03/06/09

Psikeba Nº9

Psikeba, Revista de psicoanálisis, arte y estudios culturales - Número 9

 

28/06/08

Los 100 intelectuales más influyentes

Se conoció el ranking de los cien intelectuales públicos más relevantes del mundo, producto de una votación online; los diez primeros son de origen islámico.

1 Fethullah Gülen

2 Muhammad Yunus

3 Yusuf Al-Qaradawi

4 Orhan Pamuk

5 Aitzaz Ahsan

6 Amr Khaled

7 Abdolkarim Soroush

8 Tariq Ramadan

9 Mahmood Mamdani

10 Shirin Ebadi

11 Noam Chomsky

12 Al Gore

13 Bernard Lewis

14 Umberto Eco

15 Ayaan Hirsi Ali

16 Amartya Sen

17 Fareed Zakaria

18 Garry Kasparov

19 Richard Dawkins

20 Mario Vargas Llosa

21 Lee Smolin

22 Jürgen Habermas

23 Salman Rushdie

24 Sari Nusseibeh

25 Slavoj Zizek

26 Vaclav Havel

27 Christopher Hitchens

28 Samuel Huntington

29 Peter Singer

30 Paul Krugman

31 Jared Diamond

32 Papa Benedicto XVI

33 Fan Gang

34 Michael Ignatieff

35 Fernando Henrique Cardoso

36 Lilia Shevtsova

37 Charles Taylor

38 Martin Wolf

39 E.O Wilson

40 Thomas Friedman

41 Bjørn Lomborg

42 Daniel Dennett

43 Francis Fukuyama

44 Ramachandra Guha

45 Tony Judt

46 Steven Levitt

47 Nouriel Roubini

48 Jeffrey Sachs

49 Wang Hui

50 V.S Ramachandran

51 Drew Gilpin Faust

52 Lawrence Lessig

53 J.M Coetzee

54 Fernando Savater

55 Wole Soyinka

56 Yan Xuetong

57 Steven Pinker

58 Alma Guillermoprieto

59 Sunita Narain

60 Anies Baswedan

61 Michael Walzer1

62 Niall Ferguson

63 George Ayittey

64 Ashis Nandy

65 David Petraeus

66 Olivier Roy

67 Lawrence Summers

68 Martha Nussbaum

69 Robert Kagan

70 James Lovelock

71 J Craig Venter

72 Amos Oz

73 Samantha Power

74 Lee Kuan Yew

75 Hu Shuli

76 Kwame Anthony Appiah

77 Malcolm Gladwell

78 Alexander De Waal

79 Gianni Riotta

80 Daniel Barenboim

81 Thérèse Delpech

82 William Easterly

83 Minxin Pei

84 Richard Posner

85 Ivan Krastev

86 Enrique Krauze

87 Anne Applebaum

88 Rem Koolhaas

89 Jacques Attali

90 Paul Collier

91 Esther Duflo

92 Michael Spence

93 Robert Putnam

94 Harold Varmus

95 Howard Gardner

96 Daniel Kahneman

97 Yegor Gaidar

98 Neil Gershenfeld

99 Alain Finkielkraut

100 Ian Buruma




26/06/08

Argentina y el conflicto con el campo

kirchner - argentina - situacion sociopolitica actualidad

 

En la política no hay muertes ni muertos sagrados, intocables; en la religión tampoco. Todo sufre la penetración interesada: “Desaparecidos”, “Evita”, el reciente desenterrado “Frondizi”. Como dice Matilde Sánchez en su novela “El desperdicio”: los fantasmas son paganos. La revuelta del campo revolvió los espectros.

En la tercer entrega deVelocidades, Leonardo Sai reflexiona sobre la situación sociopolítica en Argentina. LEER NOTA

 


 

14/03/08

Las mujeres en el cuerpo del arte; Iconografías, idearios y vicisitudes de la sexuación

Las intervenciones feministas en la producción y recepción del arte han contribuido claramente a mostrar cómo el arte, en cuanto práctica cultural, ha excluido históricamente la subjetividad de las mujeres.

 

Las mujeres en el cuerpo del arte; Iconografías, idearios y vicisitudes de la sexuación - Rosa Aksenchuk. http://www.psikeba.com.ar/articulos/RA_Mujeres_en_el_cuerpo_del_arte_iconografias_y_sexuacion.htm

 

 

Fue precisamente la voluntad de paliar este vacío la que Impulsó a algunas mujeres a emprender ambiciosos proyectos artísticos en los que la figura de la mujer comenzó a plantearse iconográficamente, aunque de un modo aún más tímido, imbuido todavía de cierto temor reverencial, la imagen sexual del hombre. La noción de sexualidad masculina desde la perspectiva de la mujer daría una medida de la virilidad en términos de plástica y culturalmente distintos de los que construye el hombre.

 

Las mujeres en el cuerpo del arte; Iconografías, idearios y vicisitudes de la sexuación - Rosa Aksenchuk. http://www.psikeba.com.ar/articulos/RA_Mujeres_en_el_cuerpo_del_arte_iconografias_y_sexuacion.htm
 

 

En este contexto, las metáforas de flores y frutos que pueden encontrarse en multitud de obras. constituyeron una de las vías elegidas por algunas artistas para representar las diferencias sexuales. La fotógrafa y artista española Ouka Lele las ha utilizado en muchas de sus obras, junto a elementos tomados de la hagiografía religiosa (halos, flechas, éxtasis). Otras artistas ampliaron aún más sus conexiones con la naturaleza, como lo refleja la documentación de la performance Siluetas de la cubana Ana Mendieta, a fines de los setenta. Mendieta se insertó en el entorno natural, tierra, vegetación, tomando su propio cuerpo como base. El cuerpo fue el principal tema de reflexión artística para Mendieta [2]; a través de él la artista exploró transformaciones físicas y materiales de marcado carácter ritual, donde conceptos como bonito o feo desaparecían en ese contexto y surgía otra noción inmemorial y primitiva de la femineidad.

Un paso más en esta apropiación del mundo natural como imagen alternativa de la mujer son los túneles solares construidos por la norteamericana Nancy Holt. Esta artista, que trabaja en el contexto del land art, situó su obra maestra «Sun Tunnels» en el desierto de Utah. Allí colocó una serie de tubos de metal en un emplazamiento sobre el paisaje. En esta serie, que consta de cuatro túneles de 18 pies de largo cada uno, con un diámetro interno de 8 pies, parece poderse asistir al alumbramiento del sol a través del tubo de metal que pasa gradualmene de la oscuridad al sol. Son metáforas sencillas pero de gran fuerza plástica sobre la interdependencia de elementos aparentemente opuestos, como el día y la noche, la luz y la oscuridad, y por extensión el hombre y la mujer [3].


Herstory: en busca de la mujer artista

En 1973, la artista plástica estadounidense Judy Chicago presenta una ambiciosa propuesta artística denominada The Dinner Party («La Cena»).

 

Las mujeres en el cuerpo del arte; Iconografías, idearios y vicisitudes de la sexuación - Rosa Aksenchuk. http://www.psikeba.com.ar/articulos/RA_Mujeres_en_el_cuerpo_del_arte_iconografias_y_sexuacion.htm

 

 

Instalada en el interior de una gran habitación, la obra consistía en una mesa en forma de triángulo equílatero preparada para treinta y nueve comensales (trece a cada lado del triángulo). Cada uno de estos cubiertos estaba dedicado a una mujer (bien fuese una figura histórica, como la reina egipcia Hatshepsut, la emperatriz bizantina Teodora o la escritora Christine de Pizan (s. XV); o mitológica, como las diosas Ishtar, Artemis o Isis), cuyo nombre aparecía bordado en la parte frontal de la mesa. Frente a cada uno de los nombres había un plato de porcelana decorado con imágenes de claras reminiscencias vaginales. La mesa se alzaba sobre una amplia superficie de azulejos pulidos - a la que Chicago denominó «the Heritage Floor» («el suelo de la herencia»), en la que aparecían inscritos, en letras doradas, otros novecientos noventa y nueve nombres de mujeres. La obra poseía una carga simbólica evidente: el triángulo equilátero como simbolo de igualdad, a la vez, que representación arcaica de la vulva; el número trece, aludía por su parte tanto al número de hombres presentes según los Evangelios en la Última Cena, como al número de mujeres que integraban las comunidades de brujas medievales.

En términos generales, como expresa Mayayo [4], podría decirse que el proyecto de Chicago respondía a un doble objetivo. "Se trataba, por un lado, de reescribir la historia desde desde un punto de vista femenino, alejándose de «la historia de él» (history) para adentrarse en la de «ella» (herstory), de recuperar toda una parcela del pasado que había sido sistemáticamente silenciada por la cultura patriarcal: The Dinner Party -señalaba Judy Chicago a este respecto- «es un intento de reinterpretar la Última Cena desde el punto de vista de las personas que han preparado siempre la comida» [5]. Siguiendo la exhortación de Virginia Woolf, la obra de Chicago aspiraba a edificar una genealogía de mujeres eminentes de la historia occidental: "Tomando como punto de partida las sociedades patriarcales, The Dinner Party hace referencia al desarrollo el culto a la Diosa Madre, reflejo de una época en la que las mujeres dsfrutaban de poder político y social [...]. La obra describe a continuación la destrucción paulatina a la que se ven sometidas estas sociedades ginecocráticas y el establecimiento definitivo de la hegemonía de los hombres sobre las mujeres" [6], y termina con Virginia Woolf y Georgia O'Keefe y los primeros intentos de restablecer una imaginería femenina.

