no parten de una rígida distinción entre sujetos y objetos ni definen exclusivamente la estancia del hombre en el mundo desde una perspectiva biológica y cultural.
Toda la metafísica clásica es teocéntrica (pone a Dios en el centro) y, por tanto, anti-humanista. Para el pensamiento teocéntrico, el hombre sólo es importante en tanto que recipiente de la perfección, del mismo modo que el sol necesita la luna para poder ejercer su reinado (metáfora muy utilizada durante la Edad Media). "A ningún teólogo clásico, precisó Peter Sloterdijk, se le hubiera ocurrido colocar al ser humano en el centro del mundo, porque para ellos ese espacio estaba atravesado por la obra de una inteligencia trashumana (dios o los dioses), externa, que lo veía y lo comprendía todo". El optimismo teocéntrico de la Edad Media se basaba en la certeza de que se podía hacer una extrapolación entre la inteligencia humana (capaz de manejar los asuntos de la tierra) y la divina (capaz de extenderse hacia el infinito y comprenderlo todo).
Sloterdijk recordó que otra de las fuentes del pensamiento post-humanista se encuentra en una interpretación afectiva del mundo que piensa que las grandes fuerzas (los dioses) se encarnan en otros seres de la naturaleza, incluso en los principales enemigos de la supervivencia de la especie. Frente al humanismo egocéntrico y racional que niega la existencia de un punto externo al hombre desde el que todo se comprende, esta interpretación del mundo es xenolátrica (adoración del otro, del extranjero) y parte de una fascinación hacia lo que nos rodea y de un despojamiento de cualquier singularidad subjetiva. En este sentido se explicaría la tesis antropológica de que el origen de muchas religiones derivaría de los rituales de culto a animales salvajes (símbolo de lo externo que amenaza a la vez que fascina) que practicaban ciertas comunidades primitivas. "Un culto, matizó Peter Sloterdijk, que también permitía el control y regulación de esos seres, incluso la conversión de algunos de ellos en animales domésticos puestos al servicio de los hombres".
En conexión con estas estructuras de pensamiento pre-humanistas, el post-humanismo se constituye como una respuesta filosófica a un mundo donde cada vez es más difícil distinguir entre lo natural y lo artificial (si acaso aún fuera necesario hacer dicha distinción) y en el que el eje escritura/lectura que articulaba la cultura humanista pierde protagonismo ante la emergencia de nuevos medios de expresión y comunicación. Frente al miedo a que las máquinas terminen sustituyendo a los humanos, el post-humanismo recupera la actitud xenolátrica y se plantea la necesidad de desarrollar un pensamiento ecológico (en su sentido más amplio) que tenga en cuenta no sólo el entorno natural sino también el tecnológico (e incorpore, entre otras cosas, los derechos cívicos de las máquinas).
En este sentido, Peter Sloterdijk advirtió que el término máquina es un concepto enfermo del vocabulario europeo, ya que se originó en un contexto ontológico "muy crudo y unilateral" que distinguía de forma categórica entre las entidades con almas (las personas) y las entidades sin almas (las cosas, entre las que se incluirían las máquinas). Con su necesidad de apoyarse en fundamentos sólidos e inamovibles, la historia de la filosofía occidental ha aceptado esta distinción sin cuestionarla y no se ha preocupado por reflexionar sobre las entidades sin alma. Pero es imposible comprender la complejidad y polivalencia de la experiencia contemporánea a partir de criterios dialécticos que enfrenten como elementos excluyentes al hombre con la máquina o a las almas con las cosas. El vertiginoso desarrollo tecnológico que se ha producido en el último siglo deja al humanismo sin respuestas adecuadas ante la aparición de máquinas (entidades sin almas) cada vez más poderosas y parecidas a los hombres (y no sólo por sus envolturas antropomórficas). "El corsario, ejemplificó Peter Sloterdijk, sabía donde acababa su cuerpo y empezaba el gancho; con las nuevas prótesis esa distinción se complica y con el desarrollo bio-tecnológico dejará de tener sentido".
