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En "La vida brava" la escritora Helena Corbellini recrea la pasional y tormentosa vida afectiva del magistral narrador uruguayo Horacio Quiroga, en una documentada obra que transita sus dolores, sus culpas y sus pérdidas irreparables, sin soslayar los claroscuros de una personalidad sin dudas controvertida.
Nacido en Salto en 1878 y fallecido en Buenos Aires en 1937, Horacio Quiroga fue una de las plumas referentes de la literatura nacional y latinoamericana, cuya maestría narrativa alcanzó un justificado reconocimiento y admiración incluso fuera de fronteras.
Su turbulenta vida, que tuvo naturalmente una visible influencia en su deslumbrante obra, estuvo prematuramente signada por la tragedia y la pérdida irreparable.
Padeció prematuramente la muerte accidental de su padre, el suicidio de su padrastro y la autoeliminación de su primera esposa, que asumió con justificada culpa.
El propio narrador se suicidó mediante la ingestión de cianuro, para terminar con el sufrimiento provocado por la grave enfermedad terminal que padecía.
Como si se tratara de una fatalista herencia genética que trascendió en el tiempo al escritor, también se quitaron la vida Eglé, su hija mayor, y su hijo Darío.
La historia de Horacio Quiroga fue una síntesis entre Eros y Tánatos, fruto de una existencia pasional y desenfrenada que desafió las convenciones de su época.
En esta reveladora obra Helena Corbellini penetra la intimidad del itinerario afectivo del autor, a través del testimonio de María Helena Bravo, la mujer que compartió los últimos años de uno de los mejores cuentistas americanos de todos los tiempos.
Asumiendo que el itinerario existencial de Quiroga es en sí mismo una valiosa materia literaria, la autora se interna en los entretelones de su cotidianeidad.
Transformando a la última esposa en narradora y testigo privilegiado, el relato es un elocuente retrato del Horacio Quiroga hombre, más allá del mito o el genio literario.
Sin emitir inoportunos juicios de valor, Corbellini "desnuda" a sus personajes, en un discurrir que sabe capturar los momentos cruciales de una relación tan controvertida como todos los amores del gran Quiroga.
Desestimando de plano la posibilidad de transformar a la joven María Helena Bravo en víctima, la narradora asume el desafío de reconstruir una historia de encuentros y desencuentros.
Situando al lector en el Buenos Aires de comienzos del siglo pasado, la narración reconstruye minuciosamente las circunstancias en las que el escritor conoció a su futura esposa, que era compañera de estudios y amiga de su hija.
La narradora explica los conflictos derivados del inusual romance entre un hombre de casi cincuenta años de edad y una joven de apenas veinte, que generó la férrea resistencia de sus padres.
El relato confirma el reconocido espíritu transgresor del escritor, quien, desafiando a todo y a todos, transformó inicialmente a la mujer en su amante.
Los clandestinos encuentros entre ambos fueron cimentando una relación que se fortaleció en la adversidad y la intemperie de la incomprensión, hasta culminar en matrimonio.
A través del complejo periplo afectivo de una pareja que maduró su amor contra viento y marea, Helena Corbellini ensaya una aguda mirada a las costumbres de la época, signadas por la doble moral, la pacatería y la hipocresía.
En ese contexto, la autora no omite detalles que puedan resultar relevantes a su propósito de retratar con particular rigor y elocuencia a una sociedad bonaerense con mucho de provinciana y de intolerante.
No obstante, sin afirmarlo explícitamente, Corbellini sugiere que el propio autoritarismo que condenó a los amantes a la crítica mordaz pero soterrada por su acto de osadía, también era una característica de la personalidad del célebre cuentista.
En este relato, que recoge las memorias de la joven esposa, Horacio Quiroga es presentado como un hombre dominante, egoísta, patológicamente celoso y de carácter irritable.
Su inconmovible voluntad lo transformó en árbitro del destino de sus dos hijos mayores, quienes solían someterse a sus mandatos renunciando incluso a su propia autodeterminación.
Esta es quizá la faceta más contradictoria del polémico personaje, quien negaba a los seres que amaba la libertad de la cual él siempre gozó con creces.
Intercalando el presente con el pasado, Helena Corbellini redescubre un itinerario signado por la permanente controversia, impronta que recorrió toda la vida afectiva del inolvidable autor.
