« "Cuchillo metido en la carne como en una vaina" - Ensayo sobre el suicidio largamente anunciado del escritor japonés Yukio Mishima | Página de inicio | Envidia y caridad: dos caras de la moneda »

¿Qué sentimiento enaltece más al sujeto, cuál al objeto? Envidia y caridad, no es absurdo considerarlas dos caras de la misma moneda, o el reverso la primera de la segunda. A diferencia de la solidaridad, cuyo ejercicio está marcado por el reconocimiento del semejante, por la injusticia de la cual es objeto y por una voluntad de reequilibramiento de sus derechos desbalanceados, la caridad implica asimetría y usufructo de la misma: se le da no sólo al que tiene menos, sino "al que es menos", "a los pobres", a los desposeídos, a los que sólo cuentan con la ayuda del otro porque sus recursos propios no pueden sostenerlo. ¿Por qué habría, necesariamente, que implicar agradecimiento entonces, si en su ejercicio se señala la condena a la desnivelación subjetiva en que queda colocado el supuesto beneficiario? Se debería, en realidad, pedir perdón por dar, por ese ejercicio terrible de soberbia que implica tener de sobra cuando el otro nada tiene, y aún por el hecho de que eso que damos no significa, en absoluto, que nos quedemos sin nada. Porque en realidad lo que damos no nos despoja sino que nos enriquece, en razón de que incrementa nuestro valor moral, nuestras acciones ante la instancia que nos premia –sea ella del orden intrasubjetivo, moral, sea del orden trascendente, divino-. La envidia, por el contrario, paradójicamente, y aunque pase por la denigración que se ejerce, da cuenta de la sobrevaloración del otro, y no de lo que posee. Es indudable que nunca se envidia el objeto sino la significación que este tiene en el orden inter-subjetivo.
A diferencia de los celos, que llevan la marca del amor, que dan cuenta del deseo de posesión de un objeto humano, no puramente material, que se considera propio –no se cela sino porque un tercero intenta apropiarse de aquel que nos pertenece, o porque se ha apropiado de él– la envidia recae sobre el otro en tanto poseedor de aquello que se considera un don que le brinda el brillo del cual uno se supone carente. La envidia es así, odio decantado, destilado pasional, arrasamiento del yo; porque quien envidia, en realidad, ya siente que es nada salvo que posea aquello que el otro tiene y a lo cual codicia. El objeto es un "significante", como se acostumbró a decir a fines del siglo XX: la marca que emplaza a alguien ante sí mismo por relación al otro: si lo tengo –ese objeto– seré él, tendré su lugar, seré mirado como lo miro, como lo miran. A partir de esto, la paradoja: la denigración que se ejerce cuando se descalifica a quien se envidia es sólo un intento de restitución del narcisismo propio: "En realidad, él o ella no valen nada, y todo lo que tienen es basura, y lo que obtuvieron no sirve de nada…" modo paradigmático de ejercicio de la envidia que da cuenta, por el contrario, del sentimiento de aniquilamiento que vive quien la padece.
Porque la envidia tiene un prerrequisito: y es la posibilidad de intercambiabilidad con el otro, la convicción de que aquello que tiene lo podría haber tenido quien codicia el atributo envidiado. Los siervos de la gleba no envidiaban al señor feudal, ni los campesinos a sus reyes, porque tenían la convicción de que habían nacido en lugares diferentes, que el orden establecido los había colocado en esa posición, y que no había razones para soñar siquiera con la posibilidad de tener lo que el otro tenía. La envidia no transgrede más que en el borde el principio de realidad, no se establece sino sobre la base de una cierta convicción de simetría que conlleva la injusticia. Razón por la cual es frecuente la envidia entre hermanos, ya que habiendo partido del mismo lugar, el hecho de que uno de ellos tenga algo que no se tiene, confirma el supuesto que ello obedece a un reparto mal establecido.
La envidia tiene, entonces, como base, la convicción de la injusticia. Por eso convoca a la violencia, porque esa desigualdad –real o imaginaria, supuesta o verdadera– es de hecho un daño de partida. Si la igualdad de oportunidades prometidas culmina en desigualdad y sufrimiento, ¿por qué asombrarnos de la emergencia masiva de sentimientos profundamente destructivos en aquellos que han sido despojados y que se sienten víctimas de tal despojo? ¿De su amenazante deseo de reconocimiento, de la destructividad con la cual atacan en muchos casos los bienes y vidas de otros?
Sólo la convicción de una reparación de la injusticia, no de una redistribución caritativa, es capaz de paliar la envidia como sentimiento arrasador que conlleva la destrucción del otro y del objeto deseado. La conservación de bienes y vidas pasa entonces no por el atenuamiento caritativo de la desigualdad sino por la garantía de un proyecto de inclusión no sólo biológico sino subjetivo; vale decir, por la restitución de la condición de ciudadanos de derecho para quienes sienten que su amor ha quedado desarticulado por la decepción que los conduce a una furia arrasadora.
Silvia Bleichmar es doctora en Psicoanálisis de la Universidad de París VII, Docente de postgrado de universidades del país y del exterior. Autora de La fundación de lo inconsciente y Dolor país, entre otros libros.
04:05 Anotado en Psicoanálisis | Permalink | Comentarios (2) | Email esto | Tags: Blogs en Español
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Comentarios
Modelo: uno envidia a un pobre que nada tiene y es feliz. Envidia su felicidad, su desvinculación de las cosas.
¿Cómo encuadramos este sentimiento?
Anotado por: luis | 10/01/06
...si la reparación de la injusticia puede disminuir la envidia..todo esto bajo el prisma d la mente humana...¿no es el corazón con sus aristas de conmoción..lo que verdaderamente permite la evolución del ser humano ?..
¿ qué ocurriría con una sociedad qu ya no se conmueve ante nada?...
¿ nos produce una cierta envidia el desapego de lo material...?..o felicidad ?
como que me falta espiritualidad...en todos estos análisis...
...sinceramente muy interesante su blog...me quedé pensando..me dejó pensando...tal vez mucho intelecto para mí...poca alma ...igualmente sea quien sea ..gracias por su blog...me permite reflexionar ..aunque no esté del todo de acuerdo...
..interesante..realmente interesante...
...algo me falta cada vez que visito este blog...no sé que es ...tiene que ver con sentimiento...espíritu..alma..comprensión...¡¡¡no lo sé..!!... en fin...buenafortuna...saludos..intresante...muy interesante....
Anotado por: RENÉ | 11/01/06
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