Este chiste lleva un tiempo circulando vía mail, aún así decidí postearlo. ¿El motivo? Retrata -apelando a un cierto humor negro- la realidad argentina -después de todo, todo chiste revela algo de verdad- , o al menos pone de manifiesto una buena parte de lo que nos pasa a los argentinos... diría que es el tema más apremiante desde hace unos años y que recibe escasos o nulos resultados concretos por parte de quienes debieran hacer algo eficaz contra el pánico, la impunidad y la incertidumbre generalizada, en lugar de entregarse al más cómodo leseferismo y neutralidad ideológica ante un pueblo ávido de respuestas.
Aprendé a llamar a la policía
Tengo un sueño muy liviano, y la noche pasada noté que había
alguién andando sigilosamente por el jardín de mi casa....
Me levanté silenciosamente y me quedé siguiendo los leves ruidos que
venían de afuera, hasta ver una silueta pasando por la ventana del baño.
....Como mi casa es muy segura, con rejas en las ventanas y
trancas internas en las puertas, no me preocupé demasiado,
pero estaba claro que no iba a dejar al ladrón ahí,
contemplándolo tranquilamente...
....Llamé a la policía e informé la situación y di mi dirección.
....Me preguntaron si el ladrón estaba armado; de que
calibre era el arma; si estaba solo; si ya estabadentro de la casa; etc., etc.
....Aclaré que no y que de las características del arma
no sabía nada... Me dijeron que no había ningún
patrullero para ayudar, pero que iban a mandar a alguién
en el momento que fuera posible.
Que si pasaba algo que volviera a llamar ...!!!!
....Dos minutos después llamé nuevamente y dije con voz muy calmada:
...No hay necesidad de que se apuren.
....Yo ya maté al tipo con un tiro de escopeta calibre 12,
que tengo guardada para estas situaciones. Y el tiro se lo
pegué en la cara...!!! Le volé la cabeza y ahora sus
sesos están regados por el jardín...
....Pasados menos de tres minutos, había en mi calle 5
patrulleros de la Policía Federal; un helicóptero; el
defensor del pueblo, el fiscal de turno, 2
patrullas de Defensa Civil, un equipo de reporteros
de Televisión; fotógrafos; 1 diputado, 2 concejales y un
grupo de derechos humanos, que desde luego no se
perderían esto por nada del mundo (ya que siempre ayudan a violadores, asesinos etc..).
También llegó la Bonafini con Schoklender.
Y Zaffaroni llamó por teléfono...
.....La Policía agarró al ladrón in fraganti, quien estaba mirando todo con cara de asombro, tal vez pensando que la mía era la casa del Jefe de Policía...
....En medio del tumulto, un Oficial se aproximó y me
dijo: Creí que había dicho que había matado al ladrón.
Yo le contesté: Creí que me habían dicho que no tenían
a nadie disponible para mandar.
¡¡¡¡¡ Viva ARGENTINA, Carajo!!!!!
03:09 Anotado en Actualidad, Humor, Pasa en la Argentina, Sociedad | Permalink | Comentarios (3) | Email esto | Tags: argentina, inseguridad, policia, impunidad, asaltos, justicia, victimas
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Se llama Proyecto Cartele, y es la más asombrosa colección de fotos de carteles, afiches, pizarrones, anuncios y posters de la vía pública. Un archivo viviente del humor y el diseño gráfico no profesional de toda hispanoamérica. Con la colaboración de fotógrafos de todo el país y el mundo, recolección a través del sitio: http://www.carteleonline.com/
Participe de este proyecto y haga reir a su comunidad.. o al mundo entero.

02:05 Anotado en Curiosidades, Diversión, Humor, Web | Permalink | Comentarios (5) | Email esto | Tags: humor, diversion, carteles, web
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Un monólogo del recordado cómico Tato Bores, aplicable a cualquier tiempo y lugar

La culpa de todo la tiene el ministro de Economía, dijo uno.
¡No señor! dijo el ministro de Economía mientras buscaba un mango debajo del zócalo. La culpa de todo la tienen los evasores.
¡Mentiras! dijeron los evasores mientras cobraban el 50 por ciento en negro y el otro 50 por ciento también en negro. La culpa de todo la tienen los que nos quieren matar con tanto impuesto.
¡Falso! dijeron los de la DGI mientras preparaban un nuevo impuesto al estornudo. La culpa de todo la tiene la patria contratista; ellos se llevaron toda la guita.
