« La Banda de Moebius | Página de inicio | “No creas en los proverbios” »
Una palabra bastará para sanarse. Patafísica. No está incluida en el diccionario de los mortales ni es un tecnicismo enrevesado. Patafísica. Memorice el término. Incorpórelo a su respiración. Hágalo parte de sí. Es lo más loco y genial que haya parido la literatura.
Alfred Jarry fue un francés nada convencional que satirizó la sociedad de su tiempo —esa misma sociedad que Proust caricaturizaría posteriormente— a través de la figura del padre (pére) Ubú, emblema de la monstruosidad y la ignorancia.
Ubú rey, la obra más importante de Alfred Jarry, fue estrenada en París el 10 de diciembre de 1896, con un gran escándalo, se le considera antecesora directa del teatro del absurdo. Con ella Jarry consigue el aplauso del gran París. Es una comedia satírica en la que se mezclan las referencias a Macbeth con los excesos de un monarca tan tirano, como cobarde. Y cuya trama da lugar a situaciones llevadas hasta el absurdo.
Es una crítica corrosiva contra la autoridad que el autor realiza a través de la llegada al poder del grotesco Padre Ubú, quien junto a su mujer encarnan la corrupción y el despotismo, casi un paradigma de los dictadores del Siglo XX.

“La patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias que simbólicamente confiere al lineamiento las propiedades de los objetos descritos en su virtualidad”.
La patafísica está en Ubú e incluso antes que fuera enunciado. Para muestra un botón: ya en tierras americanas había patafísicos, mucho antes de la disposición de la página en blanco de Mallarmé y los caligramas de Apollinaire. Como el autor del himno nacional uruguayo Francisco Acuña de Figueroa , que a comienzos del siglo XIX compuso el poema experimental “Salve multiforme”, dirigido a la Virgen María.
Dicho poema admite 954640000000000000000000000000000000000000000000000000000000000 (95464 + 58 ceros) lecturas posibles. Como la lectura de cada poema no demora más de 20 segundos, la lectura total de todas las versiones demoraría cerca de cien mil millones de siglos, es decir, casi una eternidad...
Rostros trinos
Así nos va. La patafísica es creación a partir de otra creación, lenguaje hecho de reminiscencias; e impregnada en el resto de la obra literaria de Jarry y sus sucesores, lo que a su vez le devuelve aristas de distintas reverberaciones significativas. Jarry, Ubú y Faustroll son el rostro de una trinidad que invoca a la disonancia, la etimología, lo lúdico y la risa como únicas devociones que deben ser tomadas seriamente. Porque, como diría Julio Cortázar, citando a Man Ray , “lo serio y lo no serio son lo mismo”.
Esto es la suprema aspiración poética de Jarry: llegar a un punto en que lo uno y lo otro son efectivamente correspondientes, y se reconcilian. “Mierdra” —la primera frase profesada por Ubu— y absoluto, lo profano y lo sagrado, el amor y la obscenidad, la vida y la obra se separan y se fusionan por principios de atracción y negación. Hacia la búsqueda de estos principios se orienta los buenos oficios de la patafísica, hecho de excepciones que constituyen “la” ciencia.
Descabellado, puede ser, por lo que ello implica: una constante subversión de los fundamentos simbólicos e ideológicos de la tan mentada “realidad”, de ese compuesto proteínico que los periódicos y la televisión recomiendan para el fin de semana. La desmitificación del arte —de la literatura, en particular— y la entrega total a los poderes de la imaginación y la voluntad lúdica son los indestructibles baluartes de la patafísica.
Muchas tendencias literarias y artísticas actuales no se hubieran podido desarrollar en nuestra época sin el valioso aporte de Jarry y sus sucedáneos: dadaístas, surrealistas, el denominado “teatro del absurdo” , la transvanguardia.
El Colegio de Patafísica se fundó en 1950 gracias un grupo de sátrapas trascendentales y eximios curadores que prosiguieron el legado ubuesco, como Louis Irinée Sandomir, el barón Mollet, Jacques Prévert, Raymond Queneau, Georges Perec, Max Ernst, Noël Arnaud, Boris Vian, Eugène Ionesco, Alphonse Allais[1], Henri Salvador e Italo Calvino. Muchos de ellos formarían también el Oulipo. Hasta la “ciencia de lo particular” influye en algunos postulados del psicoanálisis lacaniano. Por otro lado, es precursor de los discursos anarquistas que inspiraron la movida punk a fines de la década de 1970. Incluso el padre Ubú fue tomado para bautizar grupo new wave estadounidense del mismo nombre.