Ensayando una minuciosa síntesis de amores correspondidos y a menudo desgraciados, la autora evoca a otras mujeres que desvelaron el corazón del emblemático escritor.
En ese contexto, Corbellini recuerda a Ana María Cires, la primera esposa, que se suicidó; la poeta Alfonsina Storni, quien fue su única amiga, la joven Ana María Palacios y la adolescente María Esther Jurkowski.
Cada nombre femenino que aflora en el horizonte literario del libro es a su vez una historia de pasiones lujuriosas y desenfrenadas, poblada de conflictos y agrias controversias.
En esas circunstancias, esta novela biográfica contiene intrínsecamente varias novelas reales, que representan cruciales fragmentos de una existencia siempre situada en el ojo de la tormenta.
Asumiendo la necesidad de explorar la vida del escritor con mayor minuciosidad, Corbellini reconstruye también algunos aspectos de la vida social bonaerense de la década del veinte del siglo pasado.
En cierta medida, más allá de las críticas que motivaban sus actitudes claramente desafiantes, la obra confirma que Horacio Quiroga era igualmente tolerado y valorado por su extraordinario talento y prestigio artístico. Otro detalle no menos relevante es que ocupaba un cargo diplomático en representación de Uruguay.
La recreación de los ambientes de la intelectualidad de la época constituye una imagen vívidamente testimonial de las costumbres, los hábitos y hasta de las manías de las elites vernáculas.
Asimismo, la obra es también un elocuente espejo de la conflictiva coyuntura de la década del treinta, caracterizada por el autoritarismo, la violencia y hasta la intolerancia.
Incluso, la propia circunstancia de que Horacio Quiroga se haya relacionado con algunas personalidades de fuerte compromiso ideológico, amplifica considerablemente la dimensión histórica que adquiere el relato.
La recreación de las frecuentes estadías del famoso escritor en la selva de Misiones recupera en muy buena medida los paisajes y los espacios ambientales que constituyeron el núcleo inspirador de su producción literaria.
Esa naturaleza en estado casi virgen y virtualmente incontaminado por la civilización, fue la materia prima vertebral de sus tribulaciones, sus obsesiones y su genial veta creativa.
No obstante, el tórrido terror rural que recorre muchos de sus relatos, abreva no sólo de esas escenografías, sino también de su propio espíritu salvaje, emancipado y transgresor.
El amor, la locura y la muerte aludidos en su más emblemática y exitosa colección de cuentos, son tres conceptos intrínsecos a su propia peripecia existencial.
La recreación de las cruciales vivencias de Quiroga que son condensadas en este libro, confirma la indudable identidad entre la vida y la obra del extraordinario narrador.
Pocas veces un escritor retrató tan elocuentemente sus pasiones, temores y obsesiones como Horacio Quiroga, la mayoría de cuyos personajes de ficción era una suerte de alter ego de su creador.
"La vida brava" es un biográfico minucioso y documentado, que excede claramente el propósito de recrear la vida afectiva de una personalidad sin dudas excepcional.
Más allá de que el mayor foco de atención reposa en la figura del controvertido cuentista, la novela otorga igualmente un singular protagonismo a María Helena Bravo y a otros afectos del insigne escritor.
Helena Corbellini también ensaya una aguda y escrutadora mirada a las costumbres de una época, analizando sus conductas, sus prejuicios, su intolerancia y su exasperante doble moral.
La obra tampoco soslaya los conflictos políticos, los desbordes autoritarios, los compromisos éticos y la actividad de los fermentales movimientos literarios.
"La vida brava" es una reveladora y hasta descarnada radiografía de una personalidad referente de nuestra cultura, cuya vida transcurrió entre la pasión más exacerbada, el amor y la tragedia. *
María Helena Bravo, una mujer apasionada, transgresora, bellísima, se enamora perdidamente del escritor Horacio Quiroga. Se casan cuando ella aún no había cumplido los veinte años y él rondaba los cincuenta. Sus memorias son un retrato minucioso dé una cotidianidad -signada por la avaricia de Quiroga, su carácter egoísta y dominante, los celos, lujuria e irritabilidad y su aspecto desaliñado...