¡Pero, por favor...! dijo un empresario de la patria contratista mientras cobraba peaje a la entrada de las escuelas públicas. La culpa de todo la tienen los de la patria financiera.
¡Calumnias! dijo un banquero mientras depositaba a su madre a siete días. La culpa de todo la tienen los corruptos que no tienen moral.
¡Se equivoca! dijo un corrupto mientras vendía a cien dólares un libro que se llamaba "Haga su propio curro" pero que, en realidad, sólo contenía páginas en blanco. La culpa de todo la tiene la burocracia que hace aumentar el gasto público.
¡No es cierto! dijo un empleado público mientas con una mano se rascaba el pupo y con la otra el trasero. La culpa de todo la tienen los políticos que prometen una cosa para nosotros y hacen otra para ellos.
¡Eso es pura maldad! dijo un diputado mientras preguntaba dónde quedaba el edificio del Congreso. La culpa de todo la tienen los dueños de la tierra que no nos dejaron nada.
¡Patrañas! dijo un terrateniente mientras contaba hectáreas, vacas, ovejas, peones y recordaba antiguos viajes a Francia y añoraba el placer de tirar manteca al techo. La culpa de todo la tienen los comunistas.
¡Perversos! dijeron los del politburó local mientras bajaban línea para elaborar el duelo. La culpa de todo la tiene la guerrilla trotskista.
¡Verso! dijo un guerrillero mientras armaba un coche-bomba para salvar a la humanidad. La culpa de todo la tienen los fascistas.
¡Malvados! dijo un fascista mientras quemaba una parva de libros juntamente con el librero. La culpa de todo la tienen los judíos.
¡Racistas! dijo un sionista mientras miraba torcido a un coreano del Once. La culpa de todo la tienen los curas que siempre se meten en lo que no les importa.
¡Blasfemia! dijo un obispo mientras fabricaba ojos de agujas como para que pasaran diez camellos al trote. La culpa de todo la tienen los científicos que creen en el Big Bang y no en Dios.
¡Error! dijo un científico mientras diseñaba una bomba capaz de matar más gente en menos tiempo con menos ruido y mucho más barata. La culpa de todo la tienen los padres que no educan a sus hijos.
¡Infamia! dijo un padre mientras trataba de recordar cuántos hijos tenía exactamente. La culpa de todo la tienen los ladrones que no nos dejan vivir.
¡Me ofenden! dijo un ladrón mientras arrebataba una cadenita a una jubilada y, de paso, la tiraba debajo del tren. La culpa de todo la tiene los policías que tienen el gatillo fácil y la pizza abundante.
¡Minga! dijo un policía mientras primero tiraba y después preguntaba. La culpa de todo la tiene la Justicia que permite que los delincuentes entren por una puerta y salgan por la otra.
¡Desacato! dijo un juez mientras cosía pacientemente un expediente de más de quinientas fojas que luego, a la noche, volvería a descoser. La culpa de todo la tienen los militares que siempre se creyeron los dueños de la verdad y los salvadores de la patria.
¡Negativo! dijo un coronel mientras ordenaba a su asistente que fuera preparando buen tiempo para el fin de semana. La culpa de todo la tienen los jóvenes de pelo largo.
¡Ustedes están del coco! dijo un joven mientras pedía explicaciones de por qué para ingresar a la facultad había que saber leer y escribir. La culpa de todo la tienen los ancianos por dejarnos el país que nos dejaron.
¡Embusteros! dijo un señor mayor mientras pregonaba que para volver a las viejas buenas épocas nada mejor que una buena guerra mundial. La culpa de todo la tienen los periodistas porque junto con la noticia aprovechan para contrabandear ideas y negocios propios.
¡Censura! dijo un periodista mientras, con los dedos cruzados, rezaba por la violación y el asesinato nuestro de cada día. La culpa de todo la tiene el imperialismo.
Thats not true! (¡Eso no es cierto!) dijo un imperialista mientras cargaba en su barco un trozo de territorio con su subsuelo, su espacio aéreo y su gente incluida. The ones to blame are the sepoy, that allowed us to take even the cat (la culpa la tienen los cipayos que nos permitieron llevarnos hasta el gato).
¡Infundios! dijo un cipayo mientras marcaba en un plano las provincias más rentables. La culpa de todo la tiene Magoya.
¡Ridículo! dijo Magoya acostumbrado a estas situaciones. La culpa de todo la tiene Montoto.
¡Cobardes! dijo Montoto que de esto también sabía un montón. La culpa de todo la tiene la gente como vos por escribir boludeces.
