24/05/07

Credo personal para una estética del cuento

por Héctor Torres

  • Creo en el cuento corto, pero no en escribir para una extensión determinada de antemano. Por su naturaleza el cuento es breve, pero esa medida es inherente a su intensidad y su atmósfera, de manera que será cuento corto todo aquél en el que, independiente de su extensión, sea imposible abandonar su lectura hasta haberlo concluido. Con equilibrio y tensión sostenida poco importa cuánto dura un cuento. Bola de sebo (Maupassant), El puente sobre el río del buho (Bierce) y Una historia aburrida (Chéjov) así lo demuestran.

     

  • Creo en la magia del relato, no en los actos de magia. Durante siglos, el poder oculto de las oraciones ha radicado en la melodía producida por una conjunción apropiada de las palabras; asimismo, la magia del cuento radica en su capacidad para atrapar al lector, no en un irrenunciable apego por el final sorprendente. Sorpresa no es forzosamente eficacia. Cuando era caballo (Hernández) es un cuento mágico que no tiene un final sorprendente.

     

  • Creo en el lenguaje llano, directo, casi oral, en el cual no se descuide el aliento poético. La expresión se debe trabajar como si se fuese a cincelar en mármol: precisa y radiante, que construirla sea un arte en sí. De allí la belleza de las sentencias. Creo, por tanto, en la franqueza del lenguaje, pero asumido sin complejos. El idioma es rico, por lo que ninguna palabra, por exótica que parezca, sonará arrogante en su contexto adecuado. Instrucciones para dar cuerda a un reloj (Cortázar) posee una sencillez enormemente poética.

     

  • Creo en la poesía de lo cotidiano, en la profunda hermosura que palpita en los hechos diarios; en el placer, en el asombro y en el dolor que supone la vida como aventura intrínsecamente misteriosa. Eladia (Julio Garmendia) y El posible Baldi (Onetti) son ejemplos clarísimos de la intensa magia que reside en las situaciones cotidianas.

     

  • (Kafka) y Creo también en el cuento fantástico, en las posibilidades estéticas que contiene; pero creo que toda narración fantástica aumenta su poder de sugerir cuando se sabe combinar con hechos comprobables, o que el lector pueda presumir como tales. La fantasía surge hermosa cuando se enclava en contextos cotidianos; la ciencia-ficción (plena de especulaciones tecnológicas y mundos futuros) rara vez logra esa belleza. Tlön, Uqbar, Orbis Tertius (Borges), La verdad sobre el caso de M. Valdemar (Poe), Las preocupaciones de un cabeza de familiaLas máscaras venecianas (Bioy Casares) ostentan una gran maestría en el uso de este recurso.

     

  • Creo en la humildad con que se enfrenta el narrador a su historia, en la humilde paciencia con que construye sus situaciones, su ambiente, sus personajes. Creo que en esa humildad y en esa paciencia radica el arte de narrar. La narrativa (por ser un hecho artístico) supone una tenaz devoción por la corrección, una meditada justificación de cada palabra empleada, una actitud cauta y desconfiada en el uso de la palabra escrita.

     

  • Creo en la lectura y en el estudio de los maestros, desestimando el temor a no encontrar el estilo propio si se copian. A medida que el narrador se desarrolla, el eco del maestro se va desvaneciendo (deja sólo el zumo) y se renuncia a imitarlo deliberadamente. Por tanto, salvo en casos excepcionales, no creo en el plagio —todo cuanto se puede escribir ya está dicho— ni en la novedad como meta única del cuentista; ésta lo distrae de su tarea esencial, que es relatar lo que cualquiera ve o piensa, pero dicho de una forma que no cualquiera podría. Escribir es plasmar la vida impregnándole ese algo misterioso que reside en el alma del que escribe, y es eco y continuación de todo el gran espíritu humano.
Fuente: Letralia

24/04/07

Psikeba. Revista de Psicoanálisis y estudios culturales - Número 4. Abril de 2007

 

Psikeba. Revista de psicoanálisis y estudios culturales
 

Postmodernidad y deconstrucción; el ámbito de la espectralidad - Simón Royo.