Desde 1979, año en que se expuso con gran éxito en el San Francisco Museum of Art, The Dinner Party se convirtió en una de las obras más emblemáticas pero también más polémicas del feminismo contemporáneo. Desde el mismo momento de su realización suscitó una serie de críticas virulentas en el mismo entorno feminista. En primer lugar, al reivindicar una tradición eminentemente femenina, no sólo se propugnaba de esta manera una visión separatista de la historia femenina que ignoraba la relación dialéctica que las mujeres siempre han mantenido con la cultura masculina; sino que además terminaba por reforzar el aislamiento al que se han visto tradicionalmente sometidas.

En segundo lugar, la estructura jerárquica de la obra favorecía sólo a algunas mujeres (las treinta y nueve mujeres que se sentaban a la mesa), a expensas de otras (las novecientas noventa y nueve relegadas al suelo de cerámica, por no hablar de los millones de mujeres «anónimas» que ni siquiera aparecían mencionadas. Esto, sumado a la magnitud y complejidad de realización de la obra, junto con las ambiciones de Chicago de crear una "obra maestra", le otorgaban a The Dinner Party la solemnidad de un momumento conmemorativo, al punto que algunas feministas [7] criticaron el hecho de que para escapar de la historia idealizada por grandes hombres se había recurrido a la exaltación de un linaje de mujeres "heroínas".

Finalmente, como subrayaban muchas analistas de la época, la obra alentaba una visión monolítica de lo femenino, en tanto presuponía, en su conjunto, la existencia de un sujeto femenino universal, e implícitamente blanco, occidental, heterosexual y de clase media.

 

Iconografías de la diferencia

Alrededor de 1974, Judy Chicago abandona las formas abstractas que había cultivado en los inicios de su carrera artística y se aboca a la realización de obras con claras resonancias orgánicas; como "Peeling Back" («Arrancando»), en la que, en torno a una figura redonda, central, se superponen el simbolismo de la flor, la vulva, el corazón y el sol. Una imaginería con una evidente exaltación del útero como medio de plantear de forma radical el problema de la diferencia sexual.

¿Puede hablarse de un "arte de mujeres"? ¿Existe una "naturaleza femenina" común a todas las mujeres? En suma, la existencia de una sensibilidad artística específicamente femenina se convertirá en una de las preocupaciones centrales tanto de Chicago como de Miriam Schapiro; quienes en los setenta publican, en autoría conjunta, un artículo titulado "Female Imagery", en el que reivindican la existencia de una imaginería femenina a la que denominan «iconología vaginal». Ambas autoras proponen que al analizar la obra de las mujeres artistas es frecuente que en muchas de ellas aparezca un orificio central, cuya organización funciona como una metáfora del cuerpo femenino. Georgia O'Keefe con sus "misteriosos pasadizos a través de los pétalos negros de un iris"; Lee Bontecou con sus imágenes de cavidades vaginales; Deborah Remintong y sus formas ovoides; Schapiro y sus "agujeros centralizados", Chicago y "sus imágenes circulares"[8].

Cabe destacar, que si bien estas autoras parecen sugerir que la aparición reiterada de estas formas vaginales responde a una especie de expresión inconsciente de la sexualidad femenina, la proliferación de vulvas, círculos, flores, etc., en el arte de los setenta puede interpretarse también como un gesto político, es decir, como un intento de crear una nueva iconografía feminista. Incluso, para muchas artistas de los setenta, representar el cuerpo de la mujer suponía no sólo la oportunidad de generar autorrepresentaciones alternativas a las definiciones normativas del cuerpo femenino, sino también de revalorizar ciertos aspectos de la expresión corporal de las mujeres - tales como la menstruación o la sexualidad - tradicionalmente desdeñados en el patriarcado [9].

 

 

La construcción de la subjetividad femenina

Este énfasis en lo corporal propugnado en especial, como se ha visto hasta aquí, por Chicago y Schapiro, será precisamente lo que algunas artistas y teóricas comiencen a cuestionar, entre ellas Parker y Pollock: "Estas imágenes vaginales se prestan a peligrosos malentendidos. No alteran radicalmente la identificación secular de las mujeres con la biología, ni desafían la asociación de las mujeres con la naturaleza. En cierto sentido, se limitan a perpetuar la definición de la identidad femenina en términos exclusivamente sexuales. " O sea, lo que está en juego aquí es la consideración de las mujeres como cuerpo e incluso como órgano sexual.

Así, ensalzar el universo vivencial de las mujeres no contribuye a subvertir los términos en los que la categoría «mujer» ha sido definida a lo largo de la historia. El problema no consistiría en intentar desenterrar una supuesta esencia de lo «femenino», sino en desvelar cómo el propio concepto de «la femineidad» se construye a través del lenguaje y, en general, de la cultura. De ahí que gran parte de la teoría feminista vuelva la mirada, a lo largo de los años setenta y ochenta, hacia la obra de los autores postestructuralistas franceses, y en particular hacia los textos de Jacques Lacan, Michel Foucault y Jacques Derrida.

En otras palabras, la identidad sexual no constituye, como sugerían Chicago y Schapiro, una suerte de núcleo esencial e irreductible que haya que redescubrir y potenciar, sino una construcción en contínuo proceso de definición y redefinición. Como expresa Simone de Beauvoir en El segundo sexo: «la mujer no nace, se hace».

Por otra parte, cabe señalar que es en particular el psicoanálisis el discurso que al ofrecer una teoría de lo inconsciente, ha sido precisamente por ello, y lo es aún, de especial interés para muchas feministas, como así también para aquellos que desean ubicarse por fuera de una definición rígida de la diferencia sexual. El inconsciente, comoquiera que se lo teorice, es el fundamento a partir del cual es posible rebatir y transformar esas rígidas definiciones. Además de las mujeres que han hecho críticas sistemáticas a los repetidos esfuerzos de Freud por definir la femineidad, también existen analistas y feministas que, a través de sus revisiones de la obra freudiana, han hecho notables contribuciones al trabajo clínico o a la crítica artística [10].

Una parte central de la importancia teórica del psicoanálisis para el feminismo es su formulación, ahora convertida casi en cliché, de que la anatomía por si sola no determina la identidad sexual, y, del mismo modo, que la diferencia sexual no puede ser reducida a lo cultural. Entonces, si las sexualidades masculino/femenino no son categorías de la esencia, ni son constructos meramente históricos, ¿qué produce la diferencia sexual?

Para Freud, lo que produce la diferencia es el significado asignado a la diferencia anatómica de los órganos masculinos y femeninos, interpretadas en términos de presencia y ausencia. En consecuencia, ninguno de los dos sexos es completo: las mujeres sufren de «envidia de pene», y los hombres de «angustia de castración». Lo que debe recordarse junto a esta osada afirmación es que para Freud la sexualidad humana es siempre psicosexualidad, la sexualidad del sujeto del inconsciente. De manera similar, la pregunta de Freud «¿Qué quiere una mujer?», fue mal interpretada en términos de deseo femenino y no de «lo femenino», lo cual remitió nuevamente a la mujer a la biología. Aquí el concepto de sexuación aportado por Lacan fue crucial para emprender un análisis acerca de la diferencia sexual.

 

 

De la sexualidad a la sexuación


¿Qué es la sexuación? El proceso por el cual inconscientemente un sujeto «elige» su modo de ser como femenino o masculino. Allí donde Freud define las diferencias anatómicas en términos de sus consecuencias psíquicas, Lacan define la posición sexuada en términos de la obtención de un lugar en lo social como sujetos sexuados. El rasgo fundamental del sujeto lacaniano es su alienación a partir de su entrada misma en el lenguaje, un sistema que une tanto como divide.

Y es una constatación clínica dentro de la práctica del psicoanálisis. La clínica psicoanalítica de la sexuación no puede reducirse a la sexualidad, no se dedica simplemente a temas como la impotencia y la frigidez sino que "toca puntos del ser mismo del sujeto en sus elecciones profundas e inconscientes. Muchas falsas salidas se abren frente a estos enigmas, uno de los más habituales consiste en pensar la sexuación como una cuestión de identificación. Esta versión corriente, en particular en los Estados Unidos, reduce la cuestión sobre el ser a elecciones de la conciencia, elecciones «de identidad». Para los alumnos de Lacan, la anatomía no es el destino, la elección del sexo es eminentemente inconsciente y se apoya en una imposible relación entre sexos. Las soluciones deben ser inventadas por cada uno, el análisis permitirá reinventarlas. A pesar de la ausencia de relación entre los sexos, las relaciones de un sexo con el otro valen la pena de ser vividas.

La clínica psicoanalítica testimonia que es cada vez más difícil para cada uno saber qué quiere decir ser hombre o mujer. Los movimientos de “liberación sexual” están hoy confrontados a las impasses que trataron de resolver. Comunidades de un nuevo orden se forman mientras que la moral religiosa o se hunde o se radicaliza en fundamentalismos sectarios o belicosos. [11]"

Esta tensión entre una visión biologicista y otra culturalista, o si se quiere, entre una perspectiva esencialista y otra construccionista de la «identidad sexual» no ha sido una mera disputa especulativa, sino que tiene importantes implicancias políticas. De esta manera, la creación de imágenes basadas en la experiencia femenina, en la línea propugnada por Chicago y Schapiro, bien pudo haber tenido cierta utilidad táctica para el movimiento feminista.

La diferencia entre ambas posiciones queda clara si se comparan dos obras emblemáticas del arte feminista. The Bird Project («El Proyecto del Nacimiento») de Judy Chicago y Post Partum Document («Documento post-parto» de Mary Kelly. Ambos versan sobre el tema de la maternidad; pero parten de posturas totalmente divergentes.

The Bird Project constituye un homenaje arrebatado a la figura de la madre; se trata de decenas de imágenes realizadas con técnicas propias de las tradiciones artesanales femeninas (bordado, macramé, crochet, etc.), en las que la autora intenta volver a dotar a la maternidad del prestigio y del poder sagrado del que gozaba en las primitivas sociedades matriarcales.