Frente a la histeria anti-tecnológica que piensa que tenemos que desarrollarnos al margen de las máquinas, el autor de En el mismo barco, ensayo sobre hiperpolítica cree que es necesario relacionarse con ellas y asumir que es imposible vivir en un entorno construido y habitado sólo por humanos. A partir del ejemplo de Andy Warhol que, con una actitud pretendidamente burlona y provocadora, aseguró que había decidido mantener un idilio con su aparato de radio, Sloterdijk abogó en la conclusión de su conferencia por una especie de poligamia entre hombre y tecnología, afirmando que "tenemos que casarnos con las máquinas con las que compartimos nuestras vidas". El post-humanismo concibe al hombre (y no sólo al hombre contemporáneo) como un equipo técnico y y cree que las nuevas herramientas tecnológicas pueden promover un pensamiento en comunidad (no sólo humana). Según Peter Sloterdijk hay que prescindir de una interpretación (humanista) del mundo estructurada sobre la dicotomía sujeto-objeto, porque "los hombres necesitan relacionarse entre ellos pero también con las máquinas, los animales, las plantas..., y deben aprender a tener una relación polivalente con el entorno".
(1) arteypensamiento es un proyecto de la Universidad Internacional de Andalucía UNIA que tiene como objetivo incorporar la institución universitaria a los debates, la producción, la difusión y la consolidación de las creaciones y reflexiones contemporáneas. Debe entenderse no sólo como una forma de completar la oferta académica de la Universidad Internacional de Andalucía, sino sobre todo como una forma de relacionar la universidad con el entorno cultural y social, de manera que se aumente la incidencia que tiene en el tejido social.
arteypensamiento, se articula en torno al concepto de re/pensar, aplicado al campo del arte en su relación con la cultura y sociedad; y como consecuencia de ello, busca re/formular modelos, formatos, modos de presentación y difusión: talleres, laboratorios, seminarios, conferencias, encuentros, proyectos en la red, publicaciones.
Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología -Escuela de Psicología- PUCV, Profesor de Antropología Filosófica en la Escuela de Medicina de la UNAB. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://observaciones.sitesled.com/. Secretario de Redacción de PHILOSOPHICA , Revista del Instituto de Filosofía de a PUCV, Editor Asociado de Psikeba, Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires http://www.psikeba.com.ar/, Miembro del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.
Publicaciones recientes: http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1053859
Artículos relacionados en torno a Peter Sloterdijk.
Peter Sloterdijk: 'Extrañamiento del mundo'. Abstinencia, drogas y ritual / Adolfo Vásquez Rocca
En: Gazeta de antropología, Universidad de Granada – España UE.ISSN 0214-7564, Nº. 22, 2, 2006.
http://www.ugr.es/~pwlac/G22_12Adolfo_Vasquez_Rocca.html
En Revista Zona Moebius, Año 4 / enero, 2006.
http://www.zonamoebius.com/00002006/nudos/avr_0106_sloter...
Artículo “Peter Sloterdijk; La música de las Esferas y el olvido del ser desde todos los altavoces”, En Opinitatio, Sitio Web Especializado en Filosofía y Religión, Barcelona, http://usuarios.iponet.es/ddt/elolvido-c.htm
En A Parte Rei 45, Mayo 2006. Revista de la Sociedad de Estudios Filosóficos de Madrid http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/vasquez45.pdf
“Peter Sloterdijk; El post-humanismo: sus fuentes teológicas y sus medios técnicos”
En Observaciones Filosóficas, Nº 3, 2006
http://observaciones.sitesled.com/posthumanismo.html
“Peter Sloterdijk; la música de las esferas y la era antropotécnica”
http://www.konvergencias.net/musicaps01.htm
Link: Peter Sloterdijk en: Psikeba. Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales
22:55 Anotado en Filosofía | Permalink | Comentarios (2) | Email esto | Tags: blogsenespanol, filosofia, sloterdijk

Charles Bukowski vivió en el reverso del “sueño americano”. El de los perdedores, los alcohólicos, los mendigos, las prostitutas, los desahuciados, las peleas de bar, la criminalidad, los empleos basura y la gente “sin futuro”. Todo esto formó parte del universo underground de Bukowski. Un autor que se ganó a pulso el título de último escritor maldito del siglo XX y que construyó una obra con gran brío, identidad y en una actitud que niega las estructuras formales, con un realismo intensamente sucio y dosis de surrealidad.
Nació en Andernach (Alemania), el 16 de agosto de 1920. Hijo de un militar estadounidense llamado Henry Bukowski y de una mujer alemana de nombre Katherine Fett. Su familia emigró a Estados Unidos cuando él era chico.
Vivió una infancia conflictiva, en permanente confrontación familiar, soportando las palizas que le daba su padre. Este ambiente lo condujo desde muy niño al consumo de alcohol y a la literatura, deleitándose con las historias de Ernest Hemingway, Henry Miller o David H. Lawrence.