La autora recrea la vida afectiva de un grande de la literatura, con una existencia plena de amores correspondidos y/o desgraciados: Ana María Cires, su primera esposa, cuyo suicidio deja una huella de dolor misterioso; su única amiga mujer, la poeta Alfonsina Storni; la jovencita Ana María Palacios; la adolescente María Esther Jurkowski, quien lo inspiró para escribir el cuento "Una estación de amor".
NOTA RELACIONADA:
La vida y la personalidad de Horacio Quiroga merecen figurar, probablemente, entre los pocos materiales capaces de competir con su literaria imaginación y con la crudeza de sus cuentos. Por eso no importa cuántas veces se vuelva a su retrato, a las cartas perdidas o a la intención biográfica: hay promesa de asombro y espanto siempre. Allí regresa entonces, con este libro, la autora uruguaya, Helena Corbellini. Y la originalidad con la que recorre camino tan conocido reside en que habla por boca de María Bravo, la última esposa, el último amor del escritor.
La autora reitera y condensa, luego de un extenso trabajo documental, las anécdotas sabidas, las citas de amigos y detractores, lo que dicen las fotos, los documentos, los biógrafos. Figura aquí, por supuesto, el posible amor con Alfonsina que incluye furtivo beso en los labios, la colección de animales salvajes que le dieron fama de loco en Misiones, su pasión por las motocicletas, su relación con el campo intelectual argentino, la debilidad por las chicas jóvenes. Pero aquí todo esto está contado por una voz recreada, la de María Bravo, la que aceptó vivir con él en Misiones, la que regresó cuando la vida se hizo intolerable, la que deseó a otros hombres, la mujer con que discutió fuertemente en el hospital antes de suicidarse. Una de las pocas integrantes del clan Quiroga que no se dejaron atrapar por el imán trágico que conocemos y que, en parte por eso, no ha merecido mayor atención.
Aunque lo que se cuenta aquí es la vida de él, estas memorias ficcionales dan la ilusión de estar conociéndola a ella. Y ella reflexiona sobre el lugar de la mujer, se muestra consciente y activa frente a actitudes sexistas, liberal y liberada, y aunque poco instruida, parece tener una conciencia de género envidiable, incluso en mujeres de la actualidad. Tal vez así lo fuera. Pero algo hace sospechar que como en el caso de la superaggiornada Inés del alma mía de Isabel Allende, en la buena intención de construir mujeres interesantes, se tergiversa y oculta una visión de mundo que ha formado parte y causa del sometimiento de tantos años. En fin, en tren de suponer, se puede aventurar que seguramente a María Bravo no le gustaría mucho que esta novela, que gira sobre su relación con el escritor, se anunciara engañosamente en la tapa como “Los amores de Horacio Quiroga”.
Fte: Página12
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Para leer, mirar, comer, elegir, escuchar y pensar nuevas categorías.
LIBROS QUE SÍ
La novela luminosa, de Mario Levrero. Inmersión total en el mundo interior del escritor uruguayo. Me resultó adictiva. (Laura Kopouchian)
Los dos volúmenes de los Relatos de Cheever. Vale la pena leerlos de un tirón, es un placer non-stop. Los que se conocían se disfrutan el doble y dan ganas de leer todo Cheever otra vez. (Esther Cross)
La señorita Smila y su especial percepción de la nieve, de Peter Hoeg. Maravillosa novela policial casi sin policías, con protagonista groenlandesa especialista en hielo. (Marcela Basch)
Muerta de hambre, de Fernanda García Lao. Con un lenguaje sorprendente y una voz narrativa que atrapa y fascina, cada capítulo podría ser leído como un poema en prosa. Está tan bien escrito que da ganas de devorar el libro entero, o saborearlo lentamente, cada página como un caramelo duro. (Annakarin Thorburn)
Madre Noche, Kurt Vonnegut. Un espía americano sobrevive en la Alemania nazi como propagandista del régimen y se lo toma con demasiado buen humor. Hay que leer todo Vonnegut, pero éste, un par de veces. (Eugenia Zicavo)