Mary Kelly, por el contrario, se propone problematizar el concepto mismo de maternidad, esto es, analizar cómo se construye socialmente el papel de la madre en la cultura patriarcal. Post Partum Document describe los pormenores de la relación entre Kelly y su hijo durante los primeros seis años de vida del niño. La artista elige un tema tradicionalmente femenino, pero se aleja al mismo tiempo de las representaciones habituales de la maternidad (el clásico modelo de «Madonna con niño»). Inspirándose en las teorías de Lacan sobre la constitución del sujeto sexuado a través del mecanismo de adquisición del lenguaje, Post Partum Document no sólo pretende ahondar en el proceso a través del cual el niño asume una posición masculina, sino también en el proceso de constitución de la subjetividad femenina a través de la experiencia de la maternidad.

 

¿Qué nos enseña Post Partum Document?

1. La maternidad no reside en una esencia biológica
A través del Documento, una obra que permite vislumbrar el desarrollo del bebé filtrado a través de la mirada de la madre, Kelly intenta dejar claro que la maternidad no reside en ninguna esencia biológica. Algunos teóricos o críticos [12] de la obra acentúan la complejidad de ciertos procesos fisiológicos que Post Partum Document deja entrever (como el destete, o el desarrollo del sistema digestivo del infante) para los cuales la Medicina no puede llegar a dar respuestas o, al menos, no alcanza a comprender con precisión. Debe tenerse en cuenta que una madre no sólo da alimento y cuidados al infans, junto con esto dona su mirada, su sostén, su habla y, sobre todo, un ritmo; y al donar el ritmo, dona el campo de lenguaje y una ley de presencia y ausencia.

2. La dimensión «herida» del cuerpo de la mujer
El dolor es un tema recurrente para todos aquellos artistas que han expuesto su cuerpo como soporte o elemento artístico. Todos ellos intentan mostrar algo que el ojo no puede ver, algo que va más allá de la contemplación, de la representación. Dentro de este contexto, Kelly pone en evidencia la dimensión "herida" del cuerpo de la mujer, preocupación que comparte con Ana Mendieta y otras artistas que intentan poner en evidencia la objetualzación y vilipendio de la mujer en el sistema capitalista falocentrista: El cuerpo se proyecta como subversión del cuerpo cotidiano..

3. El niño como síntoma de la madre
El niño aparece como el síntoma de la madre en la medida en que ésta es juzgada a través de aquél. De ahí que en Post Partum Document la artista expone una sucesión de preguntas, dudas y preocupaciones al intentar responder a las expectativas de la sociedad. En suma, el Documento de Kelly desvela así las inquietudes a las que se enfrenta una mujer a la hora de representar lo que la sociedad le adscribe como su rol «natural».

4. La Mujer no es la Madre
Este punto guarda estrecha relación con el anterior; en tanto articula la adscripción de madre como rol «naturalizado» dentro de la sociedad y la dialéctica fálica entre el «ser» -como propia de las mujeres-, y el «tener» como consustancial con los varones .

Jacques Lacan es tal vez uno de los autores que con más contundencia se preocupó por señalar el fundamental antagonismo que hay entre la Mujer y la Madre; de hecho, en contraste con la mujer que «n'existe pas», la madre ciertamente sí existe. Para Freud, en cambio, es sabido que el amor de un hombre culmina con el hijo deseado, al margen de la relación sexual, como único objeto «causa de deseo» para una mujer. Sin embargo, responder a la cuestión del deseo sexual con la progenitura es muy paradójico. Ciertamente, el hijo, para una mujer es un preciado «objeto a», pero pertenece a la dialéctica fálica del tener que no le es propia y sólo raras veces satura el deseo, el ser propiamente femenino. Por otra parte, resulta claro que una madre puede atender de muchos modos distintos a su bebé. En principio podemos acordar que el mero hecho de ocuparse de la difícil tarea de decriptar el llanto de su bebé representa algo fundamental que merece para ella semejante esfuerzo. Según Freud un madre hace este esfuerzo porque su hijo entra bajo el modo de una ecuación, a equivaler el pene que le falta. Si no hubiera tal equivalencia, si el bebé no le reportara a la madre una porción de goce que le falta, ninguna madre se tomaría el trabajo de criar un bebé, lo cual es bastante difícil, penoso y cansador. Con todo, el hijo puede reportarle una cuota de goce, y hacer callar la exigencia femenina, como se ve en los casos en que la maternidad modifica radicalmente la posición erótica de la madre; puede obturar en parte la falta fálica en la mujer, pero no es causa del deseo femenino que entra en juego en el cuerpo a cuerpo sexual.

Rosa Aksenchuk

 

NOTAS:

[1] Woolf, V., Una habitación propia. Seix Barral, Barcelona. 1995

[2] "Mendieta describió su obra como una vuelta al seno materno. Consistente en un único gesto: incorporarse al medio natural, fundirse con él en un acto místico. Es una larga metáfora del regreso a lo primario, construida desde su propia sed individual de retorno, su"sed de ser", como dijo ella misma. Pero también es una experiencia trascendental, una hierofanía íntima. Esta religiosidad "primitiva" en la práctica del arte, basada en la reactivación dentro de éste de acervos tradicionales de América Latina, hermanan su práctica con la de Juan Francisco Elso. Ambas obras consistían en un ritualismo que era a la vez real y simbólico. No es que en ellos el arte volviera a la religión, sino lo opuesto: la religión regresaba al arte. Quiero decir que éste no pasaba a desempeñar funcionesancilares de la religión: se apropiaba de prácticas religiosas para fines artísticos ampliados hacia lo religioso.": http://www.lablaa.org/blaavirtual/todaslasartes/anam/anam...

[3] Puede consultarse la siguiente página web: http://arted.osu.edu/160/13_Holt.php

[4] Mayayo, Patricia. Historias de mujeres, historias del arte. Ediciones Cátedra, Madrid. 2003.

[5] La obra permaneció recluida en un almacén desde 1988, hasta que en 1996 el Armand Hammer Museum of Art y el Cultural Center de la Universidad de California en Los Ángeles decidieron organizar una exposición que situase el proyecto dentro del contexto de la práctica artística feminista de los años setenta. Véase A. Jones (Ed.), Sexual Politics, Judy Chicago's Dinner Party in Feminist Art History, Berkeley, Los Ángeles, Londres, University of California Press, 1996.

[6] Chicago, Judy. The Dinner Party. A symbol of our heritage, Nueva York.

[7] Puede consultarse al respecto: "From finish fetish to feminism: Judy Chicago's Dinner Party in California Art History" de Laura Meyer

[8] Chicago, J y Schapiro, M. Female Imagery, Womanspace Journal, 1973

[9] Éste será, de hecho uno de los objetivos principales que inste a Chicago a fundar en 1970 el primer programa de educación artística feminista de EEUU en el Fresno State College, después de seleccionar a quince estudiantes mujeres comprometidas con la lucha feminista. El objetivo principal del programa de Fresno era a ayudar a las estudiantes a construirse una «identidad fuerte», a desarrollar sin trabas sus ambiciones personales y a liberarse de las definiciones estereotipadas de lo «femenino».

[10] Como Julia Kristeva (en especial Sol negro. Depresión y melancolía [Black Sun Black Sun. Depression and Melancholia]); o Hélène Cixous & Catherine Clement [The Newly Born Woman]

[11] García, Germán. Texto preparado en referencia al XII Encuentro Internacional del Campo Freudiano, “Clínica de la sexuación”, a efectuarse el 20 y el 21 de julio en el Palacio de los Congresos de París, Francia. [El destacado en itálica es de la autora con el fin de enfatizar la intención del presente texto.]

[12] Parker y Pollock. Old Mistresses.

 

[*] Lic. Rosa Aksenchuk. Psicoanalista. Licenciada en Psicología. Universidad de Buenos Aires. Editora Asociada de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net. Directora de Psikeba, Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires http://www.psikeba.com.ar/. Coordinadora de Arès Atención Psicológica: http://www.arespsi.com.ar.

 

 

Las mujeres en el cuerpo del arte; Iconografías, idearios y vicisitudes de la sexuación - Rosa Aksenchuk
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14/01/08

Bob Marley

 






10/09/07

Revista Psikeba. Edición 5 - 2do. Cuatrimestre 2007

Número 5

Agosto de 2007


Año 2. Primer Cuatrimestre 

ISSN 1850-339X

El derecho en la obra de Kafka
Susanne Marie Weber
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SONAR AGENDA ARTISTICO-CULTURAL

 

Directora: Rosa Aksenchuk - Editor asociado: Adolfo Vásquez Rocca
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06/06/07

Acerca del nihilismo.

Un buen ensayo sobre lo que advirtió Nietzsche: síntomas (desilusión-pesimismo-decadencia) y enfermedad (nihilismo), escrito por Mateo Rau (Licenciatura en Filosofía Pontificia Universidad Católica de Valparaíso VIÑA DEL MAR - CHILE).


Diagnóstico de la filosofía nietzscheana.
En torno al eterno retorno del sinsentido

Mateo A. Rau Catalán

 

 

“Nada más irritante que esas obras en las que se coordinan las ideas frondosas de un espíritu que ha aspirado a todo, salvo al sistema. ¿De qué sirve dar una apariencia de coherencia a las de Nietzsche, so pretexto de que giran en torno a un motivo central? Nietzsche es un conjunto de actitudes y supone rebajarle, buscar en él una voluntad de orden, una preocupación por la unidad. Cautivo de sus humores, ha recensionado sus variaciones. En su filosofía, meditación sobre sus caprichos, vanamente quisieran los eruditos elucidar constantes que rechaza”.