Tras culminar sus estudios en el instituto, comienza a estudiar periodismo, pero abandona a los pocos meses y enfatiza su vida bohemia. Fue practicante de boxeo, aficionado a las apuestas y bebedor empedernido.
Su trayectoria literaria da inicio en la década de los 50, cuando escribía poesía y relatos para revistas como "The Outsider".
Su único trabajo fijo fue en el correo. Renunció después de doce años, a los 49, y empezó su primera novela. "Cartero (Post Office)" (1971).
Crearía un alter ego, al que denominó Henry Chinaski, quien aparece en casi todas sus obras.
En 1942 se fue a vivir con Jane Cooney Baker, una mujer diez años mayor que conoció en un bar. Durante una década se dedicaron a vagar por la ciudad y a tomar cantidades enormes de alcohol. Pero esta primera historia de amor no tuvo un final feliz: ella murió intoxicada y él, con sólo 35 años, estuvo a punto de morir a causa de una úlcera. Esta experiencia quedó registrada en la película Barfly, conocida también como “Mariposas de la noche” del cineasta francés Barbet Schroeder y basada en un guión del mismo Bukowski, un film que si bien – como se ha dicho - pone el acento en aspectos hilarantes del guión, contó con la brillante interpretación Mickey Rourke en el rol de Bukowski – quizas el mejor trabajo de su carrera artística.

Si bien se lo supo incluir dentro de corrientes como la del filo-hippie – a la que pertenecía Richard Brautigan (un genial maestro de agudos relatos cortos caido en el olvido), permaneció ajeno a cualquier capilla, institución o movimiento literario. Si una denominación de este tenor cabría, creo que esta podría ser: El último beatnik, (y por qué no el “Primer punk”). Como exponente del Beatnik o “generación Beat”, aún cuando nunca se asoció con alguno de sus líderes como Jack Kerouac , Neal Cassady, William Burroughs, o Allen Ginsberg, podría decirse que Bukowski compartía la misma lucha que estos autores manifestaban en contra de los valores tradicionalistas y puritanos de Estados Unidos, contra el "American Way of life", un repudio implícito a los valores comerciales.
A más de diez años después de su muerte, ocurrida el 9 de marzo de 1994, nadie ha podido ocupar este puesto en la literatura contemporánea. Él es la reencarnación de la escritura sucia, salvaje y hostil. En este caso, tanto la vida como la obra del autor están a la misma altura. Es decir, en la estratosfera.

Las novelas y relatos de Bukowski suelen ser cimentados en experiencias autobiográficas, como la citada "Cartero" (1971). "Factotum" (1975), "Mujeres (Women)" (1978), "La senda del perdedor (Ham on Rye)" (1982), "Hollywood" (1989), "Pulp" (1994), "Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones (Erections, Ejaculations, Exhibitions and general tales of ordinary madness)" (1972), "La máquina de follar (Fuck Machine)" (1977), "Música de cañerías (Hot Water Music)" (1983), o "Escritos de un viejo indecente (Notes of a Dirty Old Man)" (1969), manteniendo una mirada corrosiva y cáustica a los escenarios, ambientes, personajes y sensaciones más repelidas de la existencia, horada con mordacidad y provocación en el sórdido universo underground del que el propio autor es protagonista.
La escritura poética, si bien menos popular, fue elogiada por Jean-Paul Sartre. Algunos de sus mejores textos se encuentran en "Los días pasan como caballos salvajes sobre las colinas (The Days Run Away Like Wild Horses Over The Hills)" o "El amor es un perro del infierno (Love is a Dog from Hell)". Transcribo uno de sus poemas:
A la puta que se llevó mis poemas
Algunos dicen que debemos eliminar del poema
los remordimientos personales,
permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero
¡Por Dios!
¡Doce poemas perdidos y no tengo copias!
¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores!
¡Es intolerable!
¿Tratas de joderme como a los demás?
¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero? Usualmente
lo sacan de los dormidos y borrachos pantalones enfermos en el rincón
La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de cincuenta,
pero mis poemas no.
No soy Shakespeare
pero puede que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros;
Siempre habrá dinero, putas y borrachos
hasta que caiga la última bomba,
pero como dijo Dios,
cruzándose de piernas:
"veo que he creado muchos poetas
pero no tanta poesía."
