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Me encanta TOSHIBA, y esta ultradelgada dicen que es de lo más fuerte y resistente que hay en el mercado. Tiene un disco rígido de estado sólido, nada de partes frágiles girando, por lo cual es menos propensa a sufrir daños si se cae. Portentosa la flaquita !!! Bien por la PORTÉGÉ ! Lo acabo de leer en Sónar, lo que no me quedó claro es si ya llegó a la Argentina. Saludos!!!!
Vía: Sónar http://www.sonarcultural.com.ar/
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Taschen Fashion 2006

10:10 Anotado en Anónima Fashion , Arte , Arte Contemporáneo , Contemporany Art , Fotografía , Gallery , Magazine , Moda , Photo , Shopping | Permalink | Comentarios (1) | Enviar a Email

En busca del significado de ser culto, interrogamos a distintas personas relacionadas con la cultura. Tres preguntas básicas y respuestas de todo tenor.
Preguntas
1- ¿Qué es ser culto hoy?
2- ¿Es un valor ser culto? ¿Por qué?
3- ¿Podría diferenciar entre ser culto, ser un erudito y ser un intelectual?
Carlos Altamirano
Analista cultural, profesor de historia de las ideas en la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de Quilmes. Su últimos libros es Términos críticos de sociología de la cultura (2002).
1. Cuando afirmamos de alguien que es una persona culta, lo que hacemos es reconocerle que entiende y puede hablar con competencia de determinado sector de la cultura. Tradicionalmente, ese sector ha sido el de las humanidades –filosofía, historia, literatura– y las artes. Leer, ir a los museos y los conciertos son vistos así como signos del hombre y la mujer cultos. Aunque esta definición tradicional aún tiene circulación, la idea que encierra resulta inactual desde hace mucho tiempo. Recuerdo que en los años cincuenta, el escritor británico Edward Snow publicó un libro que tuvo gran resonancia, Las dos culturas, título que hacía referencia a los dos campos de saber que representaban las ciencias del mundo natural, por un lado, y las disciplinas humanísticas, por el otro. Snow no sólo registraba que estos dos campos del saber se ignoraban mutuamente, sino que los representantes de la cultura humanística daban prueba de un arrogante desconocimiento de las ciencias. La conclusión que se puede extraer de todo esto es que la cultura constituye un dominio cada vez más complejo y diferenciado. No es infrecuente que alguien brillante en un sector diga simplezas cuando se refiera a hechos y temas de otro campo. Probablemente el signo distintivo de una persona culta radique hoy en la conciencia de la limitación de su competencia, por amplia que ésta sea.
2. El término valor puede aludir al prestigio que confiere el hecho de ostentar la posesión de un determinado "capital cultural". Pero también puede indicar el valor de ese capital por lo que permite hacer a las personas, por la gama de elecciones que pone a su alcance. En este sentido, no hay dudas de que se trata de un valor, porque para quien tiene mayor capital cultural las posibilidades de elección también son mayores. De ahí la importancia de la educación y de la escuela públicas, que han sido en nuestro país y deberían volver a ser los suministradores de una cultura básica, capaz de habilitar la adquisición de competencias nuevas y más especializadas.
3. La condición de erudito supone versación especial, desacostumbrada, en un área determinada del saber. Un intelectual no es necesariamente una persona erudita, aunque sea competente en algún sector de la cultura (puede ser escritor o profesor, periodista, pintor, etc.). Porque lo que distingue a quienes llamamos intelectuales es el uso que hacen de su competencia, o de la autoridad pública que ésta les proporciona, en el campo de los debates cívicos. Viceversa: no todos los eruditos son intelectuales, es decir, no toman la palabra para peticionar, defender o combatir alguna causa relativa a la vida pública.
Miguel Brascó
Escritor, periodista, poeta, dibujante, humorista y enólogo. Colabora con la revista Veintitrés.