En un valioso artículo, Michel Arrivé ha explicado mejor que nadie los orígenes de aquella intuición que Jarry, en Gestos y opiniones del doctor Faustroll, denomina “la ciencia de las soluciones imaginarias”. En ese sentido, uno puede realmente valorar la verdadera trascendencia de una corriente fundamental de la literatura contemporánea. No nos engañemos: durante muchos años se le pidió a la literatura, sobre todo a la latinoamericana, ejercer una función eminentemente política: mostrar un mundo de ficción que abordara los problemas reales y concretos de nuestro continente. Sin embargo, aplicar este imperativo a toda la literatura escrita —y ejercer juicios de valor a partir de este criterio— se nos antoja como un precepto estalinista. Pues bien, la patafísica nos muestra que otra literatura, sin necesariamente romper palitos con la anterior, sino simplemente invirtiendo los paradigmas en sana simbiosis, es posible y, más aún, necesaria. En una época en que los escritores cerraban filas en torno a una ideología determinada, derecha o izquierda (la violación que no cesa, siguiendo a José Adolph), las combinaciones poemáticas o narrativas se asemejan a las dosis de aire o luz requeridas para un claustrofóbico.
De la “seriedad”
La “señora seriedad” —así le llamaba Cortázar en La vuelta al día en ochenta mundos, ese magnífico corpus patafísico en castellano— se ha encargado de hacerle malas pasadas al arte y la literatura en general. Así, para esta inflexible señora, como para Jorge de Burgos, una obra de arte no debe hacernos reír, sino obligarnos a meditar sobre la falible condición humana. Como si se tratara de un catecismo. Aclaramos, de paso, que no confundimos rigor con seriedad: son dos cosas diametralmente distintas.
Hasta para contar un chiste o hacer un gag hay que ser riguroso (verbigracia, Buster Keaton). Pero el humor parece tan lejano a nuestras letras como una estrella sideral. No hablamos de las bufonadas o de la ternura nostálgica, también cara a ciertos escribidores. Nos referimos aquí de un auténtico compromiso con la inutilidad, la inversión carnavalesca de los valores entronizados como verdaderos y eficaces por esta racionalidad instrumental, tormento nuestro de cada día.
Pero la papal dama es incapaz de ver más allá de donde terminan sus pesados y angurrientos lentes. Ella es la policía del llamado “buen gusto”. Ella censura, corta, enfrenta, ningunea, escribe manuales del buen comportamiento. Ella eleva los imponderables generales por encima de los nimios estorbos particulares.
Sin embargo, al ser conocimiento de lo estrictamente particular, de lo accidental —lo cual contrasta con el discurso científico convencional—, la patafísica se cierne sobre relaciones invisibles para el hombre común y silvestre, sometido a la cosificación instrumental, la banalidad consumista. La patafísica irrumpe, a veces de manera estruendosa, para acabar con los pensamientos únicos que pretenden ofrecerle a la vida una linealidad coherente. La patafísica es continuidad, es creación y destrucción de las formas por el azar y la risa; es aceptación sin vergüenza de nuestro lado grotesco, es decir, la caricatura que pretendemos ocultar de nosotros mismos con aquellos inseguros mandatos de la sociabilidad.
¿Podemos establecer una tradición así? ¿Es posible plantearla en medio de una cultura autoritaria como la nuestra, que tiende más a la socarronería y la criollada: estrategia inconsciente de reducción a la mínima expresión del otro?
Creemos utópicamente que sí. Reivindiquemos nuestro derecho a reírnos con nuestro arte, con nuestra literatura, con nuestra poesía. Alejémonos, al menos por un momento, de esa gravedad con que situamos a las obras artísticas y otras dimensiones de la vida del hombre. El arte no se ha hecho sólo para revelar, sino también para entretener (pero sin chabacanerías, tampoco somos broadcasters de TV; nada más antipatafísico que esto). No pretendemos encontrar tan sólo la “verdad”, sino reivindicar aquello que T.S. Eliot reclamaba para la poesía y la literatura por extensión: la capacidad de poder descubrir en la experiencia humana verificada en el arte la posibilidad del divertimento, del juego, del solaz. He ahí el carácter netamente subversivo de la experiencia artística.
Razones inútiles
Pues de eso se trata. Jarry concibió a Ubu a partir de una inocentona broma infantil y de sus chanzas con los compañeros de un colegio al sur de Francia. Asimismo, los honorables miembros de esta revista acordaron hacer un dossier al respecto para saludar una de las literaturas más inventivas de todos los tiempos. Nuestro oficio es, qué duda cabe, leve, pero no lo abordamos ni lo abordaremos, en esta ocasión, con los bolsones de las caras adustas ni con las machaconas citas a pie de página. Al contrario, incluso hemos dejado de lado sesudos artículos que pretendían hacer un estado de la cuestión. Por ello, confeccionamos un especial temático que aborda diversos aspectos —oh cráneo esférico— de la más curiosa de las disciplinas científicas.
Debido a cuestiones de dinero y tiempo, no hemos podido conseguir un traductor idóneo del francés, lengua que, por razones educativas, desconocemos en sus sintaxis y paráfrasis. Por eso acudimos a la buena fue de nuestros patafísicos amigos que residen en el exterior y pueden empaparse con mayor facilidad que nosotros de las costumbres extranjerizantes. Desde esta tribuna, agradecemos mil las colaboraciones de Alejandro Neyra, el amigo que, como en su cuento casi autobiográfico, ha conseguido las joyas de la corona: traducciones del original de algunos textos sobre el Colegio de Patafisica, el Oulipo y nada más y nada menos que algunos apuntes acerca de la ouvre de Georges Perec, uno de los narradores más influyentes y decisivos de los últimos tiempos.