Retórica especulativa, Pascal Quignard. El lenguaje desnudando toda su potencia estética al servicio de una visión del hombre a lo largo de la historia que te enfrenta a lo más sublime y lo más desgarrador de la condición humana. Una experiencia reveladora en el terreno de las ideas y todo el espanto de la belleza y del horror recorriéndote el cuerpo sin que puedas explicarte como. (Daniel Flichetrei)
Gestualidad Japonesa, de Michitaro Tada. La discreción y la sutileza de la gestualidad japonesa recorrida por este antropólogo que es más escritor que investigador. (Amalia Sanz)
Entre los muchos me inclino y reverencio de forma total y fervorosaa Versos para despejar la mente, que reúne los tres primeros volúmenes poéticos de Francisco Gandolfo. También Tiempo de regalos y Entre los bosques y el agua, de Patrick Leigh Fermor. (Christian Kupchik)
Como ser buenos de Hornby Nick. El autor nunca trata de quedar bien con el lector. No le hace falta. Extrema la trama hasta que consigue una paradoja. Nunca se sabe con cuál de los personajes es preferible identificarse. Además es divertido. (Ricardo Coler)
Este domingo, de José Donoso (Punto de Lectura). La leí hace veinte años (en la edición de Club Bruguera) y ahora la estoy releyendo con el mismo placer que sentí entonces. Esta novela del gran Donoso es un libro querible, profundo, entretenido, angustiante y sólido por todos sus lados. (Sergio O. Olguín)
LIBROS QUE NO
Travesuras de una niña mala, de Mario Vargas Llosa. Una vergüenza. Una historia armada en base a casualidades: los protagonistas se conocen en Perú, se ven en Paris, se ubican en Japón, se cruzan en Estados Unidos y siempre de casualidad, porque sí, porque soy Vargas Llosa. (R.C.)
Adulterios, de Woody Allen. ¿Es que Allen no tiene un equipo de asesores, publicistas, agentes de prensa, managers, amigos, gente que lo quiera, alguien que le prohíba publicar diálogos tan obvios y poco ingeniosos como éstos? (A.S.)
Sex Horóscopo 2007, de Mariángeles (Martínez Roca). ¿Dónde están las asociaciones feministas cuando se las necesita? ¿Cómo permiten que el libro más idiota del último año esté escrito en femenino? ¿Por qué no me dejan ni siquiera la esperanza de que lo que dice de Acuario también me vaya a pasar a mí, eh? (S.S.O.)
Hasta que te encuentre, de John Irving. Semi-autobiografía a la que parece faltarle edición, y no porque tenga mil páginas. La prosa carece de belleza, los personajes –uno de los cuales es el pene del alter ego de Irving- no son atractivos, y la trama no va a ninguna parte. (L.K.)
Soy Charlotte Simmons, de Tom Wolfe. A menos que lo lean en inglés, o que estén estudiando en los problemas de la traducción, o cierta vertiente particular de las jergas españolas jóvenes del año pasado. Demasiados "guay" para 897 páginas. (M.B.)
El camino del norte, de Horacio Vázquez Rial, por pretenciosa y oportunista. Asimismo, toda esa ola de niñas locas "yo te voy a contar todo lo que siempre quisiste saber sobre el alcohol, lesbianismo, anorexia, locura, etc." (C.K.)
La vida descalzo, de Alan Pauls. Esas frases interminables, ese rictus prolijito y pulido no tiene nada que ver con el espíritu de andar con arena en los pies. Alan, al menos, te hubieras sacado las medias.(E.Z.)
Travesuras de la niña mala, Mario de Vargas Llosa. Fiel a su estilo, demuestra, una vez más, que alguien puede tener habilidad y escribir libros complacientes y malos. (E.C.)
PELICULAS QUE SÍ
Hierro 3, de Kim Ki-duk. Bellísima historia de amor entre un marginal que estudia para espectro y una esposa aburrida de serlo. El personaje central no habla y esta película coreana tiene como centro un tema de Natacha Atlas. "A lo que más se parece la vida humana es al hierro. Si la empleas, se desgasta. Si no lo haces, la consume el óxido." (Marco Porcio Catón, 234-149 a. de C.). (C.K.)
La mosca y su secuela El regreso de la mosca, ambas con Vincent Price. Efectos especiales que hoy provocan ternura. El final de la primera película es extraordinario. En la secuela, la escena de la fallida teletransportación entre uno de los personajes y un conejillo de Indias es hilarante. (L.K)
Little Miss Sunshine. Una película chiquitita, género Sundance–Familias disfuncionales, que cumple con todo lo que promete: emoción y risas bien mezcladas. (M.B.)