1 y 2 . Contrariamente a la inercia de ser lunfa o rústico emisor zafio de provechitos en la sobremesa, ser culto nunca fue una actitud fácil; demanda sostenido esfuerzo y el poner mucha atención, pero, no a la larga sino a la corta, siempre es gratificante. Esa tarea exige:
1. Sin necesariamente conocer a fondo su obra, por lo menos no quedarse en ayunas cuando alguien menciona a Wittgenstein; mantener trato cotidiano con los libros en su conjunto, tanto en el ámbito extranjero desde el romano Catulo hasta Anthony Burgess y Julian Barnes, pasando por Rabelais, Gus Flaubert y Faulkner; y en el local de los argentinos, desde Sarmiento y José Hernández hasta Borges, Mario Trejo y quienes vienen después.
2. Escuchar música regularmente, y con gusto, desde los Grandes como Juan Sebastian Bach, Beethoven, Brahms, Ravel o Shostakovich, hasta Erik Satie Scriabin, Steve Reich, Gershwin, Bill Evans, Piazzolla o Ariel Ramírez.
3. Distinguir a primer golpe de vista cualquier obra de Fernando Fader de otra pintada por Carlos Alonso; y no necesariamente excitarse frente a un action painting de Jackson Pollock pero sí con El Greco, Van Gogh, Picasso, Paul Klee o Pat Andrea.
4. Estar en speaking terms con el idioma inglés, el francés y eso que hablan y escriben tan bien los norteamericanos. También, ya que estamos, con el castellano.
5. No dejarse atrapar por Coelho, Benedetti, los best sillies y los artistas que son buenos porque dan bien en las fotos o usaron el marketing del radical chic.
6. Saber aunque sea de oído qué son los quantas, las estrellas enanas, los jeroglíficos de Tutankhamon, dónde quedaba la república gay de Weimar y dónde ahora el enclave de Marruecos, quién es el arquitecto Pei, cuál es el procedimiento para entrar en la web, y por qué es famoso Carlomagno. Adiestrarse para manejar en forma amena el arte de la conversación; enterarse de lo que distingue una bebida fermentada de otra destilada, de en cuál restaurante de Buenos Aires se come un hígado a la inglesa de culinarias impecables; aprender a preferir, entre otros platos, a la brandade de morue, las ostras de San Blas, el coulibiac de Francis Mallmann, los sesos en suave bechamel y el pescado crudo; no con cerveza o Coca Cola sino con vino y los codos fuera de la mesa; vestirse con criterio propio y no por los imperativos coyunturales de la moda. Y en líneas generales no elegir nunca la vulgaridad sino las actitudes inteligentes y las conductas de buen tono. Hágame caso: intente de cualquier manera actuar y conducirse de manera culta.
3. En el mejor de los casos y cuando son locales o franceses, los intelectuales suelen constituir una categoría pintoresca eventualmente insoportable. Hay excepciones, pero están ahí al sólo efecto de confirmar la regla. A simple vista un intelectual es un intelectual y desde lejos es totalmente fácil distinguirlos. En el acercamiento, usted proceda siempre por esquive. En cuanto a qué difiere el culto del erudito, el Thesaurus los califica de sinónimos; pero hay una diferencia que los antagoniza. Mientras el culto utiliza la información para desentrañar mejor y disfrutar a fondo la venturosa dádiva del estar lúcido y vivo, el erudito no suele trascender la faena de los bartolistas: notas al margen y notas al pie.
Canela (Gigliola Zecchin)
Escritora, poeta, periodista y editora. Su último libro es Paese (2002). Actualmente conduce El expreso imaginario, por Todo Noticias.
1. En los ‘70 Edgardo A. Vigo presentó una obra, "Curso acelerado para adquirir nivel de latinoamericano culto", con fotos, madera, latas y papel. Irónicamente proponía la ingesta de varias latas, cada una con un contenido diferente: english, geography, spanish, geometry, latin, biology, german, chemistry...