Señores, sólo nos queda disfrutar la exquisitez de los platillos. La mesa está ampliamente servida.
Alphonse Allais vivió en Francia entre 1854 y 1905. Estudió Química un tiempo, pero se dedicó al humor y al periodismo. Colaboró con diferentes diarios y revistas, donde escribía a razón de un artículo o cuento por día. Trabajó en la revistaLe chat noir (del cabaret del mismo nombre) y dirigió luego su propia publicación, Le sourire, donde publicó su primer poema Max Jacob. En castellano, sus textos circulan por diferentes antologías: entre ellas, Humor negro y otros humores de A. Allais.
Basado en el artículo homónimo de Giancarlo Stagnaro.
Links relacionados:
Algunas referencias en Wikipedia
02:15 Anotado en Arte, Curiosidades, Figuras, Literatura | Permalink | Comentarios (4) | Email esto | Tags: Blogs en Español, Patafísica, Jarry, ubu, Proust, perec, queneau, dadaismo, surrealismo
Menear en
Comentarios
ALFRED JARRY: PATAFÍSICA, VIRTUALIDAD Y HETERODOXIA
Dr. Adolfo Vásquez Rocca
Ver Artículo relacionado
En http://www.zonamoebius.com/02.nudos-y-senales/avr_1004_jarry.htm
ALFRED JARRY: PATAFÍSICA, VIRTUALIDAD Y HETERODOXIA
El Collége de Pataphysique y la ciencia de las soluciones imaginarias
Adolfo Vásquez Rocca
1.- Alfred Jarry precursor del Dadaísmo
Alfred Jarry precursor del Dadaísmo, del Surrealismo y del Absurdo, recién llegado a París desde Laval, la ciudad que lo viera nacer el 8 de septiembre 1873, se convirtió en un habitué de los cenáculos frecuentados por los poetas simbolistas.
Alumno de Henri Bergson en la Sorbona, el aún incipiente dramaturgo era ya un hombre extremadamente cultivado, cuyos versos y artículos eran ya colaboraciones habituales en la 'Revue Blanche’, llegando el mismo a ser el fundador de 'L’imagier'. Consigue el aplauso del gran París en 1896 con Ubu rey, comedia satírica en la que se entremezclan referencias a Macbeth con los excesos de un monarca tan tirano con nobles y plebeyos como cobarde en la guerra.
Contra todo pronóstico, el éxito que conoce Ubu rey en el París del final de la belle époque es tal que Jarry escribe una segunda parte con el título de Ubu encadenado (1900). La gloria literaria corre a la par de la autodestrucción a la que el dramaturgo parece condenado irremediablemente. Alternando realidad y ficción en sus delirios de borracho, escribe El amor absoluto (1899), Mesalina (1901) y la curiosa novela El supermacho, definida en su edición española como "una muestra de los juegos a los que la teoría y la práctica del amor pueden entregarse teniendo por rival a las máquinas, a la velocidad, a todas las fantasías de los avances científicos de comienzos del siglo XX". Para la crítica, tan singular obra vino a ser un curioso ejemplo de "futurismo grotesco".
El teatro del siglo XX comienza a avizorar sus nuevas posibilidades –anticipando a Beckett– en la noche del 10 de diciembre de 1896 con el estreno de Ubu rey, Jarry no sólo renovó la escritura dramática, sino también los conceptos de la puesta en escena, pasando por el vestuario, el maquillaje, y –fundamentalmente– la actitud del actor.
Alfred Jarry, de quien André Bretón diría años más tarde que “aniquiló como principio la diferencia entre arte y vida”, montaba en bicicleta y pescaba, era diestro en el uso de la espada y llevaba casi siempre dos pistolas descargadas con las que disparaba simbólicamente contra todo pseudo-artista o impostor intelectual que se cruzaba en su camino. Pese a todo, fue fulminado a quemarropa por sus propias pulsiones autodestructivas. Jarry muere alcoholizado en 1907, no llegando a ver la publicación de Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico. A raíz de su lectura, sus muchos admiradores querrán poner en marcha una ciencia llamada "patafísica", dedicada al estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones.
2.- El Collége de Pataphysique
Alfred Jarry inventa así la Patafísica, “ciencia de las soluciones imaginarias que otorga simbólicamente a las delineaciones de los cuerpos las propiedades de los objetos descritas por su virtualidad”, en su obra Gestos y opiniones del Dr. Faustroll, patafísico (1)
A partir de esta obra fundacional el colegio de Patafísica se define como una "sociedad docta e inútil dedicada al estudio de las soluciones imaginarias".
a Patafísica sobrevivió a Jarry, creándose el 11 de mayo de 1948 como contrapunto irónico al prestigioso Collége de France, el Collége de Pataphysique. Este Collége ha contado con ilustres socios, entre los que se cuentan Raymond Queneau, Jacques Prévert, Max Ernst, Eugene Ionesco, Joan Miró, Boris Vian, Marcel Duchamp, Jean Dubuffet, René Clair, entre otros. Aquí Boris Vian, Jacques Prévert y su gata Labyronette acogieron las fiestas mayores del Colegio y más precisamente todas las que celebraban al Barón Mollet.