La canción más triste del mundo es una de las películas más lindas del planeta. A algunos no les gustó este brillante delirio de Guy Maddin. Es raro, pero hay gente así. (A.S.)
Noi el albino. Un descanso absoluto del calor, los ruidos y el smog. En un pequeño pueblo islandés el adolescente Noi vive con su abuela y pasa los días evitando la escuela. Se mueve en el frío extremo, en la nieve y el silencio que cubre todo, entre la única librería y la única cafetería del lugar. Tragicómica y espléndida. (A.T.)
Volver, de Pedro Almodóvar: el universo visto con ojos de mujer. Hombres como rudimentarios primates y toda la potencia del género femenino en un estrecho mundo hecho de tumbas, viento, incesto, sangre, pasión y las inefables caderas de Penélope Cruz. ¿Qué más se podría pedir? (D.F.)
Buenas noches, buena suerte. Para resumir: excelente. (E.C.)
Kids (Larry Clark), Thirteen (Catherine Hardwicke), Réquiem para un sueño (Darren Aronofsky). Me dio por las historias de adolescentes, chiquitos que se drogan mucho y terminan mal. O no tanto. (E.Z.)
Miss Little Sunshine es buenísima. Americanos haciendo Almodóvar. Lo más impactante es que les sale bien. Se van un poco de madre en un par de escenas pero el resto es fantástico. (R.C.)
PELICULAS QUE NO
¿Cuánto me amas? Nada, ni un poco te amo. Monica Bellucci y Gerard Depardieu hacen el ridículo. A los pocos minutos me di cuenta de que no era una comedia. Nunca me reí tanto. (R.C.)
La vida es un milagro (Emir Kusturica), Millones (Danny Boyle): Dos ejemplos de cómo el exceso de realismo mágico puede destruir a algunos grandes directores. Al final Subiela, hizo escuela. (E.Z.)
Miami Vice. Larguísima y aburrida. Colin Farrell es un muñeco de cera y Gong Li parece preguntarse qué hace allí, al igual que el espectador. La única parte divertida es cuando los protagonistas dicen: "¡Vamos a La Habana!" y aparecen en Atlántida, Uruguay. (L.K.)
Secreto en la montaña. Para resumir: demasiado larga. (E.C.)
Los filmes "objetivos" del conflicto árabe-israelí, el 90% de las comedias yanquis, las verdades políticamente correctas francesas, el pretendido estilo cool de buena parte del cacareado "nuevo cine argentino" (exceptúo a Lisandro Alonso, Lucrecia Martel y Mariano Llinás). (C.K.)
Estoy harta de los celebradísimos hermanos Dardenne (Rosetta, El hijo, El niño). Ellos juntan palmas y trofeítos mientras siguen mostrando, con una cámara en mano intolerable, la degradación entre los humillados, ochenta años después que Arlt y Astier. (A.S.)
MÚSICA QUE SÍ
Cualquier CD del exquisito cantante, compositor y director de cine siciliano Franco Battiato. Un genio absoluto. (L.K.)
Paula West, todos sus discos. (E.C.)
En la banda de sonido de mi vida (especialmente cuando viajo en colectivo) resuena con cierta insistencia A fraction of you, el primer disco de Fredrika Stahl. Esta cantante y pianista sueca de 21 años canta en francés y en inglés temas jazzeros compuestos por ella y por su banda. Apunta a convertirse en la nueva Diana Krall. (S.S.O.)
Yann Tiersen, Stephan Micus, el Quinteto Nobuko Yasuda (tango), La Folia, de Jordi Savall. (C.K.)
Madar, Jan Garbarek & Anouar Brahem: el saxo austero y refractario a toda concesión edulcorante del noruego Jan Garbarek se abraza con el oud (laud árabe) de Anouar Brahem y la tabla de Ustad Shaukat Hussain. Una trama conmovedora tejida con sonoridades y silencios que te traslada a una atmósfera despojada de estruendos y te confirma la soledad brutal con que habitamos el universo. (D.F.)