¿Qué latas tendríamos que estar consumiendo hoy (treinta años después) para ser cultos?
Ironías aparte, en la jerga de la izquierda se prefiere ubicar a los cultos del otro lado del vallado. Es más común que se hable de un intelectual de izquierda. Y de una persona culta en el discurso de la derecha.
Para todos hay sin embargo un nuevo espécimen: el hombre informado. "Información es poder...". Y todos queremos poder.
Por oposición yo pienso que podemos inaugurar una idea, la de cultura emocional. Pensar en la emoción (la intuición, la experiencia, la propia identidad) como un filtro necesario para metabolizar la información, ponerla en el contexto de nuestros intereses más profundos y genuinos. La emoción como una procesadora (cuya fuente energética debería ser la razón) para convertir la información en capacidad de reflexión y creación.
2. ¿Valor para quién? Para ciertos ámbitos, puede ser imprudente: es que un hombre culto se supone más responsable, es decir menos apto para los negocios y la política. El hombre culto desarrolla saberes que le permiten medir la consecuencia de sus actos... Para un político y un hombre de negocios esto puede ser fatal.
Para quien goza con la comprensión de la realidad y produce a su vez cultura, es una manera de encarar la vida. Que no debemos idealizar, pero que incluye el privilegio de moverse en un mundo expandido, más rico e intenso. Que nada tiene que ver con la propiedad, ni siquiera con la propiedad intelectual...
3. Ser culto es una concepción amplia sobre el mundo del conocimiento, tiene que ver con la calidad de la formación académica o cultural, sin excluir a los autodidactas. Importan los saberes, pero más desde mi punto de vista la capacidad de relacionar los nuevos conocimientos, leer los signos de los cambios. Y darle significado a las nuevas expresiones de la cultura.
Ser erudito es contar con un saber profundo en un tipo de conocimiento (Pequeño Larousse Ilustrado). En tiempos de Lope de Vega era un hombre instruido en varias ciencias, artes y otras materias. Popularmente se hablaba del "erudito a la violeta", el que tenía una relación superficial con las ciencias y con las artes. Pienso que los eruditos, que los hay (como resabio de una cultura enciclopédica), tienen que enfrentarse a las nuevas fuentes de la información. Es probable que hoy acudamos más fácilmente a un sitio en Internet que a un erudito.
El término "intelectual" se opone a afectivo, voluntad, sentimiento, emoción. La inteligencia emocional que tanto me interesa se opone al perfil del intelectual, que "puede manejar las distancias", que tiene "ideas, juicio y razonamiento".
Germán García
Psicoanalista y escritor, director de la Fundación Descartes. Su último libro es La fortuna (2004).
1. En las diversas redes de intercambio coexisten diversas maneras de reconocer la "cultura" de alguien: hay una cultura digital en la que se reconocen jóvenes con acceso a las novedades técnicas; hay una cultura libresca con diferentes disciplinas; hay una cultura lectora de ficción, con sensibilidades diversas. Y, como siempre, la moda organiza las formas en que cada cultura se hace visible y propone su diferencia con las demás. No sólo la moda en la ropa, sino la moda del vocabulario, de los nombres propios, usados como "ficciones conceptuales".
2. En consonancia con la respuesta anterior existen diversas escalas de valores, entendidas como escalas de demarcación de lo que es positivo o negativo, aceptado o rechazado. Cada escala agrupa modos de gozar de algo, de simular o disimular ese modo de gozar. Es decir, los valores tienen su lado pulsional (lo deseable responde a configuraciones de singularidades deseantes).
3. Un erudito es alguien muy particular, reconocible y valorable. Por lo general se comete con ellos la misma injusticia que se comete con los traductores: usamos el trabajo que realizan y hacemos gestos de desdeñar la destreza y paciencia que implican.