El Colegio de Patafísica decretó un periodo de ocultación, pero según parece el 20 de Abril del 2000 celebraron la Desocultación. Anunciaban una exposición de "Agujeros, Nadas y Espejismos" pero al parecer nadie la encontró.
3.- La Patafísica como ciencia de las soluciones imaginarias
La Patafísica es la ciencia que se añade a la Metafísica, bien sea en sí misma, bien sea fuera de sí misma, y se extiende más allá de esta, tan lejos como esta se encuentra de la física. Un epifenómeno es lo que se añade a un fenómeno. Al ser con frecuencia el epifenómeno un accidente, la Patafísica será sobre todo la ciencia de lo particular, por más que se afirme que sólo hay una ciencia de lo general.
La Patafísica estudia las leyes que rigen las excepciones y explica el universo complementario o, menos ambiciosamente, describe el universo que podemos ver y que tal vez debemos ver en lugar del tradicional. Las leyes del universo tradicional que creímos descubrir, al ser también correlaciones de excepción, aunque más frecuentes, en todo caso de hechos accidentales, que se reducen a excepciones poco excepcionales, no tienen siquiera el atractivo de la singularidad.
La idea central de la Patafísica es la consideración de las leyes generales de la física como un conjunto de excepciones no excepcionales, y, en consecuencia, sin ningún interés. En suma, la regla es una excepción a la excepción. Este es el centro de la “dialéctica” patafísica. Y sólo la excepción es lo que hace avanzar a la ciencia. Para ello baste con recordar los principios de Fleming, de Pasteur o de cualquiera de esos ilustres científicos para constatar que todo verdadero descubrimiento acontece por azar. En este punto es imposible no notar las similitudes con lo que 30 años más tarde Popper (2) enunciaría como el Principio de falsación o de refutabilidad.
4.- Deleuze: Jarry como antecedente de Heidegger
Ahora bien, es Deleuze quien ubica a Jarry como un antecedente temprano y fundamental, un precursor desconocido, de Heidegger. La Patafísica (epi meta ta phusika), según señala Deleuze (3), tiene precisa y explícitamente como objeto el gran giro, la superación de la metafísica, la vuelta atrás más allá o más acá, “la ciencia de lo que se sobreañade a la metafísica, sea en sí misma, sea fuera de ella, extendiéndose tanto más lejos de ésta como ésta de la física”. (4) Hasta el punto de que cabe considerar la obra de Heidegger como un desarrollo de la patafísica conforme a los principios de Sófrates el armenio, y de su primer discípulo, Alfred Jarry. Las grandes similitudes, memoriales o historiales, conciernen al ser del fenómeno, la técnica y el tratamiento de la lengua.
En primer lugar, la patafísica como superación de la metafísica es inseparable de una fenomenología, es decir de un nuevo significado y de una nueva comprensión del fenómeno. Se trata de una similitud alucinante entre ambos autores. El fenómeno ya no puede ser definido como una apariencia; pero tampoco se definirá, como en la fenomenología de Husserl, como una aparición. La aparición remite a una conciencia a la que se le aparece, y asimismo puede existir bajo una forma distinta de aquella que hace aparecer. El fenómeno por el contrario es lo que se muestra a sí mismo en sí mismo. (5)
El ‘siendo’ puede incluso parecer una degradación del ser, y la vida, del pensamiento, pero, más aún, se dirá que “el siendo” corta el paso al ser, lo mata y lo destruye, o que la vida mata al pensamiento. La metafísica cabe toda ella en el retraimiento del ser o el olvido, porque confunde el ser con el siendo. La técnica como dominio efectivo del siendo es la heredera de la metafísica: la termina, la realiza. La acción y la vida han matado el pensamiento.
Diríase, en ambos autores, que la técnica es la sede de un combate en el que ya se pierde el ser en el olvido, en el retraimiento, o se produce lo contrario y se muestra y se devela. No basta en efecto con oponer el ser y su olvido, el ser y su retraimiento, puesto que lo que define la pérdida del ser es más bien el olvido del olvido, el retraimiento del retraimiento, mientras que el retraimiento y el olvido constituyen el modo en que se muestra o puede mostrarse. La esencia de la técnica no es técnica, y “encierra la posibilidad de que lo que salva surja en nuestro horizonte”. (6)
En Jarry, cabe precisar, esta apertura de lo posible también tiene necesidad de la ciencia tecnicizada. Y si Heidegger define la técnica por la ascensión de un “fondo” que borra el objeto en beneficio de una posibilidad de ser, Jarry por su cuenta considera la ciencia y la técnica como la revelación de unos trazados que corresponden a las potencialidades o virtualidades de un objeto: la bicicleta, por ejemplo, constituye precisamente un excelente modelo, en tanto que constituido por “vástagos rígidos articulados y volantes impulsados por un rápido movimiento de rotación”. (7) En este sentido la patafísica comporta ya una gran teoría de las máquinas, y supera las virtualidades del siendo hacia la posibilidad de ser.
La ciencia en efecto trata el tiempo como variable independiente: por eso las máquinas son esencialmente máquinas de explorar el tiempo, “tempo-móviles” más que locomóviles. La ciencia bajo ese carácter técnico hace primero posible un vuelco patafísico del tiempo.