Machine gum, de Jerónimo Saer (el mismísimo hijo de Juan José). Es bello como esperanza, deseo y alegría pura. Influencias mezcladas con gran precisión: la producción tiene elementos electrónicos, de hip hop, de música del mundo, voces de París y Buenos Aires. La música es tranquila y movida, acaricia y pincha, te relaja y te despierta. (A.T.)
Julie Delpy. De pronto, el mundo se llenó de francesitas que, además de ser lindas, cantan divinamente. Julie –que también actúa, dirige, escribe guiones y compone sus propios temas– es una de las que ocupa la cima. El disco que lleva su nombre es para escuchar una y otra vez. (A.S.)
Me sigue gustando el pop delicado y cantabile de Sebastián Rubín. Su último disco se llama Esperando el fin del mundo. (M.B.)
Marvin the Album y Shape, Frente: Escucho a estos australianos hace diez años. Y sobreviven.(E.Z.)
MÚSICA QUE NO
The eraser, Thom Yorke: No era necesario grabar todo lo desechado por Radiohead. (E.Z.)
Pobrecito Migue García. Tan parecido al padre que impresiona: misma cara, mismo cuerpo, mismos movimientos, hasta la misma voz. Es casi un clon, pero un clon vacío de alma, como un zombie. Basta escuchar sus canciones. (M.B.)
Los covers. Más allá de los pastiches del tipo tango&bossa, zamba&bossa, tap&bossa, que inundaron el mercado el último año, el nicho de los covers parece no tener límites. ¿Es que tan pocos tienen buenas ideas para nuevas canciones? (A.S.)
¿Alguien me puede explicar qué tiene el tal Vicentico? Desafina más que Fito Páez - pero no compone como él. Encima, lo pasan todo el tiempo en el supermercado. (L.K.)
Brad Mehldau Trío. Day is Done. (E.C.)
Bossa / Reggae / Carnavalito / Polka Stone: era mejor el cable musical de las grandes tiendas. El homenaje a Calamaro. Calamaro. Agüero o Tévez… ¿cantando? (C.K.)
LUGARES QUE SÍ
La feria de Tristán Narvaja, en Montevideo. Libros inhallables, antigüedades, animales, discos viejos, plantas, ropa y hasta dentaduras postizas usadas, en una atmósfera muy especial. (L.K.)
Los desiertos: cualquiera. "El desierto es consistencia, el desierto es coincidencia, es el lugar de retención de toda pretensión" (Théodore Monod, Méharées). (C.K.)
Bar "El Cairo", Rosario: un espacio enorme pero que preserva la intimidad de una mesa de café. Libros, diseño respetuoso de la historia del lugar, un éxtasis de sambayón en la mítica tortilla El Cairo y el fantasma tierno del negro Fontanarrosa recibiendo a los visitantes. (D.F.)
Georgia del Sur, la isla favorita de los navegantes solitarios. Lejos de todo, en el meridiano de Groenlandia. Montañas, glaciares, pingüinos y renos, estaciones balleneras abandonadas. (M.B.)
Galería Sara García Uriburu: Después de un largo pasillo, uno de los más lindos patios escondidos en mitad de la Recoleta. Uruguay 1223.(E.Z.)
Patrice I (Hipólito Yrigoyen y Matheu): una de las fondas destacadas en la Gira de Bodegones 2006 del grupo El Entorno (del que formo parte). Comida rica a buen precio y muy buena atención. Los puntos culminantes: la picada gratuita que te dan al llegar y el budín de pan casero con pasas de uva y nueces. (S.S.O.)
Bar Saint Moritz ( Esmeralda esquina Paraguay ). El tiempo está detenido en esa combinación precisa –y preciosa– de maderas oscuras, mantelería roja y amarilla y sillas de cuero colorado. (A.S.)
Microcentro a la noche. (E.C.)
LUGARES QUE NO
Microcentro de día. (E.C.)
Cualquier cine, cualquier sábado a la noche: Parece que la gente desconoce que las salas abren todos los días, desde temprano. (E.Z.)
San Telmo. Siempre fue gris y con las veredas angostas. Ahora además está lleno de turistas, y encima hay robos internacionales. (M.B.)
El Estadio Monumental: se ve todo más lejos que en un televisor de 14 pulgadas. El frío que hace en sus tribunas es sólo comparable a la heladera pectoral de los habituales ocupas de la popular local. (S.S.O.)