Una persona culta, como propongo en la primera respuesta, es alguien que ha encontrado la manera de gozar con lo que se produce en un circuito determinado (hay una cultura del vino, como hay una de la música).
Un intelectual es alguien diferente, con una dinámica propia que varía de un país a otro, de una época a otra. Se ha escrito mucho sobre el tema: "La república de las letras", de Pascale Casanova, tiene mucha información y agudas reflexiones al respecto.
Jorge Halperín
Periodista, productor periodístico, autor de La entrevista periodística y Pensar el mundo, entre otros libros.
1. En principio, es un prejuicio. Si pienso en la imagen más difundida, un tipo culto es alguien que tiene una considerable información en ciertas disciplinas humanísticas, a saber: literatura, ensayo, filosofía, artes, historia y, menos, sociología, política, antropología. Y dije: "información" y no "formación", que puede o no estar. A nadie se le ocurriría pensar que un constitucionalista es un hombre culto si no es bastante docto en algunas de aquellas otras disciplinas. Mucho menos verían como culto a alguien docto en ciencias duras, a pesar de la complejidad de sus saberes. Ser culto, insisto, es un prejuicio, porque vivimos una época de saberes fragmentados y quien sabe de artes plásticas suele ser un burro en materia de política, y el experto en teatro no sabe nada de sociología, y así. Pero siempre la condición de culto le es atribuida por ser alguien que merodea los territorios que hablan del hombre, su naturaleza y su relación con el mundo, en lugar de hablar de los productos de la ciencia y la tecnología.
Más allá de las imágenes y estereotipos, hay gente genuinamente culta que presentaré en las siguientes respuestas.
2. Siempre es un valor ser culto. En los ambientes populares, un personaje culto de la "alta cultura" es visto con admiración, distancia y perplejidad. Pero, un culto del fútbol, un tipo que conoce mucho la historia del fútbol y se expresa con relativa fluidez, es un referente para los demás. Su condición de culto lo coloca a la altura de los viejos ancianos de la tribu y le ofrece la posibilidad de terminar discusiones sancionando quién tiene razón y de instalar modos de pensar. Pero es un valor genuino ser culto en tanto provee de herramientas para conocer las distintas experiencias de interrogarse acerca del hombre.
3. Joseph Campbell era un culto, un erudito y un intelectual, aunque probablemente no supiera de ingeniería de procesos o de genética. Era un conocedor erudito de las diversas creencias, un lector profundo de filosofía y un hombre que había integrado sus extraordinarias experiencias de vida en un cuerpo coherente de ideas. Y por eso era también un sabio. John Berger es un erudito en las artes plásticas, un profundo conocedor de la literatura, amén de un excelente narrador, un lector de filosofía y, también él, un hombre que ha integrado sus conocimientos y su rica y original experiencia de vida en un cuerpo coherente de ideas. Y podríamos ubicar igualmente a Georges Steiner. Aunque dudo que los dos últimos sepan mucho de sociología o de física cuántica. Así como me pregunto cuánto saben acerca de literatura nuestros últimos secretarios de cultura.
Un culto es, para mí, un tipo informado en ciertos campos humanísticos con una relativa capacidad de integrar en forma coherente lo que sabe. A un erudito lo destaca la profundidad de conocimientos y, muy especialmente, la diversidad. Y un intelectual es quien hace tareas intelectuales y es capaz de preguntarse inteligentemente por la naturaleza de lo que hace.
Laura Linares
Periodista, editora de Notas Especiales del diario La Nación.
1, 2 y 3 . Un señor que conozco, miembro muy destacado de una importante institución cultural, dijo cierta vez de otro señor, perteneciente él también al ámbito de la cultura (como que es escritor, y reconocido): "¡Qué va a ser culto ese hombre si no sabe ni agarrar un canapé!".