Cioran, E.M., Adiós a la filosofía y otros textos. Prólogo, traducción y selección de Fernando Savater. Alianza Editorial, S.A., Madrid, España, 1995, pp. 67-68

 

Introducción

El proceso de descubrir un problema no comienza con el problema en sí, éste sólo es un segundo momento. No es el problema el que se nos muestra y producto de su presentación nos llegamos a percatar de él, sino que lo primero que se descubre son los síntomas. En el método clínico el primer paso es la formulación de las quejas de salud por el propio enfermo, para recién luego dedicarse a la obtención de la información que se necesita; luego el médico elabora una hipótesis (una especulación) que finalmente deberá ser comprobada. En la filosofía nietzscheana se procede de modo similar, pero en este caso el enfermo no formula ninguna queja pues no se percata de su condición de enfermo: lo único cierto son sus síntomas. Es Nietzsche quien repara en éstos, en los síntomas de una época. Pero es bien sabido que los síntomas no son la enfermedad como tal, no son el problema en cuestión; sino que actúan como simples mensajeros, como notas que notifican.

Al respecto, es interesante mencionar que al descubrir un síntoma éste ya lleva impreso una noción, un paradigma de lo que es “bueno” y de lo que es “malo”. Es por esto que uno no considera el hecho de “estar sano” como síntoma de una enfermedad. En este sentido, Nietzsche, o bien descubrió síntomas que bien no podrían serlos (¿qué hubiese importado ser un nihilista pasivo, un pesimista de la vida, o un indiferente?), o bien ya su tono vital (su noción de mundo) estaba por sobre todo; siendo así como descubrió males donde otros no veían.

Así, el diagnóstico de la filosofía nietzscheana en un primer momento es el siguiente: síntomas como la desilusión y el pesimismo; y la hipótesis del origen de estos síntomas en la idealización y creación de valores (tales como el cristianismo o la creencia de la razón: signos de la decadencia), y el desmoronamiento de estos valores impreso en la frase “Dios ha muerto”. Pero bien, ¿cuáles son las consecuencias? ¿Cuál es el problema que Nietzsche ve en esta aparente enfermedad aún no preescrita? ¿Es sólo en las consecuencias de la enfermedad donde se puede constatar si efectivamente se trata de un problema o no? La consecuencia que trae esta enfermedad es la visión más extrema del nihilismo, el considerar que este “en vano”  se repite una y otra vez. Se trata del “eterno retorno” en su expresión más vulgar y negativa.

No obstante, en toda enfermedad nueva sólo se llegan a conocer las consecuencias en el momento que aparece el primer muerto, el primer cadáver. Sólo ahí llegamos a conocer cuáles son las consecuencias finales de la enfermedad expresada en sus síntomas. Es por ello que no se pueden diagnosticar enfermedades que aún no lo son; se requiere de un sujeto por el cual transcurra toda la vida de la enfermedad: ¡Europa fue ese sujeto!; y cuando Nietzsche descubrió la enfermedad, Europa ya estaba demasiado muerta para ser tratada. Para conocer las consecuencias que puede traer una enfermedad es necesario que haya un cadáver; para toda enfermedad nueva y un diagnóstico completo se requiere de un muerto y este muerto fue Europa.

El nihilismo es la consecuencia de la desilusión que el hombre siente al ver que su invención idealista no ha dado los frutos esperados. Pero estrictamente, como siempre fue una creación resultar ser sólo un problema aparente; aunque efectivamente el hecho del problema sea la impresión de haber trabajado en vano. Sin embargo, ¿acaso quienes no trabajaron tienen que desilusionarse también? Es por ello que Europa fue descubierta como el primer cadáver a causa de esta enfermedad aparente y América resulta ser el ejemplo de humanidad ausente de toda enfermedad; pues se trata de una etnia esclavizada, dependiente, inocente, etc., a la cual le impusieron una creación y creencias en sus valores. Por ende, estrictamente hablando, América no puede desilusionarse de lo que no ha hecho. Aquí no se sienta esa decadencia personal propia del decir: “yo he fracasado”, “yo he creado algo que fue en vano”. Como mucho se desilusionarían de haber creído en algo falso pero estrictamente sólo hubo digestión. Transcurrirán generaciones y se levantarán con otra mirada, con la mirada del niño. Y se volverá o a creer en otra mentira o a crear por inventiva.

Así, el diagnóstico finaliza del siguiente modo: las consecuencias que trae esta enfermedad es la visión más extrema del nihilismo, el considerar que este “en vano” se repite una y otra vez: se trata del eterno retorno. Y la solución a ello, consiste en el hacerse convaleciente, en la mirada dionisíaca, el decir: ¿esto era la vida?, ¡pues que comience de nuevo!

1. Lo que advirtió Nietzsche: síntomas (desilusión-pesimismo-decadencia) y enfermedad (nihilismo)

“¿Qué significa el nihilismo?: Que los valores supremos pierden validez. […] el nihilismo radical es […] la comprensión de que no tenemos el menor derecho a plantear un más allá o un en-sí de las cosas que sea «divino», que sea moral viva.”

Nietzsche es el gran descubridor, el psicólogo de una época. Advierte los síntomas de una época que ha caído en la decadencia, en la desilusión, en el pesimismo. Y las consecuencias que ellas traen son un profundo nihilismo. El pesimismo es sólo una forma previa del nihilismo, es quien la configura. El nihilismo es el resultado de un darse cuenta, de percatarse que el trabajo que se ha ido llevando hasta entonces no ha rendido frutos, ha sido en vano; es la conciencia de un largo despilfarro de fuerzas. Se trata entonces de la misma vergüenza que uno siente hacia sí mismo, como si uno se hubiese estado mintiendo desde hace mucho tiempo: toda una vida.

Nietzsche se percató de aquello: advirtió la atmósfera de la decadencia, el ambiente de la desilusión producto de la pérdida de la creencia en un valor. La causa del nihilismo es la desilusión sobre una supuesta finalidad del devenir. El hombre europeo al darse cuenta de que a través de él no actuaba “un todo” infinitamente absoluto pierde la creencia en su valor, dejando de tener algún fundamento para hacerse creer a sí mismo en la existencia de un “mundo verdadero”. Así, se rechazan las categorías de “bien”, “unidad”, “absoluto”, “trascendente”, “redención”, etc., y el mundo se muestra como falto de valor. El mundo así desnudo, mostrándose tal como es, es quien produce en el hombre europeo el sentimiento del abandono, de desesperanza; desilusionado de la vida se vuelve pesimista ante el porvenir: y en últimas instancias nihilista de la vida.

          Nietzsche señala que el nihilismo tiene una doble modalidad: por un lado está el nihilismo activo, como signo de un creciente poder del espíritu. Y por otra parte se encuentra el nihilismo pasivo, como signo de decadencia y retroceso del poder del espíritu. Nietzsche aborrece a este último nihilismo: al pasivo; al que se lamenta entre sollozos gimiendo: “la vida no merece la pena” “¿de qué sirven las lágrimas?”, etc. Si bien es posible que todo sea en vano, que todo acontecer no tenga sentido, ¿por qué el filósofo nihilista llega a pensar que no debería existir nada sin sentido y en vano? Nietzsche se lo pregunta también, pues ¿por qué no debería ser en vano? ¿De dónde se toma este sentido?

2. Consecuencias del nihilismo: su expresión en el nihilismo extremo, en la noción del eterno retorno del sinsentido.

“¿No reside aquí precisamente para Nietzsche el secreto del Eterno Retorno?: “Este mundo mío dionisíaco que se crea siempre a sí mismo, que se destruye eternamente a sí mismo; este enigmático mundo de la doble voluptuosidad; este mi “más allá del bien y del mal” sin fin, a menos que no se descubra un fin en la felicidad del círculo; […] ¿queréis un nombre para ese mundo?... ¡Este nombre es el de Voluntad de Poder, y nada más!...”

Nietzsche abre una brecha de pensamientos, una posibilidad del extremo. Así, considera el pensamiento del sinsentido, del en vano, en su forma más terrible: y esto es, en la existencia tal como es (sin sentido y sin finalidad) pero inevitablemente retornando sobre sí mismo, sin llegar a un final en la nada. Se trata del eterno retorno. Para Nietzsche es esta la forma más extrema de nihilismo: ¡la nada eterna!

          En Así habló Zaratustra la primera noción del eterno retorno es expresada por el enano medio topo que lleva Zaratustra en sus espaldas. Zaratustra al increpar al enano y decirle: “O tú o yo, enano”, busca sobrepasar su propia condición de enfermo, de enfermedad humana: su pesimismo nihilista, su ateismo. El enano, la pesadez humana, es quien habla del eterno retorno en su expresión más vulgar y negativa rechazando la visión rectilínea y mundana de la concepción lineal del tiempo. Es decir, rechaza la noción de un mundo verdadero que esté más allá del aparente sensible. Y sostiene en cambio la de un tiempo circular, visión ya presente en el pensamiento estoico.

Pero ni siquiera el enano comprende sus palabras, y es por ello que lo recrimina Zaratustra, quien sí termina siendo agobiado por el peso de aquellas palabras: pues la comprensión de un tiempo circular es la comprensión de tener que volver a lo ya superado: al hombre. La visión del enano es la visión del eterno retorno que conduce al nihilismo de la vida. Es éste el asco que se apropia de Zaratustra, pues el eterno retorno se plantea en su raíz vital más honda. La serpiente que penetra en la boca del pastorcillo y que luego se encontrará en el mismo Zaratustra es el gran asco del hombre: “el saber ahoga” y hace pensar: “todo da igual, nada vale la pena”, “la vida no sirve de nada”.