El paradigma del desencadenamiento. Lacan y el campo de la psicosis - José Méndez

Nietzsche. La ficción del sujeto y las seducciones de la gramática - Adolfo Vásquez Rocca

¿Feminización de la cultura? - Rosa María Rodríguez Magda

La teatralidad del amor cortés; el partenaire inhumano - Rosa Aksenchuk

La Filosofía en el futuro de los discursos antropológicos; Antropología Mística y Metafísica - Ernst Tugendhat

Badiou; ser, acontecimiento y ontología transitoria - Alejandro G. Piscitelli

Badiou y Derrida en los bordes del acontecimiento - Gustavo Celedón

Freud y Schoenberg. La prohibición mosaica de la representación y la renuncia pulsional - Néstor Braunstein

Hierofanía; entre lo sagrado y la abolición de la neurosis - Daniela Gutiérrez

Dolor y arte; Frida Kahlo - Alicia Wenger

"Outsider… deconstruyendo el arte desde fuera". Epistemología del arte marginal como práctica visual expresiva - Ramón Almela

Una reinterpretación postmoderna del arte ilusionista en Gombrich; Pinturas acerca de nada - Carlos Ortiz de Landázuri

La estela del delirio cyberpunk - Diego Saucedo Tejado

El Leonardo de Freud. Teorías estéticas y clínica de la lectura - Claudio Boyé

Adolescencia, anorexia y estructuración subjetiva - Marcela San José

Subjetividad, interioridad y mística en Wittgenstein - Víctor J. Krebs

Llamados autistas. Thomas, Klein y Lacan - Gabriel Guerrero

El Otro de la frustración - Daniel Larsen

La Mitología Psicoanalitica: La pulsión - Jairo Gallo Acosta

El manejo institucional del síntoma - Antonia Lara Edwards

Arte Conceptual y Postconceptual; de Duchamp a Joseph Beuys - Adolfo Vásquez Rocca


20/04/07

Tristan Tzara. El hombre aproximativo

 

 

Primera aproximación
El hombre, un poeta rumano en el exilio que responde al nombre de Sami Rosenstock, juega al ajedrez, metáfora de la guerra que no es ninguna metáfora, en 1916, en una calle de Zurich llamada Spielgasse (calle del juego), con otro hombre, un refugiado político ruso, Vladimir Illich Ilianov. En realidad, además de jugar al ajedrez, juego rigurosamente racional y estético, los dos hombres se están preparando para otro juego, acaso menos racional y menos estético pero no menos riguroso, la revolución, el segundo hombre: Lenin, hará la revolución política, a partir del año siguiente, en Rusia, y el primer hombre, Tristan Tzara, la revolución poética, ese mismo año, en el Cabaret Voltaire, en el número 1 de la calle del juego.



Segunda aproximación

Tzara trazará palabras al azar, las lanzará a la marchanta, chantará a la masa la gran palabra, DADA: palabra santa, vaca sagrada, papá, mamá, nada, azar. Tzara trazará la raya, atrasará hasta la nada, hará tabla rasa, arrasará, arrancará la máscara a las palabras, hablará pavadas para callar,  para hallar la máscara tras la máscara. Zar ácrata, Satán, Tarzán, Adán, Nada, Tzara llamará a Arp, a Ball, para armar DADA. DADA dará la alarma, las armas para matar a la Parca, para acabar la "farsa barata", para zafar - saltar la valla, sacar las trabas, dar batalla a las palabras hasta hallar la gran palabra: DADA.

 

Tercera aproximación
La aproximación fue inventada por los impresionistas, escribe Tzara en el Manifiesto DADA 1918, refiriéndose tal vez al modo en que estos trataban de aproximarse al objeto en su realidad profunda mediante la destrucción sistemática de su superficie y, al mismo tiempo, a su propio método de aproximación, desde una pensamiento excéntrico, al centro del hombre, destruyendo su subjetividad en forma asistemática, hasta llegar a configurar El hombre aproximativo. Tal es el título del libro que más se aproxima a este principio constructivo - y, a la vez destructivo -, obra de una complejidad estructural y un rigor estético casi ajedrecísticos, un juego infinito de repeticiones y diferencias, de correspondencias baudelaireanas o de variaciones sobre un mismo tema: la aproximación al hombre a través de la palabra, de la palabra "aproximación", un término que lo acompañó desde el principio y terminó dando título a uno de sus últimos poemas. Así es como Tzara se aproxima al hombre, él es el hombre aproximativo de su poesía aproximativa, próxima en el sentido de cercana al hombre, prójima y próxima en el sentido de lo porvenir. Por eso, en lo porvenir, Tzara abandonará el juego de la vanguardia y volverá al ajedrez y al comunismo, el común ismo de todas sus revoluciones alrededor de sí mismo y del concepto de aproximación, en torno al cual construirá, como una suerte de espiral genealógica, su tradición vanguardista.