Quedé francamente desconcertada porque, entre otras cosas, ¿se dice agarrar, cuando uno es tan fino que debe saber lidiar con los canapés?. Mi abuela diría que agarra el que tiene garras. Pero si uno es estricto, el canapé tampoco se toma, que para eso está el champaña, servido, claro, por otro mozo –si hay suerte– en la próxima bandeja que por allí pasare. Y eso de asir un canapé, es algo tan desproporcionado como cogerlo.
Supongo que este dilema sólo puede ser bien resuelto por un erudito de la lengua. Que al intelectual le alcanza con plantearse el problema y huir raudo de un ágape que le exige cultivar modales sobre los que, evidentemente, tiene dudas. Y, ya se sabe, después le dirán que eso de dudar es pura jactancia, que siempre anda perdiendo el tiempo como un inútil y –ya le pasó a Torcuato– hasta puede que terminen reclamándole la renuncia al único conchabo que le permite, de vez en cuando, abordar un buen bife con papas fritas. No le quedaría entonces otro recurso que asistir, como un térmite, a alimentarse en los vernissages de gente culta con aquellos miserables canapés. Y eso no es vida.
Vicente Muleiro
Escritor y periodista, editor de la revista Ñ. Su última novela es Cuando vayas a decir que soy un tonto (2003).
1. Defino por la negativa. Ser culto no es, solamente, tener instrumental estético para gozar y decodificar las obras de arte. Tampoco es manejar saberes al estilo enciclopedista. Menos aún en esta época en el que se han acelerado los procesos de hibridación cultural y menos en América Latina donde la mezcla entre lo "alto" y lo "bajo" está en el centro de la identidad. Veo hoy a un tipo o a una mina culta como sujetos móviles, picoteadores, desconfiados y entusiastas.
2. Este sujeto móvil, picoteador, desconfiado y entusiasta está entre la mejor gente que se puede encontrar en nuestro países. El tema es que no participe de la construcción y apropiación del capital simbólico para posar de pavo real, sino que toque y se vaya, acepte, rechace, llore un poco, reviente de risa y no le tema a la vecindad entre la Biblia y el calefón.
3. Ser culto tiene cada vez menos que ver con la erudición. El modelo erudito pudo haber funcionado hasta Borges pero él mismo lo fracturó con citas falsas y literatura apócrifa convirtiéndose así en un verdadero escritor latinoamericano, como dice García Canclini. Deploro al sujeto cultural que, desde la posesión de datos o de información, se sube a cacarear en la platea. Al intelectual le acepto una mayor organicidad y lo relaciono con la producción de saberes y de miradas que empujan para adelante.
Roberto Pettinato
Periodista y músico, director de la revista La Mano. Conductor del programa Indomables. Su último libro es El que insulta primero insulta dos veces.
1, 2 y 3. Tener cultura es ser sensible ante una empanada o comida típica desconocida... Ser sensible con la gente que te la sirve y ser fundamentalmente una persona ubicada. Ser erudito es haber leído y masturbado durante mucho tiempo en soledad. No hay diferencia entre ser erudito en algo y coleccionar discos de Benny Goodman como hacen los viejos en este país.
Ser culto es un valor que va acompañado de una personalidad que debe estar rodeada de gente de un medio determinado. Ejemplo: en los premios de librerías o editoriales grandes solo tiene valor el lobby que se haga con tu cultura para poder ganar un premio inmerecido o bien robado de otro.
Lo único que cuenta en el mundo es la cultura como medio de sensibilización de los demás y de apertura propia, de transmisión. Si no, es sólo un puñado de palabras que sólo uno conoce y "vende" al resto.
Muchos dicen: no es culto porque no sabe de opera. Bien... Tampoco lo sería el que no sabe de jazz. La verdad: ninguno de los dos lo es.
Ahora, el que logra que los ojos de un hijo se claven en la atención al escuchar esa música después de tu relato... Eso es cultura.