Jarry tal vez recuerde a su profesor Bergson cuando recupera el tema de la Duración, a la que define primero por una inmovilidad en la sucesión temporal (conservación del pasado), luego como una exploración del futuro o una apertura del porvenir: “La Duración es la transformación de una sucesión en reversión, es decir: el devenir de una memoria.” Se trata de una profunda reconciliación de la Máquina y la Duración. (8)
En ese paso de la ciencia al arte, en esa reversión de la ciencia en arte, Heidegger recupera tal vez un problema familiar de finales del siglo XIX, idea que ya encontramos en Jarry, particularmente en su tesis sobre la anarquía: en el hacer-desaparecer, en la consideración estética del crimen, al modo como es propuesto por De Quincey (9) a quien Jarry admira profundamente.
Notas:
(1) "Gestes et Opinions Du Docteur Faustroll, Pataphysique", acabado en 1898 y publicado 4 años después de la muerte de Alfred Jarry, en 1911.
(2) POPPER, Karl, La lógica de la Investigación Científica, Ed. Tecnos, Madrid, 1982. La tesis central de Karl Popper es el refutacionismo, una postura mediante la cual este pensador busca establecer una demarcación entre lo que es ciencia y lo que no lo es: son científicos aquellos enunciados que pueden ser refutados. Contraponiendo al intento de confirmar las propias teorías el intento de refutarlas, deduce su teoría: que lo que define el carácter científico de una teoría es su contrastabilidad, y lo que define a ésta es la refutabilidad, y que una teoría es científica y significativa sólo si es en principio incompatible con algunos fenómenos observables. La falsabilidad de una hipótesis implica más que un cambio terminológico frente a la verificabilidad inductivista: implica que toda conjetura se mantiene siempre en conjetura, aunque esté corroborada, pues no puede ser necesariamente falsada ni necesariamente corroborada. La fundamentación de la refutabilidad como criterio lleva al desarrollo de una nueva concepción de ciencia y de teoría científica.
(3) DELEUZE, Gilles, Crítica y clínica, Traducido por Thomas Kauf, Editorial Anagrama, Barcelona, 1996, pp. 128-139. Título original: «Critique et clinique», Les Éditions de Minuit, París, 1993
(4) JARRY, Alfred, Faustroll, II, 8, Pléiade II, pág. 668 (Hechos y dichos del Dr. Faustroll. Patafísico, Mandrágora, 1975).
(5) HEIDEGGER, Martin, Ser y Tiempo, FCE, 1993, párrafo 7 («La ontología sólo es posible como fenomenología», pero Heidegger reivindica en mayor medida a los griegos que Husserl).
(6) HEIDEGGER, Martin, Questions IV, «Tiempo y ser», Gallimard: «sin miramiento por la metafísica», ni siquiera «intención de superarla».
(7) «La Pasión considerada como una carrera en cuesta», La chandelle verte, (Pléiade II, págs. 420-422) (La Candela Verde, Felmar, 1977).
(8) La construction “pratique”, que expone el conjunto de la teoría del tiempo de Jarry: se trata de un texto oscuro y muy hermoso, que debe relacionarse tanto con Bergson como con Heidegger.
(9) Thomas De Quincey (Manchester, Reino Unido, 1785-Edimburgo, 1859) Escritor, ensayista y crítico británico. Poseedor de un humor cáustico, importante gracias sobre todo a su corrosiva obra Del asesinato considerado como una de las bellas artes (1829).
Escrito con ocasión del simposio sobre Pataphysica celebrado en la Facultad de Bellas Artes de Madrid en octubre de 2004 (29 de haha de 8479). Simposio que recogió la participación de la Sociedad de Neopataphysica de Madrid, eme=M, arte ácaro (Mad/Gi/Bs. aires), el Otro Ilustre Colegio de Pataphysica (Uburriana y Valencia), Ecrevisse (Zaragoza), Pepitas de Calabaza (La Rioja) y Oscar Dedos Agujereados (Palencia). El Simposio logró reunir afracciones importantes que se relacionan a la pataphysica, colectivos que aún sin aclamar la oficialidad de su dedicación ni su exclusividad no dejan de tener relevancia imaginaria.
Adolfo Vásquez Rocca
Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Profesor del Antropología Filosófica en la Escuela de Medicina UNAB, del Magister en Etnopsicología y de Postgrado en Filosofía PUCV. Editor de la Revista Observaciones Filosóficas http://observaciones.sitesled.com/ y la Revista de Antropología Médica.
Anotado por: Adolfo Vásquez Rocca | 30/12/05
ALFRED JARRY: PATAFÍSICA, VIRTUALIDAD Y HETERODOXIA
Dr. Adolfo Vásquez Rocca
Ver Artículo relacionado
En http://www.zonamoebius.com/02.nudos-y-senales/avr_1004_jarry.htm
ALFRED JARRY: PATAFÍSICA, VIRTUALIDAD Y HETERODOXIA
El Collége de Pataphysique y la ciencia de las soluciones imaginarias
Adolfo Vásquez Rocca
1.- Alfred Jarry precursor del Dadaísmo
Alfred Jarry precursor del Dadaísmo, del Surrealismo y del Absurdo, recién llegado a París desde Laval, la ciudad que lo viera nacer el 8 de septiembre 1873, se convirtió en un habitué de los cenáculos frecuentados por los poetas simbolistas.