LINKS
Charles Bukowski versus Hank Chinasky
Bukowski, viaje a las cloacas por Jesús G. Yáñez
La generación Beat en 45 páginas

23:55 Anotado en Figuras, Literatura | Permalink | Comentarios (4) | Email esto | Tags: blogsenespanol, Blogs, en, espanol
¿Qué significa ser "políticamente correcto"?

Una encuesta a intelectuales y periodistas entre los que hay opiniones diversas y desacuerdos pero una profunda coincidencia en la mayoría: salvo una excepción, ninguno se considera a sí mismo "políticamente correcto". Hmm…
Preguntas:
1. ¿Qué considera que es ser "políticamente correcto" hoy?
2. ¿Usted se considera políticamente correcto? ¿Por qué?
Martín Menéndez, lingüista y docente (UBA)
1. Políticamente correcto es un modo, creo, institucionalizado de caer en prejuicios que, en lugar de desterrarse, se ubican en un lugar –por momentos casi central– dentro del sistema social. El origen, sin duda auspicioso, se ve deformado –y hasta caricaturizado– por lo que uno puede o no puede decir o hacer de acuerdo con las circunstancias. Todo puede llegar a ser "políticamente incorrecto"; y no es raro que su origen esté en los Estados Unidos que ha hecho de la discriminación un elemento constitutivo de su idiosincrasia.
Creo que el "prejuicio positivo" (a eso, de una u otra manera apunta lo políticamente correcto) es tan nocivo como el prejuicio, a secas (ahora habría que llamarlo negativo aunque ambos comparten el hecho de ser "prejuicio"). Que todos seamos, en algún punto prejuiciosos, no nos hace inmediatamente "nefastos discriminadores". Hay grados. Pensar en opuestos es un modo, creo, de admitir la gradualidad como marca de diferencia. Lo importante, me parece, sería un mejoramiento en el acceso al conocimiento (la educación es la clave) y un respeto genuino de lo que es diferente. Un ejemplo, que me compete por mi actividad: cuando la normativa gramatical sea entendida como una variación necesaria, pero variación convencional, al fin algo comenzará a cambiar en la enseñanza de la lengua materna. La corrección política, me parece, un juego retórico que lo único que hace, finalmente, es focalizar la diferencia, no respetarla. Y algunas veces, acentuarla.
2. Trato de no serlo, en el sentido que anteriormente mencioné, ya que no me gustan las culturas de ghetto. Prefiero la amplitud, la divergencia y la posibilidad de que algo no me guste por el hecho de que, simplemente, no me gusta. Que no me interese, por ejemplo, una película iraní no me hace anti-iraní, anti-musulmán y pro-norteamericano. Simplemente, entre las múltiples películas, ésa no me gustó. Descreo de las correcciones impuestas porque siempre son, en definitiva, dogmas que hay que seguir. Y prefiero ser, dentro de mis límites, incorrectamente antidogmático.
Patricia Kolesnicov, periodista cultural del diario Clarín
1. Lo políticamente correcto es una hipocresía formal, un mundo "feliz" con la consistencia de un decorado, en el que los miserables que revuelven basura son "recuperadores" y los discapacitados, "personas con capacidades diferentes". Una hipocresía que permite predicar a la vez la admiración por los recuperadores y la obligación ciudadana de levantar la caca del perro y tirarla en los tachos (donde meterán la mano los "recuperadores") y apelar la resolución que obliga al gobierno porteño a subsidiar a los niños que están viviendo su infancia detrás de carritos llenos de basura.
Lo políticamente correcto se acaba con la cercanía, claro. Para bien o para mal, cuando está a distancia humana, el gay volverá a ser puto y el trabajador de la construcción, un negro albañil.
Se dirá que esa pretensión de amplitud bienpensante ha servido a, por ejemplo, la aprobación de la Unión Civil en la Capital y que, con todos los límites que tiene, es mejor que nada, es un algo simbólico frente al Estado. Sí, ha servido para eso y para ocultar la furiosa homofobia que sostiene una ley natural heterosexual y cristiana capaz de decidir qué derechos sí y qué derechos no, la obra social sí, la herencia no, son familia pero no, derechos reproductivos sí, aborto no, cojamos pero poquito.
2. No soy, ni quiero ser políticamente correcta. Prefiero tratar de ver la brutalidad de mis prejuicios y pensar una ideología basada en cambios materiales, sólidos. Una ideología que no se caiga apenas sople el lobo.