En definitiva, cultos son mis amigos del taller mecánico de Monroe y Álvarez Thomas. ¡Tienen tanta vida que son lo más parecido que vi a James Joyce en ajenjo!!!
Roberto Rosler
Neurocirujano y docente, coordinador docente del Proyecto EOS, director científico de la Fundación Matera.
1. Desde una "mirada médica", como diría Michel Foucault, tal vez ser culto sea tener el deseo, y el tiempo, de internarse en otras geografías disciplinares como la filosofía, la historia, la política, la sociología y otras tantas, con el objetivo de poder reconocer que el "objeto" de análisis y tratamiento de las ciencias de la salud es en realidad un "sujeto" que conforma una entidad bio-psico-social.
Ser culto para un médico sería proponerse, en esta época de una enorme fragmentación cultural, acercarse al conocimiento de aquellos "virtuosi" de la era pre-industrial que además de la medicina dominaban múltiples campos del conocimiento como la música, la arquitectura, la ingeniería y la filosofía. Y en este intento lograr comprender que un sufriente (más que un paciente) habla con un discurso que va mucho más de la "narrativa del órgano".
Estos médicos "cultos" comprenderían que el ser humano es el corazón de las ciencias de la salud y que sin lo humano todo el edificio de las especialidades médicas se derrumba y pierde sentido.
2. Nuestro sistema nervioso, como genialmente intuyó Sigmund Freud, es un verdadero museo de ciencias naturales, y políticamente un verdadero "conservador". ¿Por qué? Porque el cerebro conserva celosamente todos aquellos sistemas celulares que han ayudado al éxito en la supervivencia y en la reproducción de todas las especies que lo han precedido en el árbol evolutivo.
Así tenemos una región del sistema nervioso que procesa las emociones, cuya morfología y función es muy parecida a la de los reptiles. Por esto no debe sorprendernos, cuando vemos a un homo sapiens actuar bajo el dominio de sus emociones, que más que un homínido superior parezca un animal primitivo.
En el cerebro tenemos también la corteza "moderna" (el neocórtex en el argot de la neurociencia) que es el lujo evolutivo de los mamíferos y especialmente de los primates superiores. El neocórtex se encarga de las funciones cognitivas (intelectuales).
¿Cuál es el "marketing" en la actualidad de estas diferentes regiones cerebrales? Si uno se sienta frente al televisor verá que, a lo sumo, una media docena de canales se dirige a nuestro neocórtex "intelectual", mientras que TODOS los canales restantes se dedican a entretener a nuestro cerebro emocional "reptil".
Pareciera que ser culto no es un valor muy importante en nuestra sociedad.
3. Creo no ser lo suficientemente culto como para responder a la tercera pregunta. ¡Perdón!
Oscar Terán
Filósofo, profesor de historia de las ideas en la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de Quilmes e investigador del Conicet. Su último libro es Ideas en el siglo, intelectuales y cultura en el siglo XX latinoamericano (2004).
1. En principio, es lo mismo de siempre: haberse cultivado mediante el desarrollo de ciertas prácticas y saberes. Pero si sobre esta afirmación, que es sin duda redundante, por eso mismo es posible ponerse rápidamente de acuerdo, las diferencias surgen en el momento en que se trata de enumerar o definir cuáles son los hábitos, los gustos y los saberes "cultos".
Puesto que existen al menos dos culturas: la letrada, de élite o como se la quiera llamar, y la cultura popular (dejemos de lado la de masas). No caben dudas de que ambas son igualmente legítimas, aunque es evidente que promueven distintos regímenes de saberes, de gustos, etc., aun cuando depende del grado de democracia social imperante en una sociedad para que estos estratos estén más o menos comunicados o contaminados. (Basta escuchar las letras de los tangos de Manzi, entre otros, para detectar que por allí pasó una poética proveniente de la cultura "culta".) Y ya que vivimos en un país donde aún perduran los ecos igualitaristas, puede observarse que conocer de fútbol suele ser un timbre entre intelectuales no necesariamente populistas, y la mención de Freud no está sólo en labios del sector que habita la cultura letrada.