Alumno de Henri Bergson en la Sorbona, el aún incipiente dramaturgo era ya un hombre extremadamente cultivado, cuyos versos y artículos eran ya colaboraciones habituales en la 'Revue Blanche’, llegando el mismo a ser el fundador de 'L’imagier'. Consigue el aplauso del gran París en 1896 con Ubu rey, comedia satírica en la que se entremezclan referencias a Macbeth con los excesos de un monarca tan tirano con nobles y plebeyos como cobarde en la guerra.
Contra todo pronóstico, el éxito que conoce Ubu rey en el París del final de la belle époque es tal que Jarry escribe una segunda parte con el título de Ubu encadenado (1900). La gloria literaria corre a la par de la autodestrucción a la que el dramaturgo parece condenado irremediablemente. Alternando realidad y ficción en sus delirios de borracho, escribe El amor absoluto (1899), Mesalina (1901) y la curiosa novela El supermacho, definida en su edición española como "una muestra de los juegos a los que la teoría y la práctica del amor pueden entregarse teniendo por rival a las máquinas, a la velocidad, a todas las fantasías de los avances científicos de comienzos del siglo XX". Para la crítica, tan singular obra vino a ser un curioso ejemplo de "futurismo grotesco".
El teatro del siglo XX comienza a avizorar sus nuevas posibilidades –anticipando a Beckett– en la noche del 10 de diciembre de 1896 con el estreno de Ubu rey, Jarry no sólo renovó la escritura dramática, sino también los conceptos de la puesta en escena, pasando por el vestuario, el maquillaje, y –fundamentalmente– la actitud del actor.
Alfred Jarry, de quien André Bretón diría años más tarde que “aniquiló como principio la diferencia entre arte y vida”, montaba en bicicleta y pescaba, era diestro en el uso de la espada y llevaba casi siempre dos pistolas descargadas con las que disparaba simbólicamente contra todo pseudo-artista o impostor intelectual que se cruzaba en su camino. Pese a todo, fue fulminado a quemarropa por sus propias pulsiones autodestructivas. Jarry muere alcoholizado en 1907, no llegando a ver la publicación de Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico. A raíz de su lectura, sus muchos admiradores querrán poner en marcha una ciencia llamada "patafísica", dedicada al estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones.
2.- El Collége de Pataphysique
Alfred Jarry inventa así la Patafísica, “ciencia de las soluciones imaginarias que otorga simbólicamente a las delineaciones de los cuerpos las propiedades de los objetos descritas por su virtualidad”, en su obra Gestos y opiniones del Dr. Faustroll, patafísico (1)
A partir de esta obra fundacional el colegio de Patafísica se define como una "sociedad docta e inútil dedicada al estudio de las soluciones imaginarias".
a Patafísica sobrevivió a Jarry, creándose el 11 de mayo de 1948 como contrapunto irónico al prestigioso Collége de France, el Collége de Pataphysique. Este Collége ha contado con ilustres socios, entre los que se cuentan Raymond Queneau, Jacques Prévert, Max Ernst, Eugene Ionesco, Joan Miró, Boris Vian, Marcel Duchamp, Jean Dubuffet, René Clair, entre otros. Aquí Boris Vian, Jacques Prévert y su gata Labyronette acogieron las fiestas mayores del Colegio y más precisamente todas las que celebraban al Barón Mollet.
El Colegio de Patafísica decretó un periodo de ocultación, pero según parece el 20 de Abril del 2000 celebraron la Desocultación. Anunciaban una exposición de "Agujeros, Nadas y Espejismos" pero al parecer nadie la encontró.
3.- La Patafísica como ciencia de las soluciones imaginarias
La Patafísica es la ciencia que se añade a la Metafísica, bien sea en sí misma, bien sea fuera de sí misma, y se extiende más allá de esta, tan lejos como esta se encuentra de la física. Un epifenómeno es lo que se añade a un fenómeno. Al ser con frecuencia el epifenómeno un accidente, la Patafísica será sobre todo la ciencia de lo particular, por más que se afirme que sólo hay una ciencia de lo general.
La Patafísica estudia las leyes que rigen las excepciones y explica el universo complementario o, menos ambiciosamente, describe el universo que podemos ver y que tal vez debemos ver en lugar del tradicional. Las leyes del universo tradicional que creímos descubrir, al ser también correlaciones de excepción, aunque más frecuentes, en todo caso de hechos accidentales, que se reducen a excepciones poco excepcionales, no tienen siquiera el atractivo de la singularidad.
La idea central de la Patafísica es la consideración de las leyes generales de la física como un conjunto de excepciones no excepcionales, y, en consecuencia, sin ningún interés. En suma, la regla es una excepción a la excepción. Este es el centro de la “dialéctica” patafísica. Y sólo la excepción es lo que hace avanzar a la ciencia. Para ello baste con recordar los principios de Fleming, de Pasteur o de cualquiera de esos ilustres científicos para constatar que todo verdadero descubrimiento acontece por azar. En este punto es imposible no notar las similitudes con lo que 30 años más tarde Popper (2) enunciaría como el Principio de falsación o de refutabilidad.