Pedro Brieger, sociólogo y analista político
1. Me parece que el término ha sufrido muchos cambios. En un primer momento se lo utilizó en Estados Unidos para tratar de cambiar formas de comportamiento y lenguaje respecto de la mujer y las minorías impulsado por las luchas de los movimientos sociales en los sesenta. Así, en vez de hablar de "negros" se comenzó a utilizar la expresión "afroamericanos" y los medios de comunicación intentaron mostrar a la mujer en un plano de igualdad. Por eso, en vez de utilizar la palabra "chairman" para alguien que preside una conferencia, se suele utilizar la expresión "chairperson" como símbolo de corrección política.
Sin embargo, también el concepto políticamente correcto ha sido bastardeado y casi que hoy simboliza el "sentido común" que no debe ir contra la corriente, mucho más que en el sentido original del concepto. En la Argentina hoy no sería políticamente correcto hablar bien del menemismo porque todos "estamos" contra el modelo de los noventa. Esta amplificación del término le ha quitado parte de la fuerza que tenía en su momento como fruto de la lucha de movimientos sociales por imponer un cambio cultural y político
2. Intento ser políticamente correcto en el sentido originario del término: no hacer chistes sexistas ni participar de bromas denigrantes respecto de la mujer y trato de utilizar un lenguaje desprovisto de racismos o discriminaciones de todo tipo.
Javier Daulte, dramaturgo
1. Lo que hoy se llama políticamente correcto (expresión emblemática que ya no quiere decir nada) es nada más que la clausura de toda idea de reflexión "política". Encomillo la palabra porque hoy se le llama política a cualquier cosa. Creo que lo que estamos elucidando es el tema del pensamiento como hecho vivo y novedoso. Pues lo políticamente correcto forcluye toda posibilidad de emergencia de ningún tipo de pensamiento, y muy por el contrario, inaugura una especie de nueva moral, tan dañina como las más arcaicas y conservadoras. Lo políticamente correcto no es más que unas nuevas tablas de la ley que indican las reglas de convivencia que garantizan la ausencia de fricciones y estimulan la pereza de pensar o repensar las situaciones. La ausencia de fricciones es el paraíso de cualquier dictador. Nadie está en desacuerdo con lo que yo pienso. Ese límite entre lo que se supone progresista y lo que es definitivamente represor es el que se desdibuja en lo que se entiende como políticamente correcto. Las diferencias deben limarse, las contradicciones deben disimularse. Lo políticamente correcto es en parte un concepto (quizá decirle concepto es darle la categoría que no tiene) heredero de la tan ansiada y occidental tolerancia. Pero la tolerancia sufre también del embate de la paradoja que supone. Se toleran las diferencias mientras esas diferencias no impliquen una intolerancia de las diferencias: toleraremos a todos los diferentes, siempre y cuando esos diferentes sean cualquier cosa menos intolerables. La tolerancia es una falacia. El acuerdo tácito en el que todos acordamos correctamente en tanto política también. Ser políticamente incorrecto es sinónimo de inadaptación. Pues a escuchar a los inadaptados, ya que serán los únicos que tendrán algo nuevo que decir.
2. No me considero políticamente correcto. Y espero que nadie me considere así. Ser políticamente incorrecto es muy difícil hoy en día. La fuerza de las ideas progresistas consensuadas tiene gran potencia y es muy difícil deslizarse por fuera de su dogma que tiende a englobarlo todo y volverlo asimilable y digerible por la hegemonía bienpensante.
Ricardo Rouvier, sociólogo y consultor
1. Políticamente correcto se denomina a aquello que supone una conceptualización o definición dentro de los cánones sociales esperados. Por lo tanto, confirma el sistema de expectativas que la colectividad tiene sobre una respuesta determinada. Esta denominación ha superado a la política misma y se aplica a distintas esferas sociales. En un mundo paradojal, a veces, lo políticamente correcto es incorrecto y viceversa. Sobretodo cuando lo "correcto" enmascara cierta hipocresía o un aspecto opaco de lo público.
2. La segunda pregunta es sobre si yo soy políticamente correcto. En realidad la pregunta no debería aludir al ser, sino al parecer. Y si es así, contestaría que a veces sí, y a veces no soy políticamente correcto.
Félix Della Paolera, escritor y ensayista
1. Ser políticamente correcto es coincidir con las ideologías dominantes, en general, de la época. Siempre fue así, más o menos. En este momento la tendencia llevaría a pensar que es políticamente correcto el pensamiento de izquierda. Depende de qué época, ¿no? En la actualidad es así.