En síntesis, si usted quiere ser culto, primero tiene que decidirse sobre la franja cultural que puede o quiere ocupar. Ni bien lo haya hecho, los cánones respectivos están fácilmente disponibles. Por fin, puede dedicarse a practicar diversas combinatorias entre ambas.
2. Esta pregunta deja de ser pertinente con la respuesta anterior, dado que aquélla supone que se puede no ser culto, esto es, estar afuera de toda cultura, lo cual es evidentemente imposible.
Pero si tomamos por culto a aquella persona que tiene un mayor nivel de reflexividad y sistematicidad sobre sus saberes respectivos, creo que en nuestra sociedad se trata de un valor claramente positivo.
Ahora, si usted quiere decir que "culto" es quien ha internalizado saberes de la cultura letrada, creo que aun así la valoración es predominantemente positiva, aun cuando en el seno de una cultura populista como la argentina dicha valoración se halle constantemente amenazada (o incluso impugnada por los saberes que emanan de "la universidad de la vida").
3. Tratando ahora sí de atender al sentido de la pregunta, pienso que lo que se entiende por ser culto implica una cierta posición de diletantismo que puede tornarse cuasi señorial, esto es, de un pulimiento amplio opuesto a la erudición (que quedaría del lado de ese saber especializado que para Hegel era patrimonio de los que llamaba "animales espirituales"). La figura del intelectual tiene un mayor rigor conceptual, si por ello entendemos al intelectual moderno (que puede ser otro pleonasmo), esto es, aquel que legitima su práctica a partir de esa misma práctica intelectual (no se "autoriza" ni en el capital económico, ni en la religión, ni en la política, ni en el linaje...). Y desde esa práctica específicamente intelectual interviene en la escena pública.
Claudio Zeiger
Escritor y periodista, editor de Radarlibros, Página/12. Su última novela es Tres Deseos.
1. Se me ocurre que fue cambiando el concepto de lo que es ser culto en las últimas décadas. Desde luego, manejar idiomas, poder intercambiar información sobre cine y libros, estar en general al tanto de lo que sucede en el mundo, ser cosmopolita, siguen siendo valores positivos. Lo que creo que hoy focaliza el asunto es tener el ojo atento a la diversidad; ser culto es una actitud que más que sumar carradas de libros leídos, implica una mirada abierta, desprejuiciada (creo definitivamente que no tener prejuicios es sinónimo de cultura) sobre lo que no está dado de inmediato en nuestro entorno. Estar atento a la diversidad del mundo, eso es.
2. En el sentido de la respuesta anterior creo que sí. Y ser culto en el sentido de ser bien educado, también creo que es un valor. Creo que hay que aspirar a una media cultural de toda la población, como quien dice un concepto comunitario y por qué no socialista de la sociedad. La cultura y la educación como bienes a los que vale la pena acceder.
3. Creo que ser culto es la relación lógica, debería ser el resultado de una relación entre cultura y democracia. Ser un erudito, no sé bien, me suena a hispanistas especializados en literatura medieval, así que le asigno un valor relativo y específico totalmente respetable. Ahora bien, un intelectual me trae más problemas. Está muy bastardeado el término. Odio las solicitadas firmadas por intelectuales como si fueran una raza aparte que creen que inciden sobre la realidad al participar en tanto intelectuales. Desconfío de los opinólogos y en general (mi costado populista siempre me traiciona un poco) soy de la idea de que mejor que decir es hacer (y esto vale en el sentido de "hacer" libros, notas, películas, frente al metadiscurso), así que prefiero hablar de artistas, ensayistas o escritores antes que intelectuales. Así que, resumiendo: cultos sí, eruditos más o menos, intelectuales lo dejamos ahí.
Fuente: Lamujerdemivida
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