 

Última aproximación

El método de las "aproximaciones insólitas" de los surrealistas nos permite hacer una asociación libre con un libro que no tiene nada que ver con la literatura, por lo que tiene todo que ver con el surrealismo: Tzara es Sara T., alcohólica, drogadicta y prostituta a los doce años. Su historia es aproximadamente la que sigue:
Sara era una niña precoz que jugaba al ajedrez y soñaba con vivir nuevas y excitantes experiencias, así que huyó de su casa y pronto aprendió otros juegos, liberando sus deseos infantiles bajo la anárquica tutoría de DADA, padre putativo de otras niñas como ella, que destruyó todas las reglas de su anterior vida burguesa. Luego, aburrida de sus alegres aventuras adolescentes en el cabaret, viajó a París, donde conoció a las ex DADA Breton, Aragon, y Soupalt, y supo de su proyecto de hacer la Revolución Surrealista, a la que se unió inconscientemente. Entonces, dejó de reírse de la psicología y se enamoró del inconsciente de Freud, que daba categoría científica a sus experiencias. Pero cuando el surrealismo dejó de ser revolucionario para ponerse Al Servicio de la Revolución, Sara dejó el surrealismo, al ser-vicio de la revolución. Pero cuando la revolución dejó de ser revolucionaria, su re-evolución la llevó a volver primero al surrealismo, pero éste ya había dejado de ser surrealista, y después al punto de partida: la partida de ajedrez, el juego originario en cuyas casillas Sara terminó encerrándose, en un movimiento de revolución, "viaje circular por la Luna y por el color", consistente en regresar a la primera movida, a cero, al principio revolucionario, estado ideal para la revolución, concebida por Sara como la experiencia artística y vital definitiva, el fin al que el hombre siempre tratará de aproximarse.  

06:00 Anotado en Autores, Literatura, Vanguardias, Vidas | Permalink | Comentarios (1) | Email esto | Tags: tzara, DADA, vanguardias

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10/04/07

El cazador de tatuajes

Psikeba. Revista de psicoanalisis

 

Algunas frases extraidas de: El cazador de tatuajes de Juvenal Acosta

 

Nadie que realmente busque encuentra. La búsqueda es el producto de neurosis. Los encuentros, en cambio, son producto de una ley universal que rige cada movimiento y nos conduce hasta donde tenemos que ir.

 

La seducción es un signo ritual que pertenece al mundo del artificio. Es un código que inventamos y construimos desde tiempos inmemoriales con señales falsas que enviamos y recibimos de acuerdo con nuestros deseos.

 

El tatuaje no es un signo impreso sobre la piel sino sobre la idea que uno tiene de sí mismo. El tatuaje es una cicatriz producto del deseo.

 

La búsqueda de Narciso es la búsqueda del otro dentro de sí mismo.

17:00 Anotado en Autores, Libros, Literatura | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: juvenal, acosta, cazador, tatuajes, mexico

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08/08/06

Psikeba. Revista de Psicoanálisis y estudios culturales - Número 2. Agosto de 2006

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Historiografía de la locura. El péndulo de la historia - Alfredo Aroca

Antipsiquiatría; Deconstrucción del concepto de enfermedad mental - Adolfo Vásquez Rocca

Causalidad, Ficción y Subjetividad. Ensayo sobre el problema de lo originario en psicoanálisis - Alejandro Bilbao

 El inconsciente freudiano, el lacaniano y los vestidos - Juan Carlos Mosca

La Venganza de Dioniso: Una lectura arquetipal de la violencia - Víctor J. Krebs

El atizador de Wittgenstein y el agalma de Sócrates a Lacan - Néstor A. Braunstein

El lugar del saber en la práctica psicoanalítica - Daniel Larsen

Toxicomanía y psicoanálisis. Del goce globalizado a la ética de la diferencia - Rosa Aksenchuk