“Sobre la vida los más sabios han juzgado igual en todas las épocas: no sirve para nada… Siempre y en todas partes se ha oído de su boca el mismo tono, un tono lleno de duda, lleno de melancolía, lleno de cansancio vital, lleno de resistencia contra la vida. […] Hasta Sócrates estaba harto.”

          Pero Sócrates era un bufón, un décadent, un monstrum que también tiene que ser superado. Pero esta superación es personal, es propia: es por ello que cuando Zaratustra se encuentra con el pastorcillo no puede –aunque es lo que más desee– arrancarle la serpiente de la boca. Lo que más puede hacer es gritarle, decirle que la muerda y le arranque la cabeza. Así mismo lo expresa Nietzsche al final de Así habló Zaratustra:

“Están alegres –continuó Zaratustra–, y quién sabe si no es a costa de su anfitrión. Pero aunque hayan aprendido de mí a reírse, no han captado mi forma de hacerlo. Pero, ¿qué más da? Son gente vieja, que se cura y se ríe a su manera. […] Desaparece el asco que sentían estos hombres superiores, y en ello consiste mi victoria.”

El asco que produce el eterno retorno es asentir, asumir la esencia retornante del tiempo, la vuelta del todo que conduce al en vano, al desgano, al nihilismo. Y el mayor asco que es el volver al hombre demasiado hombre, al hombre ya superado. Pero, ¿cómo desaparece este asco? ¿Cómo se supera al hombre que ha matado a Dios? ¿Qué es lo que se dice en los dominios de Zaratustra, en los túneles de su cueva?

3. Conclusión: solución presentada por medio de la aceptación del eterno retorno y la visión dionisíaca.

“¿Habéis querido en algún momento que una cosa sucediera dos veces? ¿Habéis dicho alguna vez: ¡Me gustas, felicidad! ¡Vamos, instante!? Si es así, habéis querido que volviera todo: todo nuevo y eterno, todo encadenado, trabado, enamorado; entonces amasteis el mundo. Vosotros que sois eternos, amadle eternamente y para siempre. Y decidle igualmente al dolor: ¡Pasa, pero vuelve!”

          La solución de Nietzsche para desaparecer el asco del pesimismo, de la desilusión, del eterno retorno del sinsentido, etc., es el recorrido de toda su filosofía, pues es el mismo Nietzsche quien busca su propia cura. Si Nietzsche aborrece la decadencia es porque él mismo fue un decadente que frecuentaba burdeles, si despreciaba la demencia es porque él mismo estaba predestinado a ello. Por ello la cura a la enfermedad se encuentra ya en la misma visión dionisíaca del El nacimiento de la tragedia (en donde se revela la decadencia de Platón y Sócrates, es decir: la mentira del mundo aparente), ya en los cánticos de Así habló Zaratustra (donde la solución se presenta en la comprensión del mismo instante), ya en sus escritos póstumos recopilados en La voluntad de poder. Nietzsche encuentra su primera solución en la sabiduría dionisíaca, en la cual la fuerza del superhombre encontraba el placer en la destrucción de lo más noble, y en ver cómo paso a paso esta se va corrompiendo. Dionisíaco es la identificación temporal con el principio de la vida.

          ¿De qué se trata esta noción del “instante” que hemos ido mostrando? Zaratustra es quien pone el acento en el instante (Augenblick) en el momento en que se encuentra entre los dos senderos que se miran de frente, uno que tiende hacia el pasado y otro hacia el futuro. El instante se eternizará por su infinito retornar y esto exige una toma de posición existencial propia. El eterno retorno ya no trasciende al hombre sino que lo responsabiliza a su decisión libre. Zaratustra, inmerso en el asco que le produce la posibilidad de un eterno retornar de un sinsentido se convierte en un “convaleciente”. Es él mismo quien arranca la cabeza de la serpiente negra que lo ahoga, de un mordisco, y la escupe bien lejos. Pero para ello se necesita de un espíritu fuerte. ¡Es el superhombre quien les incita a los hombres superiores vivir esta vida precisamente tal como es!: un sinsentido. Es precisamente el hombre más feo del mundo quien, ya curado, nos dice:

“Gracias al día de hoy, por primera vez estoy satisfecho de cuanto he vivido hasta ahora. Y eso no es todo: vale la pena vivir en la tierra. Una sola jornada, una sola fiesta en compañía de Zaratustra me ha bastado para aprender a amar la tierra. ¿Es esto la vida?, le diré a la muerte. ¡Muy bien! ¡Pues que vuelva a empezar! ¿No estáis de acuerdo, amigos? No queréis, como yo, decirle a la muerte: ¿Es esto la vida? Pues gracias a Zaratustra, ¡muy bien!, ¡que vuelva a empezar!”

Bibliografía

  • Cioran, E.M., Adiós a la filosofía y otros textos. Prólogo, traducción y selección de Fernando Savater. Alianza Editorial, S.A., Madrid, España, 1995.
  • Cioran, E.M., Breviario de Podredumbre. Prólogo y traducción de Fernando Savater. Suma de Letras, S.L., Madrid, España, 2001.
  • Kirchner, M., Friedrich Nietzsche (el más radical de todos los pensadores) en Forjadores del Mundo Contemporáneo, Tomo 2. Editorial Planeta, S.A., Barcelona, España, 1989.
  • Nietzsche, F., Así habló Zaratustra [se cita con la sigla HZ]. Traducción de Francisco J. Carretero. EDIMAT LIBROS, S.A., Madrid, España, 1999.
  • Nietzsche, F., Ecce Homo. Traducción de José Luis Patcha. Ediciones Escolares, S.L., Madrid, España, 1999.
  • Nietzsche, F., El crepúsculo de los ídolos. Prólogo de Agustín Izquierdo. Traducción de José M. Sierra. Editorial EDAF, S.A., Madrid, España, 2002.
  • Nietzsche, F., La Gaya Ciencia. Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, España, 2001.
  • Nietzsche, F., La voluntad de poder [se cita con la sigla VP]. Prólogo de Dolores Castrillo Mirat. Traducción de Aníbal Froufe. Editorial EDAF, S.A., Madrid, España, 2003.

Nietzsche expresa la primera posibilidad, de que podría haber descubierto síntomas que bien no lo fuesen, en el siguiente pasaje: “Pues podría ser la predestinación a la grandeza el desarrollarse en esta medida en una tensión más violenta. El descontento, el nihilismo, podrían ser un buen síntoma”; Nietzsche, F., La voluntad de poder [en adelante VP]. Prólogo de Dolores Castrillo Mirat. Traducción de Aníbal Froufe. Editorial EDAF, S.A., Madrid, España, 2003, p. 104. Y por otra parte, la segunda posibilidad se nos presenta en boca de Zaratustra: “Vosotros miráis hacia arriba cuando queréis elevaros; yo miro hacia abajo, porque ya estoy en las alturas. ¿Quién de vosotros puede reírse y al mismo tiempo estar en las alturas?”; Nietzsche, F., Así habló Zaratustra [en adelante HZ]. Traducción de Francisco J. Carretero. EDIMAT LIBROS, S.A., Madrid, España, 1999, p. 67. En este aspecto –maliciosamente– se puede suponer que también en Nietzsche se percibe una moral idealizada, una concepción de lo que ya está bien y de lo que ya está mal.

La sección del origen de los síntomas como tal (que apuntan hacia la transformación de valores del cristianismo) queda pendiente por su profunda extensión para el presente artículo. “«¿A dónde ha ido Dios?», gritó, «¡yo os lo voy a decir!» ¡Nosotros lo hemos matado –vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos! […] Este enorme acontecimiento aún está en camino y deambula –aún no ha penetrado en los oídos de los hombres.”; Nietzsche, F., La Gaya Ciencia. Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, España, 2001, pp. 218-219. El problema no es la muerte de Dios, no es la caída de los ideales, sino que sus consecuencias. Hasta los síntomas de ello tienden a un solo problema radical: al nihilismo extremo expresado en el eterno retorno del sinsentido. Pero si aún no se ha entendido éste problema, resulta comprensible que la solución del superhombre de Nietzsche aún no sea audible.

La desilusión ante la caída de los valores cristianos hace creer que todo el esfuerzo fue “en vano”. Que se trabajó para nada, que no queda sentido. El “eterno retorno” es la expresión más dura y exagerada de este pesimismo que se traduce en el nihilismo.

Hasta los mismos hombres superiores que se refugiaron en la cueva de Zaratustra se tientan a volver a crear, divinizando en este caso al asno: “¡Otra vez se han vuelto piadosos y los muy locos se han puesto de nuevo a rezar! […] Y tú, viejo papa, ¿crees que es propio de ti adorar a un asno como si fuera Dios?”; HZ, pp. 290-292.

VP, p. 35.

El pesimismo, la desilusión, la decadencia, son las nubes que empañan el cielo, son el enano de la pesadez y su visión vulgar del eterno retorno: “¿A quién odiaba más que a esas nubes que pasan empañando tu brillo? […] Esas nubes que pasan me inspiran aversión, porque son como gatos de presa que se acercan furtivos tan sólo por quitarnos lo que tú y yo tenemos: la inmensa e ilimitada afirmación [el cielo representado por el instante, solución al eterno retorno del sinsentido].”; HZ, p. 168.

Se creía en el “«verdadero» mundo, como esperanza y mundo futuro, […] ahora que se hace claro el mezquino origen de estos valores, nos parece que el universo se desvaloriza, «pierde su sentido»; pero este es solamente un estado de transición.”; VP, p. 37.