2. No, no me considero correcto en nada. Pienso que es curiosa la palabra "correcto", porque es el participio pasado de corregido. Esas palabras tienen un participio actual y otro de la lengua latina que equivale a "corregido". Ser políticamente correcto significa que uno ha corregido alguna postura política. Como yo no he tenido una postura política definida no he tenido mucho que corregir, entonces no me considero correcto. Es una palabra equívoca, la pregunta en sí es poco precisa. Yo no sé si se puede ser políticamente correcto de ninguna manera, hay que ver quién se corrigió.
José María Pasquini Durán, periodista y analista político
1. Hoy, como ayer, a mi juicio significa manifestarse según las pautas aceptadas por la opinión hegemónica en cada momento de cada sociedad determinada.
2. No. Casi nunca estoy de acuerdo con las opiniones hegemónicas porque considero que el aporte de un intelectual es la visión crítica que pueda aportar en cada momento.
Emilio Cafassi, docente de la carrera de sociología (UBA)
1. La movilización de vastos movimientos sociales, por un lado, junto a la caída de las dictaduras por otro, fue transformando buena parte del imaginario social mayoritario, limando algunas aristas puntiagudas y modificando la morfología general del sentido común. Los reclamos de igualdad de derechos y oportunidades, la lucha por la aceptación e inclusión de minorías, culturas e inclinaciones logró emerger, visibilizando masivamente nuevas reivindicaciones y una mayor conciencia –sassureana si se quiere– acerca de la potencia social del lenguaje. Podría concluirse, que nuestras sociedades han evolucionado al ganar en conquistas políticas y simbólicas, si no fuera porque paralelamente se desarrolló un geométrico –y dramático– incremento del poder del capital frente al trabajo, del individuo sobre la comunidad, de la TV por sobre la política, de la violencia imperial, bélica y económica, sobre los sojuzgados. La combinatoria de estas tendencias (contradictorias, aunque no diametrales) no impide disfrutar hoy de ciertas ceñidas libertades, siempre que se tenga la oportunidad de acceder a la super-explotación de los propietarios o ejercerla, o más ampliamente, de poder sobrevivir de alguna manera, que no es poco.
En magnitudes, y por sus consecuencias cualitativas, estos cambios de las últimas dos décadas no resultan nada despreciables y encuentran su correlato en la readaptación del lenguaje de la amplia mayoría de las clases políticas, las tecnocracias y los periodistas, bajo la formula recetaria y recetable del discurso "políticamente correcto". Concientes de la lyotardiana desaparición de los grandes relatos, de la sustitución de la filiación por la pertenencia identitaria, de la clase por la inscripción cultural individual, de la utopía por el realismo egoísta, se erigen discursivamente como antihistamínicos políticos. Morigeran el síntoma, lo adormecen, evitan molestias, gambetean el reconocimiento de toda confrontación y de sus consecuencias, desconocen toda causa: oscurecen y aletargan. El rédito no parece menor, ya que los protagonistas de las mejores adquisiciones sociales últimas son además de minorías emergentes, electores, lectores, televidentes, es decir potenciales clientes.
El discurso políticamente correcto es la readaptación del discurso político-mediático presente al sentido común contemporáneo. No se propone cuestionarlo, conmoverlo o jaquearlo, como lo hicieron oportunamente quienes contribuyeron a su transformación. Es la respuesta timorata al reconocimiento del potencial del lenguaje, de las conquistas de los otrora invisibilizados, de la latencia del conflicto. Y como tal se opone a todo discurso de un campo (académico, artístico, vagamente intelectual) porque resulta estérilmente todologista. No delimita fronteras y especificidad sino que se concentra en la evitación y elisión oportunista.
El capitalismo ha evidenciado una fabulosa plasticidad para su adaptación y sobre todo para la cooptación, con una recurrente claridad en la priorización de sus objetivos estratégicos que ha hecho que el discurso políticamente correcto no sólo sea posible, sino deseable para su propia reproducción, excepción hecha del capitalismo eclesial. Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, es ahora quién se alza contra el relativismo.
Los discursos políticamente correctos se transcriben, en simultáneo, por videotextos de Direct TV y palimpsestos del horror, aunque alivie algo reconocer que los hay aún peores.
2. No.
Otras encuestas: ¿Qué es ser culto hoy?
Fuente: Lamujerdemivida
07:15 Anotado en Encuestas, General, Opiniones | Permalink | Comentarios (2) | Email esto | Tags: blogsenespanol, argentina, Blogs, encuestas, opinion