¡Paren la mano! dije yo mientras me protegía detrás de un buzón. Yo sé quién tiene la culpa de todo. La culpa de todo la tiene El Otro. ¡EL Otro siempre tiene la culpa!
¡Eso, eso! exclamaron todos a coro. El señor tiene razón: la culpa de todo la tiene El Otro.
Dicho lo cual, después de gritar un rato, romper algunas vidrieras y/o pagar alguna solicitada, y/o concurrir a algún programa de opinión en televisión (de acuerdo con cada estilo), nos marchamos a nuestras casas por ser ya la hora de cenar y porque el culpable ya había sido descubierto. Mientras nos íbamos no podíamos dejar de pensar: ¡Qué flor de guacho que resultó ser El Otro...!
01:25 Anotado en Humor | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: Blogs en Español, tato bores, comico, argentina, monologo, politica
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¡Qué viejo estoy! ¿O qué viejo soy? No sé, nuestro idioma español, castellano o vaya a saber qué, distingue tajantemente el estar del ser: son dos verbos distintos. El inglés engloba en el genérico to be las dos acepciones y provoca hilarantes errores que los gringos cometen muy a menudo cuando están aprendiendo nuestra florida lengua romance. Así, se oyen cosas como: "Soy contento", "soy afuera" o "estoy tarde". Nosotros, los hispanohablantes, diferenciamos bien las dos posibilidades idiomáticas, pero hay momentos en la vida en las que uno se plantea si es o está.
¿Por qué no puedo memorizar los números de los teléfonos celulares y en cambio no tengo inconvenientes con los de línea? ¿Por qué me molestan tanto los que mastican sonoramente pochoclo en los cines y convidan a sus acompañantes produciendo un molesto ruido mezcla de maraca con serrucho? ¿Por qué no puedo recordar el nombre de ningún cantante o conjunto rockero o rapero o reggae o funk o bailantero que tenga menos de veinte años de trayectoria? ¿Por qué pregunto dónde está mi llavero cuando lo tengo en la mano? ¿Por qué se me borró el "registro de caras" y paso papelones al no reconocer a gente con la que he cenado, conversado, discutido o bailado durante un respetable número de veces? De acuerdo: no son íntimos, no son hermanos de la vida ni parientes, pero ¿por qué me parecen totalmente desconocidos, casi extraterrestres? ¿Por qué me parecen cada vez más estériles e inaguantables las mesas redondas donde se debaten temas de actualidad y me niego a prestarme a esos encuentros? ¿No sería mejor una cama redonda? ¡Nooo! De sólo pensar en los que las protagonizan por televisión me corre frío por la espalda. ¿Por qué me gusta tanto hablar en los cafés y en los restaurantes con amigos y conocidos? ¿Por qué, haciendo teatro, no hago más que hablar de teatro después del teatro? ¿Por qué soy nostálgico de cosas que no viví, como la Corrientes angosta o el tranvía a caballo? ¿Por qué recuerdo un baile de carnaval de 1949 en el que no me pasó nada especial como no fuera la docena de especiales de crudo y queso que me mandé al buche, y tengo confusiones cuando trato de recordar algo que pasó hace un año? ¿Por qué me pierdo en barrios porteños en los que nunca viví pero que he visitado con asiduidad para ir a reportajes o cumpleaños de amigos? ¿Por qué Costa Rica, Honduras, Guatemala se me traspapelan y confunden con Humahuaca, Bacacay, Boyacá y nunca sé indicarle al tachero (más perdido que yo) cómo corno se llega? ¿Por qué cada vez me cuesta más hacer la digestión y el relojito biológico del funcionamiento intestinal se parece más al carrillón de Notre Dame agitado por Quasimodo al borde de un ataque de nervios que al británico y puntual Big Ben que solía ser? ¿Por qué me acostumbro a oír estupideces y no contestarlas? ¿Por qué empiezo a olvidarme del motivo de antiguas peleas y entredichos con gente a la que no saludo hace años?
Podría seguir enumerando preguntas inquietantes hasta el infinito. Sin embargo, debo reconocer que no a todas estas cuestiones las vivo como un retroceso o con una sensación de decadencia. ¡Para nada! En algunos casos son opciones más o menos conscientes de una manera más cabal de vivir la vida. Bueno..., lo que quede de ella. Otros casos los internalizo como un avance sobre mi "corrección política", que ya me tenía un poco cansado. Pero, claro, en otros no tengo más remedio que suspirar nostálgicamente por lo que se perdió y no volverá.