Nordelta, o de cómo el hombre se las ingenia para degradar cualquier huella del Paraíso. (C.K.)
Cabo Polonio, Uruguay. Bueno, puedes ir si te encantan los hippies, si las focas muertas te parecen divinas y si encuentras pintoresco el olor a excremento de caballo. Si no, no. (A.T.)
La costa de Vicente López cuando el intendente cumpla sus ambiciones faraónicas y de las otras: edificios "con vista al río"; eufemismo por "que tapan la vista al río y contaminan la zona". (L.K.)
Countries. Si sos mujer de vida ligera, te matan. Si sos mujer preocupada por los niños perdidos, te matan. Además, claro, está lo de vivir en una burbuja y todo eso. (A.S.)
ANIMALES QUE SÍ
La anfisbena de Brunetto Latini citada por Borges: "Es serpiente con dos cabezas, la una en su lugar y la otra en la cola; y con las dos puede morder, y corre con ligereza, y sus ojos brillan como candelas". (L.K.)
Perro. (E.C.)
El lagarto overo: admiro su inmemorial capacidad onírica. El lagarto Juancho. Las suricatas, pero sólo porque viven en Madagascar –no en la película–. (C.K.)
El oso polar, el hipopótamo, el pingüino, los elefantes marinos: en tierra, nadie daría dos pesos por la destreza de todos ellos, pero en el agua son sutiles, livianos, bellos. (A.S.)
Conejos. Muy populares en Madrid entre adultos sin hijos. ¿Sustituto de qué? Da igual, son suaves, calentitos, fieles y tontos. Además hacen ruidos agradables dándose la vuelta o mordisqueando zanahorias y uno nunca se siente solo. (A.T.)
Pingüinos. Ninguna connotación política. Se supone que son aves pero no vuelan: nadan. Unos bichos muy simpáticos, con sus panzas lustrosas y su pasito vacilante. (M.B.)
Caballos: Sobre todo, al galope. (E.Z.)
Antes el mejor amigo del hombre era el perro, ahora el animal que más lo beneficia parece ser el lactobacilo que viene en el Actimel. (R.C.)
El perro raza perro, el perro sin pedigree. Ése que te hace sentir que estar acompañado es posible. El perro que aúlla mal cuando te morís y lo dejás solo. (S.S.O.)
ANIMALES QUE NO
Oso Panda. Un vago: es un gran trepador pero siempre está en el suelo; podría comer carne, pero le da fiaca y prefiere pasarse 18 horas al día mascando bambú –claro, no hay que cazarlo–. Para peor dicen que no es un oso. (A.S.)
El gato castrado macho en posesión de mujer single (soltera, divorciada o viuda). Me dan impresión. El resto de los gatos me dan desconfianza. (S.S.O.)
Desaconsejo los peces de pecera porque son de vida corta. Cuando se mueren es un drama y si no hay drama, peor todavía. Es la especie animal que nos enseña que morirse no tiene la menor importancia. (R.C.)
Caracoles: vivos no me gustan para nada. En salsa, es otra cosa.(E.Z.)
Focas. Si alguna vez una foca los mira fijo y se acerca amenazadoramente, no corran, porque la foca corre más rápido, y su mordida llega hasta el hueso. Hay que mantener la calma y hacer ruido para asustarlas. (M.B.)
Los caracoles de jardín que se meten en mi buzón del correo y se morfan todos los papeles. Me da cosa matarlos porque crujen y largan juguito. (L.K.)
Palomas. (E.C.)
Las ratas, sobre todo aquellas que roen en los ambientes laborales. El conejo Buggs Bunny, demasiado flaco y demasiado listo. (C.K.)
COMIDAS QUE SÍ
El lehmeyún, mal llamado empanada árabe. Simple y delicioso. Mejor si es de la panadería Medio Oriente o del restaurant de la Asociación Cultural Armenia. (L.K.)
Pamplona uruguaya (sin papel). Las parrilladas de La Villa, en las afueras de Miramar. La comida polaca del Club Polaco. Las tortillas de El Cortijo, fonda que me enseñó Olguin (Stgo. Del Estero y Rivadavia). (C.K.)
Satay chicken. En el barrio chino venden unos sobres mágicos: el A contiene el polvito para macerar los pedazos de pollo, y el B, lo necesario para hacer la salsa de maní picante. Después se asa como brochette. (M.B.)