“De aquí que se le considere [a Nietzsche] como el fundador de la filosofía de los valores. […] Las cosas en sí mismas carecen de valor; su valor se lo pone el hombre al expresar sus deseos, sus instintos, es decir, su voluntad de poder.” Kirchner, M., Friedrich Nietzsche (el más radical de todos los pensadores) en Forjadores del Mundo Contemporáneo, Tomo 2. Editorial Planeta, S.A., Barcelona, España, 1989, p. 127. Resulta interesante citar a Cioran quien, con la misma lucidez nietzscheana ante la apariencia de los valores, desarrolla su filosofía por otra alternativa: la indiferencia nihilista. “En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias. […] Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas”; Cioran, E.M., Breviario de Podredumbre. Prólogo y traducción de Fernando Savater. Suma de Letras, S.L., Madrid, España, 2001, p. 29.

Cf. VP, p. 53.

VP, p. 21.

Cf. VP, pp. 68-69.

HZ, p. 161.

Cf. El problema de Sócrates en: Nietzsche, F., El crepúsculo de los ídolos. Prólogo de Agustín Izquierdo. Traducción de José M. Sierra. Editorial EDAF, S.A., Madrid, España, 2002, pp. 47-56.

HZ, p. 289-290.

Ibíd., p. 300.

Cioran lo expresa magistralmente en sus Silogismos de la amargura: “[Nietzsche] es el experto en decadencias, el psicólogo agresivo, no solamente observador como los moralistas, que escruta como un enemigo y se crea enemigos; pero sus enemigos los extrae de sí mismo, como los vicios que denuncia. ¿Se ensaña con los débiles?, practica la introspección; y cuando ataca la decadencia, describe su propio estado. Todo su odio se dirige indirectamente contra sí mismo. Proclama sus debilidades y las erige en ideal; si se detesta, el cristianismo o el socialismo sufren las consecuencias”.

Cf. VP, pp. 283-297.

“Esa larga vereda que marcha hacia detrás se prolonga una eternidad, y esa larga vereda que marcha hacia delante se prolonga igualmente. Los dos senderos se encuentran frente a frente. […] En ella se halla escrito su nombre: se llama instante.”; HZ, p. 162.

Ibíd., p. 295.

 

Mateo A. Rau Catalán
Licenciatura en Filosofía Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
VIÑA DEL MAR - CHILE

 

18/05/07

Freud y la cocaína: ¿experimentos con uno mismo?

Freud y la cocaina. Rosa Aksenchuk. Psikeba. Revista de psicoanálisis y estudios culturales

 

El psicoanálisis emerge históricamente en el punto en que la práctica médica encuentra su límite. En una realidad cultural signada por la represión y la tradición positivista fue necesario que Freud tropezara con serios obstáculos y que haya sabido no descuidarlos, para que se autorizara a apartarse del discurso dominante. No sólo las histerias asomaban como obstáculo en aquellos primeros pasos del camino abierto por Freud, su relación con la cocaína también constituyó un atolladero que logró sortear produciendo incluso una ruptura con el saber médico en momentos en que a través de destacadas labores investigativas como neurólogo aspiraba a alcanzar un renombre dentro de la comunidad científica. [1]

Suele decirse que la falta de escritos específicos sobre las toxicomanías en la obra freudiana constituye una especie de punto ciego vinculado con su propia potencialidad adictiva , o más aún, que su affaire con la cocaína en los años 1880, habría bloqueado la elaboración teórica sobre este particular. Esta explicación, si bien introduce una disyunción entre droga y palabra que no deja de ser interesante, es rebatible en lo que a adicicción se referiere, si se considera que Freud alcanzó la edad avanzada en admirables condiciones de agilidad y lucidez mental.

El 30 de abril de 1884, con tres años en la profesion de médico, Freud comienza a experimentar - sobre sí mismo, sobre Martha y sobre otros – los efectos de la cocaína. Habiendo leído los experimentos de Aschenbrandt sobre la administración de droga a soldados en maniobras con el fin de combatir la fatiga, intentará averiguar por qué vía la cocaína podía aliviar la angustia y la depresión. La carta del 21 de abril de 1884 en la que anoticia a Martha sobre "un proyecto terapéutico y de esperanza" es el primer antecedente sobre el asunto: "He leído últimamente algunas cosas sobre la cocaína, el ingrediente activo de las hojas de coca que algunas tribus de indios mastican a fin de aumentar su resistencia al hambre y la fatiga. Un alemán (se refiere a Aschenbrandt, 1883) ha probado este producto con algunos soldados y afirma que efectivamente sirve para hacerles más fuertes y resistentes. Ahora he hecho un pedido y por razones evidentes voy a probarlo en casos de enfermedades cardíacas y después de agotamiento nervioso, sobre todo en el terrible estado que se produce cuando deja de tomarse morfina (como en el caso del Dr. Fleischel)" .

 

Freud y la cocaina. Rosa Aksenchuk. Psikeba. Revista de psicoanálisis y estudios culturales

 

Sus experimentos prometedores lo llevan a escribir Uber coca, un artículo que sienta precedentes en los anales de la investigación científica porque introduce la cocaína en la medicina y satisface en todos los sentidos las exigencias que incumben a este género: descripción botánica de la planta, datos históricos detallados de su utilización en Perú, recorrido completo de la literatura científica que le había sido consagrada, fórmula química del alcaloide, estudio de los efectos en los animales, repertorio de lo que se sabe de sus efectos en el hombre con aporte de una experimentación original y un análisis argumentado de sus numerosas indicaciones en función de hipótesis que conciernen a las vías y a los modos de acción fisiológica del producto.

Para situar el alcance de Über Coca, sería conveniente dejar de lado lo que hoy evoca el término cocaína y acomodarnos al hecho de que esta no era entonces para nada un producto prohibido. La prohibición data de 1906. En los años 1880, la cocaína gozaba en los Estados Unidos de una inocente preferencia que superaba ampliamente los círculos médicos. El consumo de vinos que contenían coca – los vinos Mariani – era cosa popular. Cuando Albert Niemann [2] logra aislar el principio activo de la materia prima del Vino Mariani, la cocaína se vuelve objeto de una campaña promocional montada por Parke & Davis y otros laboratorios interesados en su distribución mundial. La propaganda emplea lemas similares: "No pierda tiempo, sea feliz; si se siente pesimista, abatido, solicite cocaína." La Coca-Cola iba a contener cocaína hasta 1903. La asociación contra la fiebre del heno había adoptado la cocaína como remedio oficial. En suma, el entusiasmo era casi general con respecto a este maravilloso sustento que fortifica el sistema nervioso, ayuda a la digestión, estimula los cuerpos fatigados, calma los dolores y libera de la toxicomanía a aquellos que están enredados en ella. La situación era muy diferente en Europa, donde se hablaba muy poco de la cocaína.

No hay que excluir que el interés suscitado por Über Coca se haya debido al hecho de que se trataba del mejor estudio europeo escrito hasta entonces. Es de notar, además, que el status que reviste nosológicamente la neurosis en sus inicios (1785), conforme con el modelo anátomo-clínico, responda a un modelo "lesional". De allí Allouch infiere que "si el discurso médico en el cual se inscribe se caracteriza por tomar su apoyo sobre el significante-amo de la lesión, la cocaína será ese objeto que en el lugar del Otro, dará consistencia a lo supuesto de esta lesión al ratificar en contrapunto su verdad. De allí que la cocaína no es y no podría ser un medicamento entre otros. Ella encarna, por confirmar la lesión, lo que es necesario designar como lo que es el medicamento. Resulta de ello que su acción no podría ser unívoca pues esta univocidad dejaría lugar a otra acción posible y, entonces, a otro medicamento. Über Coca marca esta posición eminente."

Por lo demás, el artículo muestra un tono de entusiasmo que Bernfeld no deja de destacar: Freud escribe por ejemplo acerca de un “don” (Gabe) de cocaína allí donde hubiese debido hablar, en términos científicos, de una dosis. Bernfeld extrae de ello, con razón, la conclusión de que ese texto está atravesado por una “corriente subyacente muy persuasiva”. Freud le escribe a Martha y habla allí de su texto como de un “cántico a la gloria de la cocaína”, confirmando así lo que le decía el 25 de Mayo cuando acababa de curar con coca a un enfermo afectado de un catarro gástrico: “Si todo va bien, escribiré sobre esto un artículo y espero que la cocaína se colocará al lado y por encima de la morfina. Ella hace nacer en mí otras esperanzas y otros proyectos. La tomo regularmente en muy pequeñas dosis para combatir la depresión y la mala digestión y esto con el más brillante éxito. Espero lograr suprimir los vómitos más tenaces, incluso si son debidos a algún grave padecimiento; en resumen, sólo ahora me siento médico pues he podido acudir en ayuda de un enfermo y espero socorrer a otros.”

Jean-Luis Brau en su Historia de las drogas, refiere que el amor tuvo la culpa de que el fundador del psicoanálisis no fuese el primero en descubrir las propiedades anestésicas de la cocaína. Se refiere al hecho de que cuando Freud decide emprender sus dos investigaciones paralelas: sobre los efectos anestésicos y como posible cura  para la adicción de los morfinómanos, su novia, que residía en Hamburgo, lo llamó para que acudiese a verla, y Freud encargó a su colega, el doctor Köningstein que continuase sus trabajos, quien a su vez se remitió al doctor Koller para terminar los experimentos. Koller logró utilizar la cocaína como anestésico local y resumió su descubrimiento en una comunicación a la Sociedad Oftalmológica de Alemania el 15 de septiembre de 1884 adquiriendo la posición célebre ante la comunidad científica tan añorada por Freud.

Luego de recetar cocaína en pequeñas dosis como antidepresivo, Freud publica sus Escritos sobre la cocaína donde sugiere seis campos para su aplicación terapéutica: 1) como estimulante, 2) para trastornos gástricos, 3) para la caquexia (pérdida de fuerzas y reservas alimenticias), 4) para curar a morfinómanos y alcohólicos, 5) en aplicaciones locales, y  6) como afrodisiaco.