No soy viejo, estoy viejo. Viejo para fingir, viejo para ocultar lo que pienso en aras de la formalidad, viejo para aguantar lo que me parece estúpido, ilógico o patético, viejo para soportar la más mínima prepotencia y viejo para recordar datos inútiles que no hacen al fondo de ninguna cuestión de vital importancia. Y soy viejo para todo el resto. Cosa que, a decir verdad, tampoco me desvela. ¿Me pierdo en Palermo Viejo? ¡Ma sí!, invoco al fantasma de Borges y ya encontraré la esquina rosada que me guíe.
¿Me molesta el crunch-crunch del pochoclo? Me cambio de butaca y chau.
¿No me acuerdo como se llama tal o cual grupo musical? Seguramente, porque no me interesa el repertorio que interpretan.
Y seguiré hablando en los cafés de mi amada Buenos Aires, seguiré extrañando aquellas viejas pizzerías de barrio, aquellos primeros días de primavera cuando la sangre joven y virulenta ardía en las venas también jóvenes y sin colesterol de los veinte años. Y seguiré pensando que ser viejo o estar viejo es una cuestión de matices, y que lo más importante de la vida es abrir los ojos al despertar y saber que "el de arriba" nos regaló otras veinticuatro horas.
* El autor es actor y escritor
02:00 Anotado en Humor | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: Blogs en Español, Pinti, humor
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Entré al consultorio, me quité el piloto, lo colgué en el perchero, miré durante unos segundos cómo se iba mojando la alfombra y avancé hasta el diván. Me senté; no estaba en condiciones de acostarme. Si en esa sesión no miraba a la cara a mi analista, no hubiera sido capaz de emitir una palabra. Sabía que lo que había descubierto podía cambiar el curso de mi terapia. Percibía que por primera vez estaba a punto de descifrar por qué me afectaba tanto no entender la realidad,algo que les pasa también a muchos políticos sólo que a ellos no les importa.
Mirándolo a los ojos, le dije a mi terapeuta: “Mi mamá y mi papá me engañaron todo el tiempo”. Y sin dejarlo pestañear fui desarrollando el nudo de mi angustia. Y no fueron mentiras así nomás.
Yo puedo perdonarles que me hayan asegurado que si tomaba la sopa iba a crecer, pero no esas calumnias que afectaron mi vida para siempre. Con la carga adicional de saber que no estaba recordándolas todas, comencé a enumerar las que aún resonaban en mi atormentado cerebro:
Al llegar a ese punto, me arrepentí de verle la cara a mi terapeuta, él también estaba llorando mientras hacía añicos el retrato familiar que hasta ese día cuidaba como un tesoro.
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Fragmento del libro "Sesiones Extraordinarias" de Jorge Guinzburg publicado recientemente por Editorial Norma. El libro reúne las columnas semanales que el autor escribe "desde el diván" o en camino a su sesión psicoanalítica y retrata con incisivo humor a la Argentina actual y los sueños y angustias de sus ciudadanos.
Fuente: Diario Clarín. (archivo en formato pdf)
18:00 Anotado en Humor, Libros | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: Blogs en Español, guinzburg, argentina, humor, psicoanalista
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por Alejandro Dolina
La historia del psicoanalisis en el barrio de Flores es bastante curiosa. Quienes conocen a los Hombres Sensibles ya sospecharan que las teorias de Freud no fueron formuladas pensando en ellos. Y aunque estos varones siempre fueron aventureros y buscadores de sueños, cuesta bastante imaginarlos en el sillon de un psicoanalista.
Sin embargo, muchos profesionales alcanzaron cierto exito en el barrio del Angel Gris. Algunos fueron consultados por los Hombres Sensibles y hasta existieron escuelas y corrientes opuestas que dieron lugar a apasionantes polemicas. El primer analista que se establecio en Flores fue -segun dicen- el doctor Mauricio D. Finkel. Los comienzos no fueron faciles y su consultorio de la avenida Rivadavia permanecio desierto durante meses. Los vecinos creian entender que Finkel adivinaba la suerte o tiraba las cartas o tal vez vendia rifas. Con esa idea se presento un dia de invierno el primero de sus pacientes. Se trataba del poeta Jorge Allen, quein buscaba consuelo a un desengaño amoroso y penso que no estaba del todo mal intentar alguna solucion magica. sigue>>
23:30 Anotado en Humor | Permalink | Comentarios (1) | Email esto | Tags: Literatura
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