La moda del «Ataque de Pánico» (O el vaciamiento del sujeto) - José Méndez

Real, imaginario y simbólico (una aproximación) - Mario Malaurie

El hipocuerpo: El cuerpo en el discurso virtual - Roberto Balaguer Prestes

La crisis de la noción de sujeto; desubjetivación y psicopatologías del yo - Adolfo Vásquez Rocca

La escisión de la subjetividad: el problema del tiempo en el hombre en diálogo con Zubiri - Ricardo Espinoza Lolas

Propugnación de la racionalidad de los brutos. DOCUMENTO. Lisboa 1753 - Miguel Pereira de Castro Padraõ

Una lectura existencialista de la narrativa del   primer Cortázar - María Elvira Luna Escudero-Allie

 

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Exposición “La condición posthumana” – Adolfo Vásquez Rocca

 

Directora: Lic. Rosa Aksenchuk  -  Editor Asociado: Adolfo Vásquez Rocca

 

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24/07/06

Psikeba. Revista de Psicoanálisis y estudios culturales

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PRESENTACIÓN

La página se abre en su contenido como una triple conjugación que anuda el psicoanálisis, la crítica del arte y los recursos de investigación filosófica, presentada por excelentes imágenes.

Este número analiza a la Postmodernidad desde una lucida crítica cultural.

En las lecturas de Adolfo Vásquez Rocca, Roberto Follari, Jorge Ballario, Daniel Larsen Roberto Balaguer Prestes, Daniel López Salort , Gabriel Cocimano y Rosa Aksenchuk, se van deslizando textos sobre un pensar la Postmodernidad en donde las categorías de la alteridad están definidas por la seducción y el simulacro, en tanto que como rescate apocalíptico la voz del psicoanálisis hace frente a la cybercultura de la sociedad voyerista posmoderna.

“El desafío de la diferencia, que constituye al sujeto especularmente, siempre a partir de un otro que nos seduce o al que seducimos, al que miramos y por el que somos vistos, hace que el solitario voyeurista ocupe el lugar del antiguo seductor apasionado. Somos, en este sentido, ser para otros y no sólo por la teatralidad propia de la vida social, sino porque la mirada del otro nos constituye, en ella y por ella nos reconocemos. La constitución de nuestra identidad tiene lugar desde la alteridad, desde la mirada del otro que me objetiva, que me convierte en espectáculo”.

El arte ha dado magníficos exponentes con tendencias a esta práctica parafílica: Salvador Dalí, Picasso, el marqués de Sade. El cine, arte voyeurista por excelencia, también inmortalizó obras que describen estas prácticas: Alfred Hitchcock, Kieslowsky, Brian de Palma han fisgoneado a través de una ventana para descubrir escenas eróticas o inquietantes. En varios filmes de Luis Buñuel, Federico Fellini o Pier Paolo Pasolini aparecen esos rasgos acentuados.

En el umbral de una nueva herida narcisista, de la fogoneada inminente muerte del psicoanálisis, de su supuesta agonía, éste se enfrenta con numerosos interrogantes ligados a la profunda y creciente transformación producida por la cultura posmoderna, sin perder la brújula de centrar al sujeto en su singularidad. Aún así, no es menos cierta la patética tendencia del afincamiento del goce en el hablante, al ser el hombre invadido por la actual coyuntura histórica y quedar funcionando como maquinarias, como seres digitales, binarios.

Así, en medio de la lucha entre los apocalípticos y los integrados, de los cosmopolitas y los fundamentalistas, frente al proceso de globalización actual, de la era del vacío, la voz del psicoanálisis se lanza como un sonido capaz de ir más allá de la descripción o de la aventura ficticia.

En la globalización neoliberal, tienden a desaparecer de la realidad visible los aspectos y matices de la subjetividad humana, los que reaparecerían en forma sintomática. En este régimen se alentaría implícitamente una uniformización en lo esencial (pensamiento único, fin de las ideologías, el dinero como valor supremo), para relajar al máximo el terreno de las apariencias, es decir fomentar una especie de “aparente libertad” (modas estrafalarias, conductas y costumbres –solitarias o grupales– excéntricas, etc.). Pero los síntomas que constituyen parte de esa realidad no visible, y que son cada vez más intrincados –en consonancia con lo abarcador y la creciente complejidad del saber científico–, marcarían nuevamente la diferencia. Aunque el arsenal médico que los espera promueva otra vez la unificación.