Pero el pharmakon [3] reveló rápidamente su cara diabólica. Fleischl, su muy admirado colega, quien tomaba morfina para luchar contra los dolores causados por la amputación de un dedo de la mano, sucumbirá lentamente a los efectos de la cocaína recetada por Freud. Fleisch murió adicto a esta última. Freud cargó con esa muerte llevándola como acusaciones de su Superyó durante largo tiempo, como lo testimonió el sueño de “La inyección de Irma”. Este trágico desenlace ha sido tal vez una de las razones más poderosas que empujaron a Freud a insistir en el tratamiento por la palabra, descreyendo de los fármacos que asomaban entonces. Pues si, como señala Pierre Eyguesier [4], el encuentro de Freud con la cocaína marca "la puerta de entrada para la experiencia psicoanalítica de una manera tan decisiva como el autoanálisis", su ulterior abandono como pharmakon es concomitante al descubrimiento de la dependencia de las producciones histéricas a los hechos de lengua, lo que abrió la posibilidad del paso al tratamiento por la palabra.

En julio de 1885 Erlenmeyer prueba el tratamiento propuesto por Freud, pero observó que aparecían síntomas de estrés físico y mental en los pacientes durante el período de consumo y de abstinencia de este fármaco, que causaban alucinaciones visuales y auditivas, así como un síndrome maníaco agudo. Estos estudios hicieron que Erlenmeyer discutiera la ligereza con la que Sigmund Freud recomendaba el empleo de la droga como tratamiento de deshabituación de la morfina. Cuando Louis Lewin lanza un escandaloso ataque a las opiniones de Freud, que defendían a la cocaína como sustancia incapaz de provocar daño alguno, y se opone a su utilización para el tratamiento de los adictos a la morfina, Erlenmeyer se suma a la embestida y acusa a Freud de haber desatado sobre el mundo "el tercer azote de la humanidad", después del opio y del alcohol .

Desde los inicios de sus investigaciones Freud avizoraba en la cocaína un medio poderoso para aliviar y hasta suprimir sus propios sufrimientos. Desde sus primeras experiencias efectuadas sobre sí mismo, adhiere con entusiasmo a las tesis de Mantegazza, para quien la cocaína resultaba casi universalmente eficaz para mejorar los desórdenes funcionales agrupados bajo el nombre de neurastenia. Freud llamaba así al conjunto de manifestaciones patológicas que por entonces él mismo padecía: estados transitorios de fatiga, apatía, depresión, trastornos digestivos, crisis de ansiedad, síntomas neuróticos que perturbaban principalmente su capacidad de trabajo intelectual.

Dirá Freud: “El efecto psíquico del cloruro de cocaína en dosis de 0.05 a 0.10 gramos consiste en optimismo y una duradera euforia, que no muestra diferencia alguna con la euforia normal de una persona sana. No aparece la sensación de excitacion que acompaña los estímulos producidos por el alcohol. También produce la característica necesidad de emprender inmediatamente alguna actividad, típica del alcohol. Se nota un aumento del control de uno mismo y también que uno tiene gran vigor y es capaz de trabajar; por otro lado, si uno se pone a trabajar echa de menos ese aumento de la fuerza mental que el alcohol, el té o el café producen. Uno se encuentra sencillamente normal, y pronto le resulta difícil creer que se encuentra bajo los efectos de una droga.” Y: “He comprobado en mí mismo unas doce veces este efecto de la coca, que suprime el hambre, el sueño y la fatiga, y permite acentuar el esfuerzo intelectual.”

La acción de la cocaína se revela benéfica tanto para anestesiar las necesidades fisiológicas y hacer olvidar los dolores, como para despertar y motorizar el rendimiento físico e intelectual. Freud se hacía lenguas de la prodigiosa acción estimulante de la coca: “Todos las opiniones concuerdan en que la euforia despertada por la coca no va seguida de ningún estado de lasitud, de ningún tipo de depresión.”

Fernando Geberovich afirma que: “la cocaína pasó a ser para Freud el antídoto mágico, de un lado para anestesiar todo lo que, de fuente interna o externa, arriesgara ser un obstáculos que lo alejara de sus ideales, y del otro para estimular todo aquello que lo acercaba a ellos; ideales que pueden resumirse en una doble representación: la Naturaleza y sus secretos, Amor y Ciencia, Femenino y Pensamiento. Pero este “protector químico de los ideales” se transformará rápidamente en ídolo todopoderoso, como lo atestigua esta carta a su novia:“¡Ten cuidado, Princesa mía! Cuando vuelva te besaré hasta que quedes toda roja. (...) Este muy conocido pasaje muestra que, cuando el objeto de investigación pasa a ser el objeto en el cuerpo, el remedio se transforma en sustancia mágica a glorificar, y no podemos menos que constatar un fenómeno de erotización del ideal.”

Sobre este punto de coalescencia de lo mágico y de lo científico que Uber Coca deja traslucir, y que ha sido descuidado en la biografía freudiana al punto de reducir la relacion de Freud con la cocaina a un simple episodion – como se verá – , se asienta la tesis que Allouch desarrolla en “Letra por letra” cuando señala que “es por haber escrito su experiencia ligada a la cocaína en términos ligados a las exigencias universitarias, de un discurso científico, que Freud llegó a renunciar a los “beneficios” de esta substancia tan ponderada.”

Mientras Jones relega el asunto a un hecho episódico juvenil y a una falta de espíritu crítico que le impidió dar su verdadero alcance al hecho. Bernfeld asevera que el entusiasmo de Freud por conseguir cierto potenciamiento gracias a la droga no perseguía otro fines que los del trabajo; cuando, en rigor de verdad, en sus cartas a Martha abundan fascinantes metáforas guerreras organizadoras de la relación con su novia y sugerentes alusiones sobre los efectos “mágicos” del fármaco como realizar sin fatiga largos trabajos, mantenerse despierto a controlar el apetito, esto último lo lleva incluso a considerar la posibilidad de prescribirla para evitar los vómitos. Por otra parte, Byck, pródigo en elogios, se afana en presentar a Freud como precursor de la psicofarmacología, en una línea cercana a la de Moreau de Tours como la del experimentador que se toma a sí mismo como cobayo [5]; presentación desatinada [6] considerando que Freud se apartó tempranamente de sus investigaciones farmacológicas.

Con un tono de manifiesta decepción Freud calificará en 1925 a la cocaína como un "allotrion", palabra griega que en los medios científicos de entonces denunciaba peyorativamente la entrada en escena de un objeto extraño al universo de la ciencia. Esta decepción asociada -como pudo entreverse hasta aquí - con la muerte de Fleisch y las duras réplicas de Lewin, Erlenmayer y otros médicos alemanes o anglosajones, no carece de importancia, pues si bien y a pesar de todos sus esfuerzos científicos, Freud no descubre el principio universal de la acción de la cocaína habrá de seguir estudiando con aspiraciones científicas, pero no con las mismas herramientas, los "principios universales" de la subjetividad.

Del obstáculo de la acción de la coca sobre la subjetividad, pasará a dedicarse en Salpêtrière cuando se reuna con Charcot, al obstáculo de la anatomía "contra" la histeria.

 

 

Notas

[1] Con respecto a los primeros trabajos de investigación realizados por Freud, Ernst Jones señala que el concepto de unidad de células y procesos nerviosos parece haber pertenecido a Freud quien había hecho valiosas aportaciones sobre este tema. Aun así, el nombre de Freud no se menciona entre los numerosos pioneros de la teoría neuronal, como sí ocurrió con Wilhelm His, Auguste Forel y Ramón y Cajal.


[2] Albert Niemann fue el farmaceuta que descubrió la cocaína en forma cristalina.

[3] Pharmakon (lo que cura enferma) popularizado por Derrida, quien lo extrajo de Platón. En la antigüedad, el término pharmacon era utilizado para describir tanto a los medicamentos como a los tóxicos.Pharmacon = remedio y veneno.

[4] En:Freud devint drogman.

[5] Moreau de Tours, alumno de Esquirol, es considerado el padre de la psiquiatría experimental y el iniciador de los estudios sobre las farmacopsicosis; experimentos, estos, que lo llevaron a consumir hachís en su laboratorio. En su obra princeps, Du hachisch et de l'aliénation mentale (Del hachís y de la alienación mental), publicada en 1845, consideraba que los efectos de esa planta constituían "un medio poderoso y único de exploración en materia de patogenia mental".

[6] Puede consultarse el artículo titulado "Maldita cocaína" , publicado por Página 12 el 2/04/2000, que destaca las intenciones políticas que subyacen en Byck al presentar a Freud como precursor de la Psicofarmacología. http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/radar/00-04/00-04-0...>

Artículo relacionado

[7] VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, "Peter Sloterdijk; Experimentos con uno mismo; Abstinencias, drogas y ritual" En Revista Oxigen, Nº 20 Febrero, 2006, (España),UE. http://www.revistaoxigen.com/Menus/articulos/vasquezrocca...

 

Bibliografía
ALLOUCH, Jean. Letra por letra. Traducir, transcribir, transliterar. Editorial Edelp

BERNFELD, Siegfried. “Les etudes de Freud sur la cocaine”, en Robert Byck, De la cocaine

BRAU, Jean-Luis. Historia de las drogas. Ed. Bruguera

EYGUESIER, Pierre. Freud devint drogman

GEBEROVICH, Fernando. Un dolor irresistible. Toxicomanía y pulsión de muerte. Ed. Letra Viva.