4.- Deleuze: Jarry como antecedente de Heidegger
Ahora bien, es Deleuze quien ubica a Jarry como un antecedente temprano y fundamental, un precursor desconocido, de Heidegger. La Patafísica (epi meta ta phusika), según señala Deleuze (3), tiene precisa y explícitamente como objeto el gran giro, la superación de la metafísica, la vuelta atrás más allá o más acá, “la ciencia de lo que se sobreañade a la metafísica, sea en sí misma, sea fuera de ella, extendiéndose tanto más lejos de ésta como ésta de la física”. (4) Hasta el punto de que cabe considerar la obra de Heidegger como un desarrollo de la patafísica conforme a los principios de Sófrates el armenio, y de su primer discípulo, Alfred Jarry. Las grandes similitudes, memoriales o historiales, conciernen al ser del fenómeno, la técnica y el tratamiento de la lengua.
En primer lugar, la patafísica como superación de la metafísica es inseparable de una fenomenología, es decir de un nuevo significado y de una nueva comprensión del fenómeno. Se trata de una similitud alucinante entre ambos autores. El fenómeno ya no puede ser definido como una apariencia; pero tampoco se definirá, como en la fenomenología de Husserl, como una aparición. La aparición remite a una conciencia a la que se le aparece, y asimismo puede existir bajo una forma distinta de aquella que hace aparecer. El fenómeno por el contrario es lo que se muestra a sí mismo en sí mismo. (5)
El ‘siendo’ puede incluso parecer una degradación del ser, y la vida, del pensamiento, pero, más aún, se dirá que “el siendo” corta el paso al ser, lo mata y lo destruye, o que la vida mata al pensamiento. La metafísica cabe toda ella en el retraimiento del ser o el olvido, porque confunde el ser con el siendo. La técnica como dominio efectivo del siendo es la heredera de la metafísica: la termina, la realiza. La acción y la vida han matado el pensamiento.
Diríase, en ambos autores, que la técnica es la sede de un combate en el que ya se pierde el ser en el olvido, en el retraimiento, o se produce lo contrario y se muestra y se devela. No basta en efecto con oponer el ser y su olvido, el ser y su retraimiento, puesto que lo que define la pérdida del ser es más bien el olvido del olvido, el retraimiento del retraimiento, mientras que el retraimiento y el olvido constituyen el modo en que se muestra o puede mostrarse. La esencia de la técnica no es técnica, y “encierra la posibilidad de que lo que salva surja en nuestro horizonte”. (6)
En Jarry, cabe precisar, esta apertura de lo posible también tiene necesidad de la ciencia tecnicizada. Y si Heidegger define la técnica por la ascensión de un “fondo” que borra el objeto en beneficio de una posibilidad de ser, Jarry por su cuenta considera la ciencia y la técnica como la revelación de unos trazados que corresponden a las potencialidades o virtualidades de un objeto: la bicicleta, por ejemplo, constituye precisamente un excelente modelo, en tanto que constituido por “vástagos rígidos articulados y volantes impulsados por un rápido movimiento de rotación”. (7) En este sentido la patafísica comporta ya una gran teoría de las máquinas, y supera las virtualidades del siendo hacia la posibilidad de ser.
La ciencia en efecto trata el tiempo como variable independiente: por eso las máquinas son esencialmente máquinas de explorar el tiempo, “tempo-móviles” más que locomóviles. La ciencia bajo ese carácter técnico hace primero posible un vuelco patafísico del tiempo.
Jarry tal vez recuerde a su profesor Bergson cuando recupera el tema de la Duración, a la que define primero por una inmovilidad en la sucesión temporal (conservación del pasado), luego como una exploración del futuro o una apertura del porvenir: “La Duración es la transformación de una sucesión en reversión, es decir: el devenir de una memoria.” Se trata de una profunda reconciliación de la Máquina y la Duración. (8)
En ese paso de la ciencia al arte, en esa reversión de la ciencia en arte, Heidegger recupera tal vez un problema familiar de finales del siglo XIX, idea que ya encontramos en Jarry, particularmente en su tesis sobre la anarquía: en el hacer-desaparecer, en la consideración estética del crimen, al modo como es propuesto por De Quincey (9) a quien Jarry admira profundamente.
Notas:
(1) "Gestes et Opinions Du Docteur Faustroll, Pataphysique", acabado en 1898 y publicado 4 años después de la muerte de Alfred Jarry, en 1911.