La ironía posmoderna, el bastardeo imaginario, el holocausto mental neoliberal, instalados como cybercultura, no operan meramente como una re-presentación aristotélica de algo exterior a sí, sino que establecen sus propias situaciones porque crean simulaciones interactivas donde lo digital no tiene género, es comunicación no-corporal, es simulación del cuerpo y de las sensaciones; al espacio recibido por la especie humana hemos agregado otro espacio: uno que no es tal sino que lo simula a la vez que se aleja de lo que copia.

El tecnofundamentalismo transgrede límites, y transmuta el objeto en lo objetual, lo real en lo virtual, lo vital en lo digital . Este reinado de la más cruda impermanencia temporal y del espacio sin cuerpo, refuerza paradójicamente una masiva adhesión a éticas hedonistas y subjetivas, como desesperada reacción ante lo no-natural.

De manera que lo posmoderno no es “lo contrario” de lo moderno, sino su rebasamiento. Es la modernidad misma que invierte sus modalidades y efectos culturales. El descrédito de la razón, la ciencia y la técnica no ha surgido de una “negación simple” de estas, sino de su concreción histórico-factual, de su realización”.

Referencia a PSIKEBA en El Otro Psi | Buenos Aires. Edición de Julio de 2006
Publicación Mensual especializada en Psicología Clínica. http://www.psi-elotro.com.ar/

 


PSIKEBA - Revista de Psicoanalisis y estudios culturales
Número 1 - Enero / Abril de 2006

El grado cero de la herencia. Hacia una teoría de la subjetividad en psicoanálisis - Alejandro Bilbao


William Burroughs y La Metáfora Viral. Postmodernidad, compulsión y Literatura conspirativa. - Adolfo Vásquez Rocca


Freud y la cocaína: ¿experimentos con uno mismo? - Rosa Aksenchuk


La voz del Psicoanálisis frente a las nuevas tecnologías - Roberto Balaguer Prestes


La ironía posmoderna - Jorge Ballario


Muerte vs. muerte. Evolución de la Teoría de las Pulsiones - Mario Malaurie


¿El antisemitismo o el judaísmo en los orígenes freudianos? - José Méndez


La ficción como conocimiento, subjetividad y texto; de Duchamp a Feyerabend - Adolfo Vásquez Rocca


Cybercultura: cumbres y abismos - Daniel López Salort


Estructuras discursivas en Lacan; Artistas, terroristas y canallas - Carlos Norberto Mugrabi


Relato de invertidos: la masculinidad hegemónica - Daniela Aspeé Venegas


Nietzsche; De mythos y maravillas - Ricardo Espinoza Lolas


La anorexia; una patología de la modernidad - Inmaculada Jauregui Balenciaga


Heidegger y el nazismo. Palabra, silencio y política - Alberto Constante


Foucault y Sade; Arquitectura y sociedad disciplinaria. La ilustración y sus espacios
Lic. Victoria Streppone - Rodrigo H. Amuchástegui

 

AUTORES CONTEMPORANEOS

 

Psicoanálisis

 

Sigmund Freud

Jacques Lacan

Sandor Ferenczi

Melanie Klein

Donald Winnicott

Slavoj Žižek

 

Filosofía

Friedrich Nietzsche

Martín Heidegger

Ludwig Wittgenstein

Jean-Paul Sartre

Louis Althusser

Peter Sloterdijk

 

Psiquiatría

Philipe Pinel

Jean E. Esquirol

Wilhelm Griesinger

Emil Kraepelin

Gaetan G. De Clérambault

 

Literatura

Franz Kafka

James Joyce

Antonín Artaud

Jorge Luis Borges

Ernesto Sábato

Adolfo Bioy Casares

Julio Cortázar

 

ARTE

Exposiciones

Exposición La Condición Posthumana - Adolfo Vásquez Rocca

 

Artículos

Francis Bacon; el desgarro de la carne y la deriva del Yo - Adolfo Vásquez Rocca

Comentario sobre "La condición posthumana". Exposición de Adolfo Vásquez Rocca - Rosa Aksenchuk

Dolor y Arte: Frida Kahlo - Adriana Alicia Wenger

El artista como dictador social y el político como escenógrafo - Adolfo Vásquez Rocca

Tras los pliegues de la carne: una aproximacion a Lucian Freud - Anna Adell

Kandinsky: La creación de una pérdida - María del Carmen Meroni
 
 
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