Tallarines: Aunque me encantan las ostras, el sushi, el pulpo (y todo lo caro que viene del mar) si tuviera que elegir un plato para comer por toda la eternidad, unos tallarines, estarían bien.(E.Z.)
El dulce de batata. Compite cuerpo a cuerpo con el dulce de leche pero supera con creces a la crema, al sambayon y al chocolate. Desconfíen de quienes opinan lo contrario. Si usted opina lo contrario, lo más probable es que su ex marido o su ex esposa tengan razón en todo lo que dicen. (R.C.)
El pastel de papas: sin pasas de uva, doradito de queso arriba, con huevo en el interior. Nuez moscada en el puré, infaltable. Y la carne picada levemente picantita. (S.S.O.)
La combinación papa + carne es insuperable: hamburguesas con papas fritas, milanesas con puré, lomo a la pimienta con papas a la crema, costillas con papas rosti, pastel de papas… podría alimentarme de esos dos elementos siempre. (A.S.)
COMIDAS QUE NO
La ensalada de remolacha y berro: dos asquerosidades unidas para formar una asquerosidad mayor. Falta que le pongan radicheta y ahí sí, un asco total. (S.S.O.)
Mayonesa: Mmm... ese amarillo...(E.Z.)
No a los falsos restoranes mexicanos que cobran dieciséis mangos por un (falso) burrito (harina, jamón y queso). (M.B.)
Los platos de Divina Patagonia: porciones ínfimas, en relación inversamente proporcional a los precios. La culpa es mía por ir a un lugar con un nombre tan tilingo. (L.K.)
Riñones. Huelen a pis de gato, parecen orejas de muerto, a ver... No. (A.T.)
Sesos. (C.K.)
COSAS QUE SÍ
Los globos terráqueos antiguos. (L.K.)
El papel film (aunque no entiendo porqué se llama "papel"). Es adictivo; por momentos dan ganas de envolverlo todo con él. (A.S.)
Aunque me moleste categorizarla como "cosa", la sonrisa de mi hija Chiara al despertar; la armonía de mi hija Chiara durante el día; la dulzura de mi hija Chiara al entregarse al sueño… (C.K.)
Abanico. En el subte, en la playa o en el boliche: serás el más elegante, refrescado y obtendrás nuevos amigos. (A.T.)
Un lápiz, cualquiera, todos. Tomalo entre los dedos, cerrá los ojos y dejate penetrar desde la percepción afásica del tacto por la serena densidad de la madera y la belleza sin estridencias de las formas perfectas. (D.F.)
Las bolsas ziplock. (E.C.)
Pen drive. Pequeño gran invento. (M.B.)
Relojes de arena: Para ver el tiempo pasar a través de un nudo de cristal.(E.Z.)
La brújula. No anda ni a pila recargable ni le hace falta batería solar. Muy útil para gente desubicada. (R.C.)
Las figuritas con autoadhesivo: cuando yo era chico había que pegarlas con plasticola y vivía haciendo enchastres. Las nuevas figus son la prueba cabal de que la civilización avanza para bien. (S.S.O.)
COSAS QUE NO
Desaconsejo el pen drive. Lo más probable es que lo pierdas antes de que lo uses. (R.C.)
El llavero: es incómodo de trasladar, siempre se pierde, no hay diseños lindos. Un auténtico despropósito. (S.S.O.)
Tacos aguja: Con algo de envidia a las que pueden con ellos. (E.Z.)
Mails en cadena. (E.C.)
Los ringtones. Ya bastante insoportable era la eterna profusión de celulares. Viva el modo vibrador. (M.B.)
Zapatos de plástico: Tendrás tu pileta propia, pero peligro, resbalas y o te rompes la pierna o se ríen de ti. Sí, la moda incomoda. (A.T.)
La frase –puesta en loop, irritante como pocas otras cosas– "Todos nuestros operadores se encuentran ocupados; gracias por esperar". Uff… (A.S.)
El celular. Aún suponiendo su pretendida utilidad, para mi gusto tiene demasiados efectos secundarios. (L.K.)
La contaminación sonora de Buenos Aires. La eternidad de Julio Grondona. Los diseñadores que no devuelven los libros… (C.K.).
Vía: LMV
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