(2) POPPER, Karl, La lógica de la Investigación Científica, Ed. Tecnos, Madrid, 1982. La tesis central de Karl Popper es el refutacionismo, una postura mediante la cual este pensador busca establecer una demarcación entre lo que es ciencia y lo que no lo es: son científicos aquellos enunciados que pueden ser refutados. Contraponiendo al intento de confirmar las propias teorías el intento de refutarlas, deduce su teoría: que lo que define el carácter científico de una teoría es su contrastabilidad, y lo que define a ésta es la refutabilidad, y que una teoría es científica y significativa sólo si es en principio incompatible con algunos fenómenos observables. La falsabilidad de una hipótesis implica más que un cambio terminológico frente a la verificabilidad inductivista: implica que toda conjetura se mantiene siempre en conjetura, aunque esté corroborada, pues no puede ser necesariamente falsada ni necesariamente corroborada. La fundamentación de la refutabilidad como criterio lleva al desarrollo de una nueva concepción de ciencia y de teoría científica.
(3) DELEUZE, Gilles, Crítica y clínica, Traducido por Thomas Kauf, Editorial Anagrama, Barcelona, 1996, pp. 128-139. Título original: «Critique et clinique», Les Éditions de Minuit, París, 1993
(4) JARRY, Alfred, Faustroll, II, 8, Pléiade II, pág. 668 (Hechos y dichos del Dr. Faustroll. Patafísico, Mandrágora, 1975).
(5) HEIDEGGER, Martin, Ser y Tiempo, FCE, 1993, párrafo 7 («La ontología sólo es posible como fenomenología», pero Heidegger reivindica en mayor medida a los griegos que Husserl).
(6) HEIDEGGER, Martin, Questions IV, «Tiempo y ser», Gallimard: «sin miramiento por la metafísica», ni siquiera «intención de superarla».
(7) «La Pasión considerada como una carrera en cuesta», La chandelle verte, (Pléiade II, págs. 420-422) (La Candela Verde, Felmar, 1977).
(8) La construction “pratique”, que expone el conjunto de la teoría del tiempo de Jarry: se trata de un texto oscuro y muy hermoso, que debe relacionarse tanto con Bergson como con Heidegger.
(9) Thomas De Quincey (Manchester, Reino Unido, 1785-Edimburgo, 1859) Escritor, ensayista y crítico británico. Poseedor de un humor cáustico, importante gracias sobre todo a su corrosiva obra Del asesinato considerado como una de las bellas artes (1829).
Escrito con ocasión del simposio sobre Pataphysica celebrado en la Facultad de Bellas Artes de Madrid en octubre de 2004 (29 de haha de 8479). Simposio que recogió la participación de la Sociedad de Neopataphysica de Madrid, eme=M, arte ácaro (Mad/Gi/Bs. aires), el Otro Ilustre Colegio de Pataphysica (Uburriana y Valencia), Ecrevisse (Zaragoza), Pepitas de Calabaza (La Rioja) y Oscar Dedos Agujereados (Palencia). El Simposio logró reunir afracciones importantes que se relacionan a la pataphysica, colectivos que aún sin aclamar la oficialidad de su dedicación ni su exclusividad no dejan de tener relevancia imaginaria.
Adolfo Vásquez Rocca
Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Profesor del Antropología Filosófica en la Escuela de Medicina UNAB, del Magister en Etnopsicología y de Postgrado en Filosofía PUCV. Editor de la Revista Observaciones Filosóficas http://observaciones.sitesled.com/ y la Revista de Antropología Médica.
Anotado por: Adolfo Vásquez Rocca | 30/12/05
Que el Dr. Adolfo Vásquez Rocca emita en este espacio su comentario me causó una gratísima sorpresa, sobre todo porque desde hace tiempo vengo leyendo con profundo interés cada uno de sus ensayos, de los que distingo la profundidad de sus análisis, las lúcidas reflexiones y las sutiles articulaciones entre estética, lenguaje, epistemología y otros campos del saber. Mi profundo agradecimiento por sus aportes. Sin dudas, un invalorable obsequio de fin de año. Saludos.
Anotado por: Anónima | 30/12/05
Estimada Amiga Anónima
Agradezco tus elogiosos comentarios y reitero mis felicitaciones por la calidad -del contenido, diseño y concepto de este excelente Blogs.
Me agradaría mucho establecer un Link entre el Blogs y la Revista Observaciones Filosóficas [http://observaciones.sitesled.com] que Edito junto a un Consejo Editorial Internacional que incluye Universidades Españolas, Argentinas, Suecas, Méxicanas, Alemanas y, por cierto, chilenas como la Universidad Católica de Valparaíso donde soy Profesor de Postgrado en Filosofía y Psicología. Espero me autorices a incorporate a los sitios asociados: Ver otros Links http://observaciones.sitesled.com/links.htm
Creo que las secciones que de mayor interés para los lectores de tu 'postmoderno' sitio de Arte, Literatura y Psicoanálisis - pueden ser http://observaciones.sitesled.com/estetica.htm
http://observaciones.sitesled.com/literatura.htm
http://observaciones.sitesled.com/antropologia.htm
Mis mejores deseos de paz y prosperidad para el nuevo año -2006- ad portas, tanto para el Blogs, tus proyectos y en lo personal
cordialmente y afectuosamente
Adolfo Vásquez Rocca
Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y la Universidad Complutense de Madrid, Dpto. de Filosofía IV, con especialidad en Pensamiento Contemporáneo y Estética
Anotado por: Adolfo Vásquez Rocca | 30/12/05
Los comentarios son cerrados