JONES, Ernst. Vida y obra de Sigmund Freud 1. Ed. Horm

FREUD, Sigmund. Uber coca en Escritos sobre la cocaína. Edit. anagrama

FREUD, Sigmund. Epistolario II. Hyspamerica

 


 

[*] Psicoanalista. Licenciada en Psicología. Universidad de Buenos Aires. Editora Asociada de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net. Directora de Psikeba, Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires http://www.psikeba.com.ar/. Coordinadora de Arès Atención Psicológica: http://www.arespsi.com.ar.

E-mail: rosak@speedy.com.ar

 

20/04/07

Tristan Tzara. El hombre aproximativo

 

 

Primera aproximación
El hombre, un poeta rumano en el exilio que responde al nombre de Sami Rosenstock, juega al ajedrez, metáfora de la guerra que no es ninguna metáfora, en 1916, en una calle de Zurich llamada Spielgasse (calle del juego), con otro hombre, un refugiado político ruso, Vladimir Illich Ilianov. En realidad, además de jugar al ajedrez, juego rigurosamente racional y estético, los dos hombres se están preparando para otro juego, acaso menos racional y menos estético pero no menos riguroso, la revolución, el segundo hombre: Lenin, hará la revolución política, a partir del año siguiente, en Rusia, y el primer hombre, Tristan Tzara, la revolución poética, ese mismo año, en el Cabaret Voltaire, en el número 1 de la calle del juego.



Segunda aproximación

Tzara trazará palabras al azar, las lanzará a la marchanta, chantará a la masa la gran palabra, DADA: palabra santa, vaca sagrada, papá, mamá, nada, azar. Tzara trazará la raya, atrasará hasta la nada, hará tabla rasa, arrasará, arrancará la máscara a las palabras, hablará pavadas para callar,  para hallar la máscara tras la máscara. Zar ácrata, Satán, Tarzán, Adán, Nada, Tzara llamará a Arp, a Ball, para armar DADA. DADA dará la alarma, las armas para matar a la Parca, para acabar la "farsa barata", para zafar - saltar la valla, sacar las trabas, dar batalla a las palabras hasta hallar la gran palabra: DADA.

 

Tercera aproximación
La aproximación fue inventada por los impresionistas, escribe Tzara en el Manifiesto DADA 1918, refiriéndose tal vez al modo en que estos trataban de aproximarse al objeto en su realidad profunda mediante la destrucción sistemática de su superficie y, al mismo tiempo, a su propio método de aproximación, desde una pensamiento excéntrico, al centro del hombre, destruyendo su subjetividad en forma asistemática, hasta llegar a configurar El hombre aproximativo. Tal es el título del libro que más se aproxima a este principio constructivo - y, a la vez destructivo -, obra de una complejidad estructural y un rigor estético casi ajedrecísticos, un juego infinito de repeticiones y diferencias, de correspondencias baudelaireanas o de variaciones sobre un mismo tema: la aproximación al hombre a través de la palabra, de la palabra "aproximación", un término que lo acompañó desde el principio y terminó dando título a uno de sus últimos poemas. Así es como Tzara se aproxima al hombre, él es el hombre aproximativo de su poesía aproximativa, próxima en el sentido de cercana al hombre, prójima y próxima en el sentido de lo porvenir. Por eso, en lo porvenir, Tzara abandonará el juego de la vanguardia y volverá al ajedrez y al comunismo, el común ismo de todas sus revoluciones alrededor de sí mismo y del concepto de aproximación, en torno al cual construirá, como una suerte de espiral genealógica, su tradición vanguardista.

 

Última aproximación

El método de las "aproximaciones insólitas" de los surrealistas nos permite hacer una asociación libre con un libro que no tiene nada que ver con la literatura, por lo que tiene todo que ver con el surrealismo: Tzara es Sara T., alcohólica, drogadicta y prostituta a los doce años. Su historia es aproximadamente la que sigue:
Sara era una niña precoz que jugaba al ajedrez y soñaba con vivir nuevas y excitantes experiencias, así que huyó de su casa y pronto aprendió otros juegos, liberando sus deseos infantiles bajo la anárquica tutoría de DADA, padre putativo de otras niñas como ella, que destruyó todas las reglas de su anterior vida burguesa. Luego, aburrida de sus alegres aventuras adolescentes en el cabaret, viajó a París, donde conoció a las ex DADA Breton, Aragon, y Soupalt, y supo de su proyecto de hacer la Revolución Surrealista, a la que se unió inconscientemente. Entonces, dejó de reírse de la psicología y se enamoró del inconsciente de Freud, que daba categoría científica a sus experiencias. Pero cuando el surrealismo dejó de ser revolucionario para ponerse Al Servicio de la Revolución, Sara dejó el surrealismo, al ser-vicio de la revolución. Pero cuando la revolución dejó de ser revolucionaria, su re-evolución la llevó a volver primero al surrealismo, pero éste ya había dejado de ser surrealista, y después al punto de partida: la partida de ajedrez, el juego originario en cuyas casillas Sara terminó encerrándose, en un movimiento de revolución, "viaje circular por la Luna y por el color", consistente en regresar a la primera movida, a cero, al principio revolucionario, estado ideal para la revolución, concebida por Sara como la experiencia artística y vital definitiva, el fin al que el hombre siempre tratará de aproximarse.  

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15/04/07

Néstor Perlongher - El orden de la muerte en el desorden de los cuerpos

 

 

 

Deseo y muerte

Néstor Perlongher


La homosexualidad ha sido tradicionalmente ligada a la muerte. El término faggot (literalmente, “leña”), aplicado peyorativamente contra los homosexuales norteamericanos, provendría, se dice, de los maderos con que se encendían las hogueras donde se carbonizaban los sodomitas y también los herejes. Tal asociación se transparenta también en las novelas de Jean Genet: en Querelle de Brest, homosexualidad y asesinato se enmarañan inextricablemente. Escenas por el estilo se concentran en los frecuentes robos, extorsiones, palizas y crímenes de que son objeto los homosexuales (más de cincuenta asesinados en el Brasil a lo largo de dos años, según cómputos del Grupo Gay de Bahía): ceremonia de terror que, a veces, forma parte del juego.


El SIDA introduce una forma directamente clínica de esa relación tenebrosa. Por una suerte de fabulosa confabulación, lo moral se junta con lo patológico. Sin desconocer el peligro real representado por la enfermedad, la utilización de su letalidad para mortificar y reglamentar a los perversos debería ser evitada. Considerar que el SIDA es un mal “evitable” fruto de excesos prescindibles, implica negar para manejarla mejor, la fuerza del deseo que lleva a alguien a practicar relaciones socialmente “indeseables”. Por detrás de la argumentación de que la sodomía es “evitable” ¿no estaría la vieja ilusión conservadora de que la homosexualidad también lo sea?


O tal vez todo este dispositivo contenga en sí una intención de ablandar la lujuria provocativa de las maricas locas, encorsetando sus merodeos y toda experiencia sexual “disidente” en los parámetros de una normalidad ampliada y más o menos conyugal, que excluye a los marginales, los promiscuos, los travestis (y eventualmente a las mujeres liberadas, los maridos libertinos, etc.)


Así, para salvarse de las diatribas que los acusan de “agentes infecciosos”, algunos gays intentarían “limpiar su imagen” al punto de constituirse en parodias de baluartes de una pacata y mimética normalidad. Política “reformista”, de “dignidad” e “identidad homosexual”, a través de la cual la homosexualidad, paradójicamente, se des-se-xualiza y se abstiene de las delicias de la sodomía celebrada por Sade. En ese sentido, buena parte del movimiento gay americano ha diluido su carácter contestatario para rearticularse como un agrupamiento paramédico de salud pública.

 

Sería preciso, tal vez, concebir una política sexual diferente, que no desconociese la multiplicidad de los deseos eróticos ni intentase disciplinar pedagógicamente a los perversos y sus placeres. Se trata de ofrecer la mejor información posible, pero afirmando simultáneamente el derecho a disponer del propio cuerpo y de la propia vida, ya demandado por Engels.


La vida no se mide apenas, como quiere la institución médica, en términos de la prolongación de la sobrevida (o de la agonía), sino también en la intensidad del gozo. La dimensión deseante no debería ser renegada, si es que se trata de salvar la vida.


Por último, el dispositivo del SIDA encaja en un generalizado giro a la derecha de Occidente. La derecha americana procuraría contener, en parte, la “disolución moral” que supo comercializar y que tantas preocupaciones le causara al Papado. Esa articulación de fuerzas reaccionarias le hace decir al filósofo libertario Félix Guattari que si el SIDA no existiese, habría que inventarlo: “Existe en torno a la enfermedad una especie de fiesta mortífera, un carnaval de conservadurismo y reacción que se apropia de ella, desarrollando una política obsesiva de represión al homosexual”. Sobre el pánico del SIDA se volcaría, de paso, la amenaza de muerte que pende sobre la humanidad: hambre, guerra, contaminación, etc., más “evitables” que la sodomía.


Hay, para las poblaciones amenazadas, un riesgo real –que no debe ser, con todo, sobrestimado -. Se trata, tal vez, de un inestable compromiso entre el riesgo y el gozo, sujeto a los vaivenes del deseo. Esa afirmación del deseo no debería ser vivida (como quiere la histeria higienista) con culpa y mala conciencia, sino con alegría. Seria paradójico que el miedo a la muerte nos hiciese perder el gusto por la vida.

 

Néstor Perlongher

Texto inédito en la web
. Cortesía de la Lic. Rosa Aksenchuk

 

Links:

http://www.elortiba.org/perlongher.html
http://www.icarodigital.com.ar/numero6/eldamero/perlonghe...
http://www.literatura.org/Perlongher/Perlongher.html
http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=crit.php&w...
La desaparición de la homosexualidad, 1991, publicada en la revista El Porteño
 

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